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martes, 7 de febrero de 2012

Carta abierta a un joven amigo

Advertencia.

Esta carta, a pesar de su título, no va dirigida a ningún joven. Va dirigida a un amigo, que es joven, sí; pero que es joven del mismo modo que tiene el pelo castaño o usa unos jeans un poco largos. El desarrollo de esta advertencia la encontrareis en el texto.



Mi querido joven amigo;

Empezaré aclarándote que más vale que no te hagas ilusiones. El hecho de que te escriba esta carta no supone ni por asomo que me sienta obligado a darte ningún tipo de explicaciones por el “mero hecho” de que seas joven.

Estoy dispuesto a entender que puedas creer todavía que el mundo empezó justo el día que tú naciste. No lo digo porque yo sea especialmente generoso y compresivo, no. Lo digo simplemente porque también yo, aunque parezca mentira, tuve tu edad y un nivel de estúpida credulidad semejante de la que tú gozas por el momento.

Tardé bastante tiempo en identificar una irritante sensación que sentía a menudo, cuando tenía tu edad. Era la causada por el insufrible paternalismo de los “mayores”. Nunca creí que les cayera realmente simpático ni me considerasen realmente inteligente ni brillante, siempre que a alguno de ellos se le ocurría decirlo, con ese aire inconfundible de haber encontrado una perla en un lugar donde normalmente solo hay almejas.

Pero también tardé lo mío en llegar a la conclusión que hoy te voy a exponer. Es decir, aquella que declara “abolida” la clásica y sempiterna clasificación de los humanos por edades. Te voy a hacer una revelación. ¡Un auténtico scoop! Solo hay dos clase de personas: “los niños y los demás”.

Y la diferencia que justifica esta radical discriminación es la siguiente.

Los niños no paran de hacer preguntas. Esto me dio la pista. Hacen preguntas porque no temen a las respuestas. No creen que ninguna de ellas pueda perjudicarles. Pero, eso sí, los niños nunca hacen preguntas sobre ellos mismos. Siempre se interesan por lo “otro” o por los “otros”.

Y llegué a la conclusión de que ambas cosas debían estar relacionadas.

¿Cuándo se deja de ser niño? Cuando te empiezas a preguntar sobre tí mismo. Y, ahí empieza el problema. Tu identidad. Lo que tú eres. Un espacio peligroso. Un campo minado. Minado porque te han colgado de la chepa un catálogo de expectativas, que se repiten en una fatal tautología cada vez que ves una publicidad de un perfume en una parada de autobús, y que te parecen totalmente fuera de tu alcance desde el minuto uno del partido.

Crees que descubrir una triste “realidad”, al indagar sobre ti y tus capacidades, haría que desapareciesen de golpe todas tus pobres aspiraciones. Lo mejor entonces es refugiarse en el grupo y hacerse el menor número posible de preguntas. Y claro, como esto está previsto, siempre aparece alguien que te pasa la lista de aquellas que son “pertinentes”. Es lo que suele llamarse “educación”, y te la dan tus papás o bien estos encargan la tarea a un especialista. A un profesional. A un “educador”. Con el “folleto de instrucciones” de la vida en la mano, que vas constituyendo bajo su atenta mirada, ya nunca más sentirás la necesidad de indagar sobre nada incomodo.

Nada te inquieta mientras eres “joven”. ¡Nada menos que joven…! Una envidiable, y envidiada, situación que además tiene la enorme ventaja de que ¡no hay que currársela! ¡te la dan gratis!
Pero… ¿cuánto tiempo dura esa ilusión de haber llegado a algún sitio definitivo, por el mero hecho de “ser” joven? Algo que representa el valor supremo perseguido con angustia por todo cristo, y sobre todo por quienes ni lo son, ni nunca lo fueron.

Te confesaré que el día que decidí dar definiciones a esto y a otro montón de cosas, para ordenar un poco mi pensamiento y hacerlo mínimamente operativo, una de las que me pareció más urgente dejar lista para usar fue la de “viejo”. Y lo único que se me ocurrió, es que un viejo es solo alguien que “ya” no se hace preguntas. Aunque tenga veinte años. Y eso en el mejor de los casos. Es decir, suponiendo que alguna vez se hubiera hecho alguna, lo que a lo mejor es mucho suponer.

Cuando también se me pasó la angustia de clasificar las cosas definiéndolas, llegué a otra sabia conclusión, que no he sentido la necesidad de modificar hasta el momento. Se trata de que en esto de la edad, como en casi todo, se debe buscar la “esencialidad”. Es decir la parte menos divisible del “todo”. Y si es la indivisible ni te cuento.

“No existe la juventud”. Es simplemente una de esas convenciones que han sido útiles mientras los humanos necesitábamos clasificar las cosas por su envoltorio. Como en las grandes superficies.

En realidad, es mucho más practico, y por lo tanto más cierto (lo práctico ahorra tiempo y el tiempo es lo único que no se puede ni adquirir, ni reproducir) apreciar en los seres humanos aquello que los caracteriza “esencialmente” (vas a hartarte de leer este término en esta carta). O sea su capacidad de pensar.

Y, claro no se piensa con el acné, ni con los pantalones pitillo. Que son dos cosas que añoran los que creen que no fueron lo suficientemente jóvenes a su debido tiempo, y puede que tengan algo de razón, aunque no se lo digan ni a su psicoanalista. Se piensa con el cerebro que es una cosa que suele estar dentro de la cabeza, aunque se han registrado casos en los que se situaba por debajo del ombligo.

Y claro pensar es preguntarse. Y contestarse. Pero no “convencerse”. Porque cuando te convencen (que es cuando te dejas convencer), o la angustia no te deja otra opción que la de creer en algo, lo que haces en realidad es dejar de preguntar. Porque una vez “convencido”, the game is over.

La verdaderas respuestas no convencen; te inducen otra irresistible pregunta. Te estimulan a hacer lo único en lo que consiste vivir, que es preguntar. El “miedo” a una respuesta que pueda no gustarte te lleva de la mano a no pensar. O sea a no vivir. O sea a ser viejo. O sea a morir.

Y ¡ojo! el día que te mueras conviene que estés vivo. Es decir, preguntando.

Pero, volviendo a lo nuestro. Como te decía, los jóvenes “no existen”. Pero consuélate, los viejos tampoco.

Ni se te ocurra creer que esto que te estoy diciendo es verdad porque lo dice un “viejo”. ¡Nah! Lo bueno, lo que mola de la vida, es que esto mismo también podría decírtelo un joven; o un maduro; o un adulto, que es algo que sigo sin saber muy bien lo que puede ser, pero que suena a algo así como aquello de lo que ya no se espera nada que merezca la pena.

Tal vez el problema consista en la permanencia de ciertas tradiciones que atribuían a los ancianos la autoridad de la experiencia. Y se lo atribuían con razón, ya que, si bien no puedes bañarte dos veces en el mismo río, alguna orientación si se puede sacar de la experiencia ajena. Lo malo es que hoy esas tradiciones ruedan con el depósito vacío. Vacío del prestigio de saber y de aprender, que era su esencia. Del gozo de la curiosidad.

Y quienes les vaciaron el depósito fueron aquellos impacientes que no eran viejos y querían mandar sin esperar a serlo, y para conseguirlo sacaron a la venta una gran promoción: “lo inmediato”. Y lo inmediato, lo es precisamente por que no dura. Pero, claro, si no dura no proporciona poder. De modo que para que fuera inmediato y “además” durase inventaron los “tópicos”.

Las verdades cuadradas. Pétreas. Infalibles. Garantizadas. Comprimidas. Liofilizadas y deshidratadas. Aquellas que no exigen ni un mínimo esfuerzo para ser digeridas, y las llevas para siempre grabadas en la chepa como un tatoo. Es el fast-food del pensamiento. Pero eso sí, oye, de marca ¿eh?

El éxito fue fulgurante en su día, hace de eso muchos años. Fíjate bien, todavía los partidos políticos (esas marcas multicolores) viven vendiendo esa mercancía averiada.

Y tú, que todavía no probaste esa droga maravillosa y barata que es preguntarte todo sin parar, alquilas tu azotea abierta, llena de luz y de horizonte, para que las marcas de colorines amontonen en ella sus míseros cachivaches obsoletos y peligrosos y, sobre todo, para que no dejen ni una migaja de sitio libre en el que pudiera colarse algo peligroso. Algo realmente tuyo…

Y la has alquilado ¿a cambio de qué? ¿A cambio de sentirte “alguien” gratis y enseguida?

¿Alguien? Sí claro…pero eso es porque no conoces aun el verdadero placer, que no consiste en “ser” alguien, sino en “hacerse” alguien. Que no consiste en “llegar”… sino en “ir”. Porque todavía no has echado a caminar por ti solo. Porque sigues caminos balizados.

Un camino siempre es la historia de otro. Créeme; ya va siendo hora de que muevas el culo y abras tu propia senda.

Te contaron que todo es fácil de entender, y tú te lo creíste. Te dijeron que se sabe muy bien quienes son los malos, y tú te lo creíste. Te dijeron que los buenos son buenos porque sufren, y tú te lo creíste. Te dijeron que los malos siempre fueron malos y siempre serán malos y tú te lo creíste.

Y ya está. Así de sencillo.

Y no te preguntaste porqué no se lo cree todo el mundo, si todo es tan sencillo y tan claro. Y no te preguntaste cómo pueden ser tan malos los malos, si cuando los conoces te parecen normales. Y no te preguntaste porqué los buenos no consiguen nunca dejar de sufrir. Ni si dejarían de ser buenos si los malos dejasen de hacerles daño.

Y no te lo preguntaste porque tú ya tienes una respuesta. Los malos son tan malos porque “engañan, disimulan y no pueden vivir sin hacer daño a los buenos”. Porque ellos “son” así.

Ten cuidado. Porque tú, que nunca te preguntas nada ya que todo es tan evidente, puede ser que llegue un día en que te preguntes por fin algo. Y te preguntes si no quedará más remedio que aniquilar definitivamente a los malos, como se aniquila a un virus, ya que siempre lo fueron y siempre lo serán.

Ya que tal vez eso se deba a que padecen un mal constitutivo; congénito y tal vez…

¿“genético”?

Tu amigo que te quiere.

lunes, 30 de enero de 2012

A pesar de todo

A pesar de que no estamos muy lejos de un conflicto en Oriente Medio cuyas consecuencias nos resultan tan incalculables que nos remiten, a quienes tuvimos el dudoso privilegio histórico de vivir la Guerra Fría, a otras angustias de otros tiempos. Conflicto que, se desarrolle como se desarrolle, está descontado que formará una de las partes esenciales del cambio de era que estamos presenciando, y que no resultará gratis ni en términos de vidas humanas, ni en términos geopolíticos, ni en términos económicos, ni , lo que es aún peor, en términos de civilización. O sea de civilización occidental. Que es la única que existe. Y…

A pesar de que el colapso del estado de bienestar está siendo camuflado con obstinación debajo de la hojarasca de múltiples y variados eufemismos, en un patético intento de dribling a la realidad que, una vez más, no caerá en la finta voluntarista de los sempiternos ganadores de tiempo. Colapso que, a pesar de lo previsible que era tras la caída del paraíso comunista, no ha sido aun objeto del análisis lúcido y honesto indispensable y al que los políticos de hoy tratan inútilmente de desfibrilar, con el paciente ya fallecido.

El llamado estado del bienestar no es sino el postrer éxito, la victoria pírrica del pensamiento de izquierda sobre el capitalismo. Pírrica sí, pero envenenada. Porque no se trata de unos simples daños de combate valorables y reparables tras la victoria. Es un torpedo bajo la línea de flotación que puede acabar afectando a la santabárbara de la sociedad abierta.

El mito anti-ilustrado de la izquierda consiguió introducir en la siempre titubeante propuesta liberal un germen en forma de falacias canónicas, del estilo del de la “justicia social”, que fueron metabolizadas con una cierta facilidad (aprovechando probablemente lo que ahora se conoce como el efecto “rebote”, debido al entonces reciente abandono de la fé religiosa), y que corrompieron definitivamente su lenguaje.

Ese germen ha contaminado la idea liberal hasta deformarla gravemente en la practica política. Y esa deformación, en forma de dudas morales inducidas, favoreció la aparición del concepto mítico de un estado autoritariamente paternalista que ha obstaculizado su desarrollo y ha motivando la adopción de algunos experimentos sociopolíticos, como la mencionada sociedad del bienestar, de una rigidez a todas luces extraña y perniciosa para la idea primitiva del hombre libre y responsable. No es extraño que el primer estado que adoptó el embrión de la sociedad del bienestar fuera ese paradigma de sociedad progresista que fue el recién fundado estado alemán de Bismark.

No es fácil llegar a creer que ese germen formaba parte de una estrategia deliberada de la izquierda sin caer un estéril ejercicio de complotismo patológico. Da lo mismo. Fue el resultado de una dialéctica de enfrentamiento, y se inscribe dentro de su retórica de éxitos y fracasos tácticos. Pero, siguiendo con lo nuestro…

A pesar de que la desaparición de un personaje como Manuel Fraga, que protagonizó y simboliza por sí solo -tal vez mejor que cualquier otro dato- todo ese conjunto de disonancias históricas que conocemos como franquismo ¿debería haber sido aprovechada para iniciar por fin una reflexión profunda, siempre pendiente, sobre nuestra realidad? pues no.

Como el inimitable Manuel Alcántara nos indicaba en uno de sus magistrales apotegmas, “no hay más pompas que las fúnebres”. Y así ha sido una vez más. El discurso póstumo sobre D. Manuel, con algunos cambios en los adjetivos, y tal vez sin esa cierta prudencia aconsejable por eso de temerlo hasta que la tierra le cierre el paso, podría ser dedicado a un buen número de viajeros en el tiempo.

Yo por mi parte, y con toda humildad, debo decir que conocí personalmente al finado Iribarne (lo nombro así porque me suena agradablemente a milonga de velorio porteño), y guardo un recuerdo bastante interesante de aquella entrevista.

Escribí entonces, en un texto que acompañaba a uno de los dibujos que le hice, que me resultaba bastante incongruente la admiración que D. Manuel expresaba repetidamente por “el pueblo español”, que todos nosotros podemos identificar cariñosamente como más bien proclive a la siesta, la feria y la chapuza, con toda su apabullante biografía, y el propio personaje que yo percibía en aquel momento. O sea una especie de fuerza de la naturaleza nada espontánea, sino más bien creada y puesta en marcha por la férrea voluntad de un infatigable personaje desbordante de energía y sentido de la eficacia. Y además…

A pesar de que países como Francia preparen unas elecciones en las que un Partido Socialista que deambula torpemente convertido en un zombie desde la desaparición de su enterrador, François Miterrand, no tenga mejor propuesta que extraer de su desolada despensa ideológica que una fotocopia desvaída del zapaterismo –el colmo de la tautología-, al mismo tiempo que el espectro de J.M. Le Pen personificado en su hija Marina se dibuja en el horizonte, acompañado por la legión de comunistas que ha cruzado la calle política sin despeinársele un pelo.

(Sombra amenazadora por cierto, la de la tal Marina, que no ha tenido empacho alguno en acudir a bailar un vals en la anual fiesta/aquelarre vienesa del partido parafascista austriaco del fallecido Jorg Haider, justo el día del homenaje mundial a las víctimas de la Shoah –fatal casualidad- Aunque seguramente no tendrá mayor inconveniente en integrarlo en la pretendida campaña de lavado de cara del Front National que emprendió desde que se hizo cargo de sus obligaciones dinásticas.) Y, finalmente…

A pesar de que el “indignador de primaveras” Stéphan Hessel, acaba de incrementar el asombroso éxito editorial (a una escala propia de un limpiacristales de gran superficie) de ese no-libro carente de la menor consistencia intelectual y huérfano de una sola idea, consiguiendo con su traducción al mandarín contemplar expectativas de venta colosales en el Imperio Rojo de China. Desde la invención de la imprenta no creo que se haya producido ningún hecho editorial en el que se relacione una cifra de difusión tan vertiginosa con un contenido tan fraudulento.

Pero no acaban aquí las aventuras de este Tintin con dentadura postiza. La verdad es que pregunto si no fumará alguna de esas sustancias que no puedes pasar por las fronteras... El indigno viejo indignado ha tenido la ocurrencia de declarar hablando de Hamas: “.. sirve para algo lanzar cohetes… la respuesta es no… pero se puede explicar ese gesto… en ese momento se puede comprender que el terrorismo es una forma de exasperación”.

Así, lleno de entusiasmo juvenil, lo sostenía tras la visita de cortesía que le hizo a Ismail Haniyeh, siniestro personaje, fiel seguidor de las “doctrinas” del tío Adolf y de sus ingeniosas soluciones finales. Jefe electo de una banda de asesinos de niños y terroristas de autobús escolar y discoteca, conocida por Hamas, que ha prometido solemnemente estos tiempos atrás la destrucción suplementaria de otros seis millones de judíos.

Este espécimen humano que es Hessel, representa la comprobación empírica de la falacia de la pseudociencia racista. Este ejemplar de homínido es de origen judío. Y es que, como siempre he sostenido, la proporción de hijos de p...es exactamente la misma en cualquier colectivo religioso, nacional, social, civil o militar, y no tiene ninguna relación ni con el color de la piel ni con la talla de calzoncillos.

Por otra parte,¿os imagináis a Santi Potros escuchando al abuelete desmelenado este? Seguro que deja la bufanda de granito en el armario y sale a prepararle un txangurro de cuatro kilos, unas kokotxas y una caja de txacolí.

Bueno, pues a pesar de todo lo anterior, nuestros medios de difusión parecen haberse propuesto continuar únicamente con la tabarra de esa interminable campaña electoral que lleva meses dándonos el coñazo, y que se empalma (¡huy perdón!) indefinidamente con otros eventos de tan extraordinario interés, como las recientes declaraciones de los progres comprometidos con esa trifulca socialista de la disputa por el cadáver, y que sostiene la divertida afirmación de que los antiguos gangsters que se ocupaban de las ruletas cubanas en los ’50, están desembarcando en la isla corrompida de Madrid.

¿Os imagináis a Frank Nitti, Jo’ Collossimo, “Bugsy”Siegel, Frank Costello, “Lukcy” Luciano y compañía dejándose la pasta en la mesa de trilero de Esperanza Aguirre mientras ella mueve hábilmente las cáscaras de nuez con la bolita de papel de plata? Para partirse la panza… si no fuera porque en este miserable mundo siempre habrá un tipo de verde con bigotón o barba que nos mandará parar.

¡Se acabó la diversión, coño!

lunes, 16 de enero de 2012

Empezamos bien (el 2012).

Según la piadosa conferencia episcopal iraní, toda la movida nuclear que han emprendido desde hace unos años no respondería, a pesar de las apariencias, a la clásica perra nuclear que suelen coger los países horteras del tercer mundo, cuando se empeñan en alcanzar un nivel de desarrollo de Occidente yendo por los atajos. Véase Corea del Norte o Siria hace unos años, por no hablar de los delirios de macaco de Venezuela.

Se trataría, al parecer, de conseguir el status de potencia nuclear, con el único propósito de disponer de los medios adecuados “para el tratamiento hospitalario del cáncer”.

Conmovedor.

Y…¿qué demonios deberíamos saber nosotros, respecto de la tecnología nuclear, para hacernos una idea de la naturaleza y la dimensión de este conflicto, cuando en medios cercanos a él se está hablando ya de unas consecuencias militares cuya probabilidad de ser puestas en marcha está mucho más próxima en el tiempo de lo que el público en general se imagina, una vez que los barbudos clérigos han traspasado la primera de la dos líneas rojas definidas por el Secretario de Estado americano Léon Panetta?

Pues para empezar son los propios iraníes, a través del diario “Kayan” próximo a la junta teocrática, quienes han anunciado la puesta en marcha de una fábrica escondida debajo de una montaña, para protegerla de posibles ataques aéreos, y en la que los ayatollahs esperan incrementar la concentración de una parte de sus reservas de uranio, haciéndola pasar de un 3,5 % a un 20 %, para acabar llegando al 90% de pureza, que es el que se precisa para fabricar un arma atómica. Debemos tener en cuenta que la dificultad técnica mayor del enriquecimiento se sitúa en torno al 20%. El resto del proceso no presenta dificultades mayores, pudiendo ser culminado en un plazo de meses.

En realidad lo que acaban de hacer estos iluminados sacerdotes es anunciarnos el arranque de 3000 centrifugadoras bajo el monte Fodow, que aún en el supuesto de que trabajasen sin incidentes, nunca tendrían la capacidad alcanzar la cantidad de combustible necesario para un reactor nuclear civil, pero sí producirían la cantidad necesaria para fabricar bombas nucleares. Si a eso añadimos que la pureza necesaria del combustible destinado a fines terapéuticos no rebasa el 3,5 %, ya tenemos los datos necesarios para hacernos una idea de las intenciones de estos cándidos curitas.

Naturalmente, el que todos nosotros podamos estar al tanto de estos detalles debe conducirnos a considerar que las cosas ni suelen estar tan claras, en principio, cuando se trata de la posibilidad de encender una mecha en el polvorín de Oriente Medio, ni los protagonistas son un coro de hermanitas de la caridad.

¿Pueden estar los clérigos chiís soltando un globo sonda para medir el grado de determinación de los USA, y asimismo el nivel de controversia que podría surgir entre los aliados , o incluso con terceros como Rusia o China? Tal vez. Su astucia ya engañó a dos presidentes americanos que salieron con el trasero escocido.

También, y simultáneamente, podrían estar anunciando una etapa técnica conocida como “pasivación”, y que consiste en cebar las centrifugadoras con material nuclear para prepararlas para una posterior función de enriquecimiento. Operación que no encierra una prueba de falsedad en las intenciones, y que dejaría sin justificación un posible ataque preventivo. O sea la carnada en el anzuelo.

Pueden estar llevando a cabo un test de las intenciones de Panetta, cuando este afirma que: ”Si Irán emprende el desarrollo del arma nuclear los EEUU golpearan con fuerza”. Y refiriéndose en concreto al asunto del monte Fodow : “Si efectúan ese paso, serán frenados en seco”.

Khamenei, el presidente de la conferencia episcopal chií, está evidentemente jugando con fuego. Pero sabe que mientras esa operación no sea confirmada por los occidentales estos se contentarán con las presiones financieras y otras sanciones, antes de dejarles caer encima el fuego de Sodoma y Gomorrah.

La cuestión pues es saber si los gobiernos aliados saben actualmente con certeza que es lo que se está cocinando en el fondo de esa montaña. Yo, estoy convencido de que ya lo saben.

La cosa pinta mal. Pinta muy mal, si tenemos en cuenta la opinión de un antiguo patrón del Mossad, Danny Yatom, que tiene un carácter bastante templado y partidario de agotar todas las vías antes de echar mano del garrote, según quien le conoce, y a pesar de ello, parece ser de la opinión de que, en este caso, los dados ya se han lanzado.

Según este veterano espía, varios países están dando un tratamiento diverso a esta crisis. Desde aquellos que aplican sanciones, hasta los que lanzan operaciones clandestinas. Véase el atentado en el que pereció el científico Mostafa Ahmadí Roshan hace unos días. Todo ello le lleva a la conclusión de que no habrá otra opción para el mundo civilizado que el ataque preventivo.

En el caso de que no se tenga la certeza de que Irán ha traspasado la segunda línea roja, se pondrán en marcha otras sanciones como la de obligar a la práctica totalidad de las refinerías del mundo a rechazar el crudo iraní para su tratamiento. Esto obedece a la decisión adoptada por Washington el pasado 31 de diciembre en virtud de cuyo decreto se estipula que cualquier entidad que comercie con la banca central iraní será excluida del sistema financiero US. Teniendo en cuenta que ninguna refinería puede funcionar fuera de ese sistema esté donde esté, los iranís lo tienen claro.

Esta medida pondría término a un negocio de entre 450 000 y 600 000 barriles diarios entre Teherán y la Unión Europea, por ejemplo. Seguramente los eternos oportunistas y otros pescadores de aguas turbulentas estarán afilando sus cuchillos ante el suculento negocio que puede suponer comprarle el crudo a ese sujeto con cara de solitaria que es el tal Ahmadinejad, a un 50% de su valor de mercado, para revenderlo a su precio justo 24 horas después.

Solo China, le compra crudo por valor del 60% del PIB iraní, y lleva meses sin comprarle un barril a fin de apretarles el discount que los ayatolhas le conceden. Imaginaros la pasta que puede sacar el gigante asiático sobre los 600 000 barriles/día que suele comprarles; aun sabiendo que el chollo puede acabarse de forma abrupta de un día para otro.

Todo esto constituye un conjunto de datos que no tranquilizan mucho ¿verdad? Sobre todo si se les pone dentro de la ensaladera de la crisis actual. Pero tal vez nos sirva para enterarnos de una vez, aunque sea a las bravas, de que vivimos codeándonos con una panda de rufianes y macarras internacionales y de que a fuerza de convivir con ellos acabamos por acostumbrarnos a todo, y luego pasa lo que ya pasó más de una vez..

¿No aprenderemos nunca?

viernes, 23 de diciembre de 2011

¡Cuerpo a tierra! ¡Viene la derecha!

Siempre supe que nunca formaría parte de ningún colectivo, más allá del de los mamíferos omnívoros, con capacidad de pensar. O sea, lo que conocemos como la especie humana.
Y con los años no he hecho más que reafirmarme en esa convicción.

Cuando constato la disciplina inconsciente (que es la buena) de quienes en los guateques rechazan pertenecer a ninguna opción política “pero…”, reconozco la esencia misma de lo que para mí es la verdadera militancia. Bastante días antes de la toma de posesión del nuevo gobierno, de hecho desde que perdieron las elecciones, las fuerzas del progreso ya se saludaban con una frase más o menos común : “prepararos con lo que se nos viene encima”.

Toda una prodigiosa síntesis de lo que hoy y aquí constituye al actitud de quienes representan a la izquierda estética. Es decir, a la única izquierda sobreviviente de la ruina de 1989.

Para empezar, la expresión de su victimismo esencial. No hay una actitud mínimamente crítica hacia las causa de la derrota. Se espera el desastre con un espíritu fatalista, propio de los mártires vocacionales. Estos virtuosos de la derrota, encuentran en ella el alfa y el omega de su existencia social. Como todos los colectivos minoritarios, nacionalistas, gays, leninistas del último día, artistas en paro, etc. suelen tener en común muchas cosas, pero la que no falta nunca es una celebración que recuerda “la derrota fundacional”. Ya sea la del 1 de Abril de 1939 para los republicanos, la del 11 de septiembre de 1714 en Cataluña, la permanente persecución homófoba que resumen en el día de su orgullo los sarasas, el aplastamiento de los proletarios en el 1 de Mayo, el día de llanto palestino, y así hasta la extenuación.

¿Cómo diablos va a haber un colectivo de agredidos históricos que se precie, sin un día que señale el principio del sufrimiento sin fin que los certifica como víctimas?

Luego, ese alimento imprescindible de la paranoia que representa “la amenaza”. ¿La amenaza de qué?¿pues de qué va a ser? De la derecha, naturalmente. La gran confabulación de los poderosos que van a acabar con las míseras ventajas que los trabajadores habían conseguido arañar con su heroica lucha. La tal confabulación no debe ser tan poderosa cuando no ha sido capaz de acabar con los pobres proletarios en el curso de la historia, a pesar de que estos no han cesado un instante de advertirnos sobre la inminencia de la catástrofe.

También hay en la frase/consigna/eslogan, una conminación a extraer de nuevo de los zulos de la honestidad sin fallos de la izquierda, las armas habituales de la resistencia a la opresión. Pancartas con nuevos e ingeniosos eslóganes como lo fue en su día el “Nunca Mais”.

También alianzas estratégicas con aquellos indignados contra el anterior gobierno, a los que se les mostrará su error, proporcionándoles masa crítica y los recursos políticos necesarios para sacarlos de su amateurismo pueril. Luego vendrán las protestas contra los recortes de esos “derechos naturales” de los que ya he hablado otras veces suficientemente.

Y por último, las resistencias numantinas que plantearán los restos del naufragio de las infinitas “agencias nacionales de perjudicados” creadas por el camarada Z para pescar votos entre artistas en paro, malcasados y maltratados, sujetos de sexualidad exótica, nietos de represaliados, y otros simpáticos pícaros, cuyo desmantelamiento espero que constituirá uno de los primeros objetivos de ajuste económico del nuevo gobierno.

He encontrado en un link de uno de mis amigos progres esta perla, que no me resisto a pegar aquí, como ilustración a lo que viene más abajo. (Podéis pincharlo) se titula : Carta de una madre a Soraya Sáenz de Santamaría, y uno de sus impagables párrafos dice así, (ojo al estilo)

(…)“Te voy a explicar lo que significa que tú estés currando a una semana de dar a luz. Voy a explicarte muy clarito las implicaciones que tiene tu sentido absurdo de la responsabilidad y tus ganas de pegar el careto.
1.- Conseguir que las mujeres tuvieran derecho a un permiso de 16 semanas para cuidar de sus hijos, ha costado mucho trabajo y esfuerzo. Ha exigido concienciar a los empresarios y empleadores de lo necesario que era ese periodo de tiempo para cuidar al bebe. Son 16 semanas, sé que se pueden hacer largas por propia experiencia, pero tampoco son un periodo tan largo como para que no hubieran podido pasar sin ti en tu supercurro. Que tu aparezcas a la semana de dar a luz en el curro…lo que dice es “las 16 semanas son superfluas…se puede volver a currar en cualquier momento”. (…)

Y así todo. Forma y fondo.

Naturalmente de los individuos de los que yo hablo aquí, son gente de órbitas cercanas a mí, desde los tiempos en los que creía que los pájaros mamaban. Cultivo la ambigüedad de mí relación con ellos, sin molestarme lo más mínimo en deshacer un malentendido perfectamente entendible, cuya desactivación representaría un esfuerzo intolerable para mí incurable pereza. Es verdad que debería reflexionar un poco sobre la curiosidad antropológica, y sin duda un poco morbosa, que me suelen provocar sus solemnes declaraciones y lamentos, aunque reconozco que suelo dosificarlas convenientemente. No vaya a ser…

Pero todos son gente inteligente; creativa y capaz… También pertenecen a estratos sociales y culturales diversos, tanto de origen como de desarrollo personal. Constituirían un panel muy variado, si no fuera por la homogeneidad de su respuesta política. Tan extrañamente homogénea que me cuesta trabajo aventurar una hipótesis respecto de la naturaleza del nexo que la hace posible.

Debo reconocer que la conclusión a la que he llegado me resulta especialmente repugnante. Creo que el sentimiento que planea inexorablemente en la mente de estas personas y que condiciona y matiza las evidentes contradicciones que les debería enfrentar en teoría, es el odio.

El origen de esa pasión desmedida que es el odio, siempre es muy confuso. Seguramente obedecerá más a una desafortunada combinación de experiencias vitales adversas, que a una desgraciada única causa.

Pero en el contexto en el que estoy planteando hoy la cuestión, interviene otro factor aparentemente absurdo pero que no lo es tanto si pensamos en la escasa carga cultural que soportan habitualmente las generaciones educadas en el franquismo. Ese factor es el frecuente e insospechado carácter hereditario del odio político, o bien su vertiente histórica antagónica, la venganza del Edipo progre contra el Layo falangista.

Esa emoción ciega que es el odio, descoyunta de tal manera la estructura mental del sujeto afectado, que el debate con él queda invalidado ante la incapacidad de acordar unas premisas mínimas para la discusión. La capacidad discursiva de la que esas personas han hecho gala en la multitud de ocasiones en las que uno a debatido con ellas de temas diversos, se esfuma súbitamente en el momento de abrir el debate político.

Cuando se manifiesta esa fobia suele estar dirigida contra alguien concreto. El odio indeterminado es siempre la base, pero para experimentar sus efectos benéficos el odiador necesita una bronca más personal, más próxima; al fin y al cabo no se puede apuñalar a una idea.

Lo malo de todo esto no son, aunque lo sean, las pequeñas quiebras en el afecto que el tiempo no solo no cicatriza sino que agrava, sino más bien la sensación de estar en presencia real de una de las causas más frecuentemente aventuradas para explicar el histórico fracaso de la convivencia entre los españoles.

El odio es uno de los sentimientos más contumaces que afectan al ser humano. Parece un estado de espíritu irreversible. O no tiene marcha atrás o, en el caso hipotético de que se produjera una curación, el sujeto queda en una especie de estado catatónico, como si con el odio se hubiese desvanecido todo signo de vitalidad. El odio ocupa el centro de la vida, una vez que se instala. Se constituye en el objeto de vivir.

Así mismo, cuando esa manía patológica es comunitaria (¡el odio une mucho!) suele crear unas condiciones de realimentación muy eficaces, como sucede por otra parte con toda secta. A los rituales tradicionales, reuniones, tertulias, manis, guateques y otras complicidades, se han añadido ahora los trasmallos virtuales en los que la estimulación mutua y colectiva, mantiene con pleno vigor esa “saludable” fobia compartida.

Lo grande del caso es que ese deprimente colectivo está constituido por personas con una realidad socio-económica desahogada, muchas veces con origen en oportunidades y subvenciones proporcionadas a lo largo de su vida profesional por gobiernos situados en el “lado oscuro” del espectro, o sea “la derechona”, y para cuya obtención estos seres suelen disponer de una rara habilidad.

En fin, lo cierto es que no creo que a pesar de la frase que ha justificado toda esta tabarra, estos chicos vayan a sufrir tampoco esta vez grandes percances en su condición de burgueses acomodados.

Y eso si no ascienden; que esa es otra.

lunes, 12 de diciembre de 2011

¡Help! ¡Vuelve Robespierre!

He sostenido estos días un pequeño debate en facebook con un viejo amigo. ¿Tema? Pues como mi amigo suele estar muy al día, se trató de una de esas cosas que los españoles suelen cultivar con esmero y que consiste en una “querella histórica” sin resolver.

Es curioso como uno de los países civilizados más ignorantes de la historia en general y de la suya en particular (a la que suelen sustituir por un castizo anecdotario apócrifo, con citas inventadas) suele utilizar con una desmedida frecuencia y en las más diversas circunstancias el adjetivo “histórico”. Se diría que con su uso se trata de garantizar la condición de “irrefutable” a cualquier afirmación o reclamación.

Por ejemplo las múltiples deudas históricas que reclaman instituciones varias (nunca conseguí saber ni quiénes ni cómo se contrajeron la dichosas deudas); la memoria histórica (así mismo nadie me pudo explicar como podría existir alguna memoria que no fuese histórica por definición). También suele hablarse de agravio histórico, que es algo situado entre los dos anteriores.

Todos ellos y alguno más que me habré olvidado, dan lugar a las mencionadas “querellas históricas”, sempiterno argumento central e impagable de esa otra sagrada institución carpetovetónica que es “la tertulia”.

Pues bien, durante un par de días me he enredado en una discusión sobre la "querella histórica" del momento. O sea, la provocada por la investigación de ciertos asuntos económicos en el entorno de la Familia Real. Como podéis fácilmente imaginaros esas trifulcas judiciales no ocupan el más mínimo espacio en mi modesto devenir.

Pero, aparte de la razón resentida, es decir la “puta envidia” (en boca de mí amigo El Magnolio) que toma cuerpo en el fuego graneado sobre cualquiera que haya sido favorecido por la vida con algunas ventajas poco frecuentes, léase en este caso el Sr. Urdangarín, y dejando así mismo al margen el probable, pero no probado aún, abuso por parte del mencionado señor de esa práctica ontológica de la vida española que es el tráfico de influencias, "la querella histórica", la de verdad; la fetén; la que no deja dormir a tantos españoles “demócratas de toda la vida”, es la planteada por la insoportable ilegitimidad de la monarquía en general y de la española en particular.

Esto que llevo un rato nombrando en general como la "querella histórica", es, ni más ni menos, el trasunto del drama español que se inicia probablemente con la llegada de los Borbones y que nos ha proporcionado días tan gloriosos, entre otros, como los de las guerras carlistas, los pronunciamientos del siglo XIX, los golpes de estado y, en su última versión, la fiesta de los matarifes de 1936. Afortunadamente, desde la desaparición de la última secuela de ese aquelarre, en 1975, la sangre no ha vuelto a llegar al río.

Pero… la querella sigue en vigor. Y los “agraviados” por un sistema tan poco democrático, en su opinión, que no considera su exigua minoría los suficientemente representativa como para atender sus anhelos republicanos, y cambiar el sistema, vuelven a la carga con ánimo renovado. Esto sucede, supongo que por casualidad, cuando sus camaradas, socialistas y republicanos, han perdido el gobierno en este estado monárquico constitucional en el que, por cierto, se han encontrado tan cómodos durante los últimos ocho años.

Da igual que la constitución haya sido votada mayoritariamente en referéndum democrático. Que sus redactores hayan representado a las minorías políticas más relevantes del momento. Que la propia constitución contemple la posibilidad de cambiar el sistema, si el pueblo lo reclama a través de sus legítimos representantes. Da igual. Da igual porque la “democracia” es republicana y de izquierda. El resto son los “fachas”.

Su discurso teórico está sacado de la mala digestión de cuatro tópicos sobre unos supuestos principios jacobinos, que por supuesto jamás han leído, mezclados con las consabidas verdades a medias sobre la historia de la II República

(Seguramente no aquellas que relatan la votación unánime de la Ley de Vagos y Maleantes, aprovechada en su integralidad por El Caudillo después de la guerra, redactada como medio legal para llevar a cabo un “limpieza étnica” de gitanos o la oposición cerrada de toda la izquierda a la propuesta de la instauración del voto femenino defendido por Clara Campoamor, quien por cierto tuvo que exiliarse desde Madrid en 1937 ante el poco aprecio, y su consiguiente peligro mortal, que le profesaba el poder republicano)

Inglaterra, Holanda, Bélgica, Dinamarca, Noruega o Suecia deberían consultarles, en opinión de estos expertos demócratas partidarios de la república, sobre la naturaleza impropia de sus respectivos modelos de estado, por no someter cada año su Constitución al escrutinio popular, y condenar de esta forma a las futuras generaciones a un irracional sistema de poder hereditario.

Para un republicano, para el de verdad, no existe más que la monarquía a secas. Sin adjetivos. ¿Qué coño es eso de monarquía constitucional? Un rey es un usurpador del poder, degenerado y ladrón, que se perpetúa en su pináculo merced al truco dinástico que le proporciona su pretendida sangre azul, y el supersticioso origen divino de su derecho a mandar. Todas las monarquías son absolutas por definición. La pretendida constitucionalidad no es más que una máscara con la que consiguen perdurar, con la complicidad de los poderosos y los corruptos, en contra la legitimidad histórica de la voluntad popular.

Naturalmente, a estos “matizados” argumentos hay que añadir, en nuestro caso, el origen franquista de la institución. Así de fácil.

Aunque parezca mentira esos son los argumentos que una persona inteligente maneja actualmente. Las preguntas que yo me hago son: ¿qué clase de mal nos afecta tan profundamente como para mantener esa especie de huida hacia adelante, bordeando la razón y los más elementales principios democráticos? Y, sobre todo, ¿habrán sido, históricamente hablando, actitudes afectadas por este mal las que han dado lugar a las catástrofes históricas mencionadas más arriba?

Aunque los mecanismos míticos que las movilizaron no es el tema de hoy, siempre he pensado que son las personas de condición intelectual mediocre y poco instruidas las que suelen integrar las masas de tontos útiles necesarias para la instalación de los totalitarismos; pero lo que me estoy encontrando en mí entorno próximo, en este confuso período de mudanzas y trayectos erráticos, es algo distinto que debería asombrarme. Si no fuera tan mayor…

¿Será la conciencia de la derrota definitiva de la izquierda en 1989, aplazada e inasumida hasta ahora, la causa de este panorama? La orfandad ideológica se produce cuando una ideología desaparece, no como consecuencia de una evolución en su trayectoria y su consecuente transformación, sino a causa del colapso definitivo de su praxis. En ese caso deja un vacío insondable en la mente de aquellos para los que dicha ideología no es un terreno propicio para la búsqueda o la indagación, sino un conjunto de certezas que narcotiza la angustia de la duda.

El republicano hoy y aquí es un ser ideológicamente unidimensional. Un náufrago sujeto obsesivamente al pecio ruinoso de su antiguo navío, incapaz de divisar los exiguos bordes de la charca en la que chapotea patéticamente. Posee esa vocación de fósil con la que ciertos sectores de la izquierda creen dotar de una cierta nobleza su esteril empeño de supervivencia.

Yo tuve la dudosa fortuna de presenciar hace muchos años un hecho que, en cierto modo, podría resumir simbólicamente este desdichado estado de cosas. Acudí en Abril de 1977 al mitin de la CNT, en el teatro de la Mutualité en París, donde se debatía la conveniencia de legalizarse o no en el interior. Al final de un acto no exento de una gran melancolía, en la que pude estrechar la mano de ciertos dinosaurios de la trágica historia de nuestro país, y mientras emprendía la salida del local, en el hall del teatro y cerca de una puertas de cristal, dos ancianos provistos de sendos cayados intentaban descalabrarse mutuamente en una tragicómica escena digna del mejor Berlanga.

Pero, para nuestra desdicha, la visión goyesca de aquellos abuelos sujetos al terreno por sus artrosis respectivas, pero con un ánimo homicida conservado intacto durante cuarenta y dos años, representaba la crónica más ilustrativa de una realidad, no sé si sociológica o antropológica, cuyas claves podría descifrar fácilmente cualquier español. Lo que hacía que aquellos veteranos fuesen tan viejos no era la edad. No. Era la antigüedad de su rencor. El adhesivo de aquellas fatídicas fechas fue un papel atrapamoscas en el que aún se quedan pegadas ciertas almas melancólicas de hoy en día.

No tenemos remedio

sábado, 3 de diciembre de 2011

¡Que viene el turco…! (3)

Acabo de enterarme de que la Unesco que, aunque haga todo lo posible para despistar, es la Organización de las Naciones Unidas para la Educación y la Cultura, ha decidido el pasado 23 de Noviembre elegir por unanimidad a la Siria de Bashir el Assad como miembro del comité de derechos humanos de la institución.

Esta estupenda noticia, confirmada por UN Watch, aun no ha sido divulgada en el portal de Internet de la UNESCO. Ya veremos qué pasa cuando lo sea. De cualquier manera no es tan sorprendente como podria parecer. La organización a acogido recientemente en su maternal seno a paladines de los derechos del hombre tales como, Arabia Saudita; Cuba; Pakistán; Palestina y Rusia. Por otro lado, Siria está ya integrada en su comité ejecutivo junto con Venezuela; Zimbabwe; Bielorusia; China; Vietnam y Argelia.

En su calidad de experta, verificada con el entierro de más de 3500 asesinados en los últimos 8 meses, Siria ha sido invitada por la Organización a participar en la redacción de las recomendaciones que la organización emite para la aplicación de los derechos humanos. En la mente de sus responsables probablemente anide la esperanza de conseguir esa aplicación definitiva mediante la simple desaparición física de los humanos. De ahí la llamada a los más experimentados especialistas en la materia, como el camarada El Assad.

Y para que no nos falte de nada, Navi Pillay, Alto Comisario de la ONU para los Derechos del Hombre ha declarado ayer viernes: “Dado que las autoridades sirias no protegen a sus ciudadanos, la comunidad internacional debe tomar urgentemente medidas eficaces para llevar a cabo dicha protección de la población siria”.

A eso lo llamo yo coherencia y coordinación de funciones, en el seno de una organización cuyo objetivo es, según su acta fundacional : “contribuir al mantenimiento de la paz y de la seguridad, propugnado, mediante la educación, la ciencia y la cultura, la colaboración entre las naciones, con el fin de garantizar el respeto universal de la justicia, la ley, los derechos del hombre y las libertades fundamentales para todos, sin distinción de raza, lengua o religión, que la Carta de las Naciones Unidas reconoce a todos los pueblos”.

Claro que una cierta coherencia si se puede detectar si tenemos en cuanta otro bonito texto. Este forma parte de la Carta de la “moderada” Organización para la Liberación de Palestina, que jamás fue derogada hasta la fecha, y que dice textualmente: ”Solo aquellos judíos cuya familia se haya instalado antes de 1917 serán autorizados a quedarse en Palestina” (artículo6º). Promover la paz en el espíritu de las gentes desembarazándose de más de seis millones de judíos, y dejando instalados en el nuevo estado los millones de árabes que emigraron desde 1917 no parece, en principio, que tenga muchas posibilidades de alcanzar su generoso propósito.

La UNESCO acoge a una organización que pretende contribuir a la promoción de los derechos del hombre, educando a su pueblo sobre la intolerable existencia de una mancha que mancilla aquella tierra, y que son los judíos. Tal como se expresa en el artículo 15 de la mencionada carta palestina: ”La liberación de Palestina tiene por objeto purificar el país de toda presencia sionista”. La UNESCO permite que un miembro recién admitido como la OLP, mantenga en sus estatutos que : ”Los judíos no constituyen un pueblo, ni una nación”(artículo 20)”. Frente a que : “ los palestino poseen una identidad auténtica, esencial e intrínsica”( artículo 4).

En definitiva, que una organización para la cultura, como la UNESCO, ignore que históricamente hablando, nunca existió un pueblo palestino, ni una lengua palestina, ni una religión palestina, elementos de los que se hace mención explícita en su acta fundacional, es muy significativo. Al menos en teoría, de esa organización no podrían formar parte más que los estados. No los partidos políticos o las organizaciones privadas como la OLP.

La esperanza para los que padecemos un síndrome de optimismo de grado tres, es la declarada determinación por parte de nuestro guardaespaldas en la zona, Israel, de no permitirle ni una broma a ese matón de esquina que manda en Irán, ni a su miserable recadero sirio.

Entra dentro de lo posible que las instalaciones nucleares del nuevo Ciro el Grande, acaben súbitamente convertidas en unos rentables aparcamientos subterráneos, y que la sabandija alauita tenga que ir a gozar del producto de su rapiña al paraíso de míster Mugabe.

¡Insha’Allah!

martes, 29 de noviembre de 2011

Ecos de sociedad

“Desengáñate amigo mío, cada estirpe por fina que sea tiene su Jesús Gil fundador en algún sitio. Si los buscas los encuentras. Todo consiste en revolver un poco. Desde los recientes horteras sobrevenidos con el Régimen en 1939 y, como se dice ahora, actualizados con el Cambio en 1976, hasta el Duque de Alba.

Estos, digamos recién llegados, todavía son muy horteras porque aún tienen a su tío Jesús muy próximo; una o dos generaciones. Ya sabes… las licencias de importación, los cupos de hierro, el estraperlo, Regiones Devastadas -recicladas en puertos deportivos-… en fin todos aquellas oportunidades u obsequios con los que Su Excremencia fue construyendo su burguesía. Porque, claro, todo poder ha necesitado una corte corrupta de lameculos bien cebados. Luego vino la actualización del patio de Monipodio del rey Felipe.”

Quien se expresa con esa deslumbrante lucidez es mí amigo El Magnolio; hombre de múltiples y sólidas erudiciones que, por alguna razón que se me escapa, siempre ha tenido una cierta debilidad por asuntos relacionados con la silvicultura genealógica.

De cualquier manera, no es que el poder y la corrupción vayan de la mano, como una fatalidad. No. Es peor. Una vez adquirido el poder, vaya usted a saber cómo, el nuevo problema que trae consigo es la necesidad de conservarlo; y para ello hay que contar con amigos. Con conseguidores, como se dice ahora ¿La solución? Vender un poco de poder en trocitos pequeños. Cuanto más se tenga, más fácil es renunciar a un trocito. Por eso si el poder ya corrompe, el poder absoluto corrompe absolutamente.

Seguramente desde el final de la Edad Media, los conseguidores de los monarcas, católicos o no, hacían méritos a punta de cuchillo, o de espada que para el muerto era lo mismo, y por ellos eran recompensados. O rendían otros servicios más ordinarios, como financiar la aventuras militares con los beneficios que sus rebaños de merinas les proporcionaban. Sus herederos aprendían a leer y listo. Acababan siendo unos marqueses de Lozoya presentables.

Hay una familia en el oriente asturiano en la que un ancestro, allá por el Renacimiento, cargó sobre sus fuertes hombros de gañán al joven Emperador flamenco, para preservar el delicado terciopelo de sus escarpines, cuando aquel mozalbete de Gante vino a conocer su finca heredada y desembarcó en San Vicente de la Barquera -¿o fue en Santillana? A lo mejor fue en Villaviciosa- Resultado: fundación de la estirpe del Marquesado del Real Transporte, con uno de cuyos últimos avatares, hace años, tuve el honor de desparramarme en torno a unas cajas de sidra. Yo, no él, que siempre vestía un blazer para ir a las sidrerías.

Y así es como el comentario de mí compadre -impagable maestro de agudezas- me parece hoy muy pertinente, como de costumbre.

Se produce en un momento en el que, inesperadamente, se ha acabado un llamado período electoral, cuya duración parecía no tener fin, y nuevas o novísimas prosapias colocarán, si Dios no lo remedia, el primer sillar de su pelaje. Ya se sabe; se empieza haciendo una marca de tijera en el lomo de un choto en el mercado de ganado y se acaba colocando un blasón en la tapia del adosado. Es lo que ahora conocemos por “logofilia”, pero que es una manía muy antigua.

De todas formas, hay que reconocer que ser cesado en un período como el actual, con un horizonte tan sombrío, es una verdadera putada. Aunque… a lo mejor, lo es algo menos.

A lo largo de un disfrute del poder de ocho años hay que ser un manazas o un soñador para no crearse una red de estómagos más o menos agradecidos, que le proporcionen a uno la plataforma adecuada desde la que desarrollar toda la potencialidad contenida en el más valioso de los bienes adquiridos : la agenda. O la Blackberry que, mira tú como son las cosas, resulta que no es una zarzamora.

Así nacen las nuevas sagas. Los linajes de los que nadie recordará su origen en un productivo ERE, pasados unos decenios. Y eso es así porque a los propios vástagos de los corruptos, o sea sus descendientes directos, en los colleges de North Caroline donde estudiarán, nunca les hablarán de los sucios barrizales en los que chapoteaba su padre.

Todo lo contrario de lo ocurrido a sus predecesores en el dudoso arte de la hijuela mal adquirida, que se educaron en el Colegio del Pilar, y a quienes el padre Anselmo les glosaba a menudo la figura benefactora de su papá. El de ellos, no el del cura.

Tampoco sus futuros partners, en el despacho de marketing en el que los colocarán al final de sus estudios, pensarán que son otra cosa que unos niños mimados como ellos mismos. O sea lo que ahora se conoce como pijos.

Luego construirán con otras gentes ideológicamente decentes una urbanización muy exclusiva llena de Cayenes y Termomixes. En ella habitarán una buena proporción de ex-algo, y sus raíces poco presentables se irán difuminando en virtud de una eficaz endogamia. Y la llamarán tal vez 110 Villas, para distinguirla de la de la generación del tío Felipe; pero eso sí; también esta estará llena de artistas, actores, diseñadores y otros graciosos de vitrina.

Y encima los pobres ingenuos no sabrán que son unos horteras, porque ¡oye tú! los horteras siempre han sido de derechas… ¿o qué?

Eso sí, hay una saga que se está consumiendo. Aquello que daba tanta risa y que era llegar a ser un notable de izquierdas teniendo un progenitor falangista de primera hora, reciclado o no, se está acabando por simples razones biológicas. Ya no hay Oucas-Leles que paren la circulación en la Plaza de la Cibeles un día laborable a las 13 horas, para hacer una fotografía-obra-de-arte de a cinco millones de pesetas la pieza por encargo del Ayuntamiento.

Y todo porque papá Tomás Allende y García Baxter, falangista de vieja cepa, de los que en los ’80 aún conservaban intacta su revolución pendiente, y presidente de Telefónica a la sazón, use uno de sus artefactos para hablar con el alcalde, o alguno de sus guardaespaldas políticos, de la niña hiper-progre que le ha salido.

Por cierto y hablando de crisis; de entre los personajes que conocí en mis tiempos de “La Gaceta”, este mismo sujeto fue el único que se permitió desmelenarse con un speech digno del Benito Mussolini más efervescente –de quien por otro lado se declaró abiertamente rendido admirador- al hablar de las medidas gubernamentales más adecuadas en su opinión para salir de la crisis económica de la época en que lo entrevistamos.

Y por seguir con urbanizaciones; la crónica del corazón, que se ha ocupado estos días del transcendental asunto del futuro hogar de los Rodríguez (José Luis y Sonsoles), señalaba alarmada la desavenencia manifestada por el dúo gótico, respecto del proyecto expresado en su día por los papás -y las mamás- de volver a la bucólica calma provinciana de León.

El rechazo de las raíces que encierra ese gesto, por parte de las nuevas generaciones, ilustra lo expresado más arriba. Pero la querella ocasionada por el afán juvenil de permanecer en la capital, no se ha resuelto de cualquier manera. Oye, no se trata de instalarse en la Milla de Oro, como el tío Felipe. Ni en Chamberí, donde vive gente tan poco recomendable como yo. Ni mucho menos de Chueca, que es jardín de florecillas tempranas como Zerolo. No. La cosa va de Somosaguas, no sé si me entiendes…

Bueno, pues nada. Acomodémonos en nuestra butaca y a gozar del espectáculo, que no por previsible hasta la náusea será menos grotesco.

Pero es que la alternativa sería mirar a Rajoy, con una sombrilla en la mano y todos los focos reflejados en su ajustado traje de lentejuelas, intentando dar el triple salto mortal en la cuerda floja de la crisis.

Y oye, uno no está para sustos.