Canónicamente debería comentar el resultado de las elecciones autonómicas andaluzas. No lo voy a hacer por hastío.
Aunque con ello no acostumbro a tener mucho éxito entre mis contertulios, suelo utilizar un apotegma que declara a los gobernantes como la más genuina representación de los anhelos del pueblo, ya sea esto en una dictadura o en una democracia, del mismo modo que la nata está constituida por idéntica materia que la leche, y únicamente se distingue de esta porque ocupa la capas superiores.
Lo sucedido el pasado domingo corrobora fatalmente esa desagradable afirmación al habernos puesto inpúdicamente en evidencia una de las más deleznables interioridades morales de nuestro querido pueblo.
La denuncia pública y sin escapatoria posible de un tejido social gangrenado por la corrupción más obscena, lejos de liquidar definitivamente a un régimen que en treinta años había acabado por usurpar el espacio político al sistema democrático, esa denuncia, digo, ha sido deglutida y metabolizada civilmente por los votantes como lo que siempre ha sido: una forma de entender la vida
Al parecer, más de la mitad de los ciudadanos de esa región no rechaza la corrupción. Simplemente aguarda su oportunidad para participar en el reparto del botín. Incluso es posible que algunos de ellos la valoren como una conquista social.
Le temps ne fait rien à l’affaire, decía con sabiduría tonton George. Dos años tardó la Pepa en ser enterrada por el pueblo soberano al grito de ¡vivan las caenas! y doscientos tardó ese mismo soberano pueblo en enterrar otra oportunidad de salir de la mugre histórica, mientras gritaba entusiasmado ¡viva la podredumbre!
“Andalucía: una isla de sangre roja en un océano de sangre azul. Izquierda Unida hace fracasar el deseo de acceso al poder absoluto del señorito andaluz.”
Esta proclama propia de los tiempos del delirio anarco-comunista de Casas Viejas, ha sido proferida ayer mismo por un amigo progre en su “paredón” de FaceBook. Mi amigo no es un áspero campesino andaluz amargado por centurias de injusticia agraria. No.
Mi amigo es un excelente profesional madrileño de la fotografía, con formación universitaria en la especialidad de las ciencias económicas, de trato sensible y educado a quien, por una razón que no alcanzo a explicar, su conciencia reclama colocarse al lado de ese patético espectro llamado la izquierda. Sería tal vez interesante desvelar qué provoca esa especie de fervor estético, pero no estoy de humor.
Eso es lo que hay y eso es lo que somos.
Por eso quiero hablar de otra cosa. Bueno otra pero que es la misma. No sé si me entiendes.
¿Es nuestra civilización superiror a las otras? No. Simplemente las otras no son civilizaciones.
«Alcanzar la Ilustración consiste en abandonar la minoría de edad en al que el hombre se encuentra por su propia culpa. Ser menor de edad, es ser incapaz de servirse del propio entendimiento sin la dirección de otro. El hombre se encuentra por su propia culpa en ese estado de minoría de edad cuando no es la falta de entendimiento la causa, sino la falta de decisión y de coraje para servirse de ese entendimiento sin la dirección de otro. ¡Sapere aude! [¡Osa saber!] ¡Ten el coraje de servirte de tu propio entendimiento! Esa es la divisa de la Ilustración
Immanuele Kant. “Was ist Aufklärung?” (¿Qué es la Ilustración?)
Este continente está viviendo lo que yo estimo que es final de más de veinticinco siglos de ciclo inicial de nuestra civilización. Civilización que comenzó con las culturas mesopotámica, egipcia, judía, griega, latina y cristiano-romana, y que en el Renacimiento inició la revolución humanista que culminará en la Ilustración.
Existen CULTURAS diferentes. Cosmovisiones distintas. Maneras diversas de valorar colectivamente al individuo en su relación con el entorno y sus aspiraciones o expectativas. Cada una de ellas propone diversos planteamientos para intentar resolver los CONFLICTOS que esa relación conlleva. Al resultado de la puesta en práctica de esas propuestas es a lo que denominamos formas de convivencia. Estas están determinadas por sus distintos sistemas de ORGANIZACIÓN.
Cada cultura, pues, ha desarrollado sus formas de organización a lo largo de su historia, en función de sus particulares experiencias, de los conocimientos derivados de las mismas y de sus distintos entornos físicos o geográficos. En una palabra, las han definido según su TIEMPO, o sea su historia, y su ESPACIO, es decir su geografía.
Los conocimientos extraídos de las mencionadas experiencias, se adquirieron mediante la aproximación empírica a la realidad, y se desarrollaron en virtud de las intuiciones derivadas de ese contacto. Valorar esos conocimientos adquiridos y establecer reglas y códigos que los hiciesen útiles, constituyó la esencia de la cultura primitiva.
Los enigmas, o “huecos” en el conocimiento, que surgirán inevitablemente en esa práctica, serán el origen de las religiones. Estas, a falta de un método que hoy denominaríamos científico con el que racionalizar unas respuestas comprensibles para el hombre, crearon un universo de factores transcendentes, con los que aquel se tranquilizaba, y así se evitaba el efecto paralizador que la ignorancia y el temor a lo desconocido podrían desencadenar.
En esas cosmovisiones, o culturas, El HOMBRE no desempeñaba ningún papel especial. Estaba integrado en dicha realidad, creada por un ente superior, como una parte más de la misma y en competencia con el resto de sus rivales. El hecho singular de pensar, que distinguía a ese ser, era percibido como una simple característica práctica de esa especie.
Mientras las formas de organización derivaban de la naturaleza tribal o familiar de los clanes o grupos -una opción natural y zoológica compartida por todas las especies- una estructura jerárquica, generalmente basada en la experiencia, es decir en la edad, resolvía adecuadamente los problemas de convivencia individual.
Cuando los grupos tradicionalmente nómadas empezaron a asentarse en lugares concretos y más adecuados a nuevas expectativas, la proximidad espacial de diversas colectividades plantearon problemas inéditos de convivencia colectiva, que trataron de resolver por los mismos métodos violentos propios del nomadismo, inaugurando la serie interminable de los conflictos territoriales.
Compartiendo seguramente variables de una misma cultura, debió de llegarse en algún momento a la conclusión de que ese método antiguo no se adecuaba a la nueva realidad. Diversos clanes familiares seguramente empezaron a plantear anhelos y necesidades comunes más ambiciosos, para los que la colaboración de un mayor número de individuos era indispensable. Y claro, la tradicional organización jerárquica de origen clánico o familiar aportaba más problemas que soluciones. La nuevas expectativas demandaron un nuevo mecanismo de solución de conflictos entre los sujetos y aparecieron LAS REGLAS.
De todas las culturas que a lo largo de los tiempos han llevado a cabo ese intento, organizando esas reglas en códigos estables y poniéndolos en practica con mejor o peor fortuna, UNA SOLA de ellas evolucionó hacia una cosmovisión y una estrategia vital totalmente originales.
En su reflexión sobre la realidad, sus miembros extrajeron del conjunto al INDIVIDUO como ser viviente dotado de RAZÓN, y valoraron como una CUALIDAD SUPERIOR su capacidad de hacer proyectos, de dar forma a sus deseos. En consecuencia lo instituyeron como unidad esencial y MEDIDA DE TODAS LA COSAS.
Tras definirlo de esta forma, reconsideraron el valor del resto de esas cosas, que constituían su realidad, en función de ÉL. En resumen, lo situaron en el CENTRO de esa misma realidad.
Al realizar esta distinción categórica, los intereses y aspiraciones que se atribuyeron a ese individuo singular y simbólico, que representaba a todos los demás individuos, se codificaron en unas nuevas reglas que poseían unas características diferentes de las del resto de las definidas hasta entonces.
Eran los PRINCIPIOS. Se derivaban del carácter único y original de unos sujetos a los que definían como poseedores de CUALIDADES NATURALES. Esos principios individuales, que derivaban esas cualidades, aspiraban a ser universales, inamovibles y comunes al resto de todos aquellos a los que se consideraba semejantes.
Esas nuevas reglas eran precisamente lo que hacía diferentes a aquellos hombres de principios del resto de los seres vivientes.
Esos principios permanentes inspirarían las nuevas reglas de funcionamiento: LAS LEYES. Estas, basándose en la definición de la naturaleza de los individuos, ordenarían la convivencia entre ellos. Cuando esa nueva cultura surgida de aquellos principios humanizó el concepto del trabajo, vinculándolo a la cualidad de razonar, dio lugar a la TÉCNICA; cuando lo hizo en la actividad creativa: al ARTE, y en términos generales creó la idea de PROGRESO, es decir, la aspiración permanente de conseguir la superación de la etapa presente, en pos de nuevos horizontes incesantemente imaginados.
Esa cultura que descubrió en la RAZÓN el instrumento adecuado para liberar al hombre de la esclavitud de la fatalidad, sustituyéndola por el control de su propio destino, ha sido la que se denomina CIVILIZACIÓN OCCIDENTAL.
Civilización es uno de esos sustantivos que no tienen plural. Como VIDA.
Tratar de equiparar al resto de la culturas existentes con esta Civilización, llamándolas igualmente civilizaciones, es una actitud basada en el relativismo cultural. Ello sería correcto si se tratase de conceptos semejantes cualitativamente hablando. Pero existe una diferencia esencial que hace imposible esa homologación de conceptos : la Civilización parte del axioma HUMANISTA que declara al hombre principio y fin de la creación.
Para el resto de las culturas el hombre no es mas que una parte de esa creación sometido como el resto de la realidad a una voluntad superior. Sin más.
Es obvio que los orígenes remotos de nuestra Civilización deberíamos situarlos en las culturas primitivas de lo que hoy llamamos Oriente Medio y en el Mediterráneo oriental, cuyo desarrollo evolutivo dio lugar al primer concepto de Civilización. Concepto con el que los griegos clásicos distinguían a su pueblo del de los bárbaros que solo disponían de la cultura.
Más tarde, y con el final del Imperio Romano y la invasión del Islam, vinieron siglos en los que el concepto del hombre volvió a ser el de una criatura cuyo destino era manejado por dioses arbitrarios o por un dios todopoderoso, quienes regresaron del mundo arcaico a ocupar el lugar de la razón. Solo a partir del siglo XV y con la recuperación de la idea clásica de la cultura como instrumento de emancipación, el hombre vuelve a ocupar, ya definitivamente, el centro de la escena. Dos siglos más tarde, la Ilustración acabó de definirlo en virtud de la formulación de unos derechos naturales de aspiración universal, que le son propios y exclusivos.
El re-descubrimiento de la razón, y su valoración como la característica que distingue al ser humano del resto de los seres vivos, dota a ese ser de la capacidad de relacionarse con su entorno y sus semejantes en función de su voluntad y sus capacidades, y libre de cualquier poder externo a él, transcendente o arbitrario. Es lo que distingue y hace única a nuestra cultura, convirtiéndola en Civilización. El hombre libre lo es porque inventa algo definitivo: los PRINCIPIOS que definen esa libertad, y las reglas o leyes que la hacen posible.
La principal diferencia que distingue las REGLAS de los PRINCIPIOS, consiste en que aquellas son recursos prácticos que evolucionan y cambian con el desarrollo del conocimiento, mientras que estos son morales e inamovibles porque su función es la de DEFINIR; la de servir de referencia o baliza para el progreso.
En una palabra, las culturas en general poseen reglas tácticas que les permiten actuar sobre el entorno y los problemas concretos, pero viven sometidas a "fuerzas superiores" que suelen codificarse en los dogmas religiosos, porque, desde el punto de vista civilizado, sus miembros no han descubierto o inventado la libertad, o lo que es aun peor, la han descubierto y la rechazan.
La Civilización tiene un plan estratégico basado en una concepción del hombre, que establece unos principios que lo definen e identifican y que someten a él todo lo demás. En su relación con el entorno establece las reglas, de acuerdo con sus intereses, que teniendo carácter práctico, táctico, evolucionan a medida que se obtienen experiencias y conocimientos.
La civilización colocó al hombre en el centro del escenario, del universo, desplazando a los dioses o las supersticiones que trataban de explicar lo que solo la ciencia y la técnica, creaciones humanas, han ido desvelando.
Esta Civilización ha sido dominante en el mundo, porque resolvió MEJOR que las culturas los problemas que los hombres tenían planteados, en una competencia de eficiencia con ellas parecida a la que selecciona a las especies en la naturaleza.
PARECIDA pero no coincidente. Los demás seres vivos solo tienen instinto. No poseen la capacidad de pensar y razonar. Naturalmente dejo a un lado todos los conflictos, contradicciones, retrocesos y problemas morales que acompañaron y acompañan sin remedio a la evolución de la civilización, porque eso sería el objeto de otra reflexión.
Tampoco han escaseado, o escasean aún, los enemigos de esta civilización. Fuera y dentro de ella. En culturas teocráticas intolerantes, o en adversarios internos anti-ilustración, marxistas o relativistas, empeñados en aniquilar al humanismo desde su visión totalitaria de la existencia. Cabe esperar que su carácter irracional o su charlatanería cientista los condenarán antes o después.
Mientras la civilización permanecía fluyendo entre la minoría occidental que la concibió, el modo de vida y los valores promocionados por esa minoría se fueron extendiendo, haciéndose paulatinamente accesibles al resto de las culturas, ya que ese era su espíritu y la UNIVERSALIDAD su propósito último.
Esas culturas han ido asimilando los principios de la Civilización, más o menos hasta hoy. Y hoy ese control ya no reside en aquella minoría, al menos en las condiciones en las que antes lo poseía, precisamente porque su vocación es evolucionista, dinámica, y las condiciones han sido modificadas precisamente en virtud de su influencia.
En consecuencia, asistimos a una evolución radical del modelo inicial como resultado de sus propios desarrollos culturales y técnicos.
En cuanto a los principios, una vez divulgados y asimilados por la mayor parte de las culturas, han dotado a estas de la capacidad de asimilar el modelo dominante y hacer tras su maduración y mediante sus propias aportaciones, propuestas culturales originales más eficientes. A lo mejor porque no persiguen los mismos propósitos. O sea porque están proponiendo metas diferentes; modelos evolucionados a partir de los que occidente había planteado hasta ahora.
Tal vez podríamos considerar todo esto como un CAMBIO DE PARADIGMA.
Un nuevo proyecto cultural, dentro de la civilización. Nuevo porque la evolución ha tenido lugar en muy poco tiempo. Tan rápidamente, que sus últimos desarrollos ya no evocan en nada a aquellos que constituyeron sus orígenes. Y nuevo también porque, como consecuencia del avance imparable de la GLOBALIDAD, se ha roto la inercia geográfica de la anterior imagen tradicional, consistente en un área magistral concreta irradiando su influencia sobre el resto, desde su posición cenital.
Desde luego, mí generación será la que diga adiós a un poder de influencia secular europeo que en, la etapa presente, ya se desplaza rápida e inexorablemente hacia el Pacífico. El nuevo Mediterráneo del siglo XXI.
Pero esa es, paradójicamente, la mayor prueba de la universalidad e inmutabilidad de sus PRINCIPIOS.
Que, al fin y al cabo, era de lo que se trataba.
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martes, 27 de marzo de 2012
viernes, 23 de marzo de 2012
Fin de otro capítulo. Hasta el siguiente...
Bueno, la historia ha acabado como era de suponer. El héroe se lanza por un balcón mientras sigue haciendo fuego contra los uniformes y su cabeza tropieza con un proyectil que otro uniforme le ha enviado si aviso de recepción.
¿Lo hicieron bien esos uniformes? No han pasado doce horas y ya han surgido cientos de críticas, de dudas y de sospechas, como era de esperar. La muerte del malo siempre las despierta. Los entierros de los buenos no suelen estar tan concurridos.
Naturalmente de la misma manera que cualquier equipo de futbol dispone de unos cincuenta mil entrenadores que “saben” lo que hay que hacer, mejor que el titular profesional, las fuerzas de seguridad de países como Francia o España, y algunos otros, cuentan con brigadas de estrategas de barra de bar que “saben” asimismo cual era la táctica más adecuada ante un conflicto como este.
Pero la orden de proceder al asalto es una decisión política que no está al alcance de un jefe de destacamento. La vida de Mohamed estuvo entre sus propias manos pudiendo rendirse, para empezar, y entre las del ministro del interior para concluir.
Una vez tomada la decisión de entrar en el recinto del agresor, los protocolos de actuación supongo que no deben dejar lugar a dudas sobre el procedimiento a aplicar.
Según declaran los testigos, cuando los agentes estaban ya en el interior del apartamento, de unos cincuenta metros cuadrados, fueron súbitamente agredidos por el delincuente con un violento fuego en el que vació tres cargadores de ocho cartuchos del .45 en unos segundos.
Se notaba que, al parecer, no estaba muy dispuesto a rendirse.
Claro. Porque estaba solo. Porque no tenía rehenes con los que negociar. Porque todos esos datos lo situaban en una posición insostenible y sin escapatoria posible. Aunque en mí opinión nunca pensó en una eventual huida. Porque no había previsto nada. Y menos aún encontrarse atrapado en su propia ratonera.
Y porque, al fin y al cabo, hacía unos días había decidido improvisar una apasionante carrera hacia ningún sitio, y este podía ser perfectamente el salto final al vacío. La escena culminante de la película que había decidido protagonizar.
Eso sí, debió parecerle un poco corta, según declaró a su interlocutor en las negociaciones de la noche, ya que no le dejaron la oportunidad de matar a algunos sionistas o cruzados más, como había proyectado.
¿Qué puede habérsele pasado por su caótica mollera durante las doce horas en las que se mantuvo en guardia esperando el asalto inevitable? Es probable que no tuviera tiempo para pensar en sus víctimas. Seguramente se extasiaría imaginándose las caras de sus familiares y amigotes delante de las sensacionales portadas de los periódicos y los impactantes reportajes de la televisión. ¡Una pasada!
¿Y ahora qué?
Pues veréis. Se me ocurre que no estaría nada mal empezar a pensar que, si alguien no le pone remedio a esto, no tardaremos en volver a ver esta detestable película.
Hay un montón de datos que sugieren esa desgraciada probabilidad.
El más llamativo, a mí juicio, es la suicida amnesia dominante que ha hecho aparecer este episodio como algo sorprendente e inesperado, cuando en la misma Francia se echaban las manos a la cabeza en septiembre 1995 ante la muerte, abatido por los gendarmes, de otra perla llamado Khaled Khelkal, acontecimiento que despertó la santa cólera de los eternos “indignados” delante de la “brutalidad” de las fuerzas del orden.
Buen escolar en la infancia, nuestro héroe entra pronto en contacto con la cofradía de delincuentes de su barrio, se hace experto “alucinero” y da con sus huesos en la cárcel, donde se aproxima a los activistas islamistas, radicalizándose (como Mohamed). O sea encontrando una “razón moral” que avale sus endocrinas ganas de bronca.
Luego su hermanito mayor le pone en contacto con el GIA, grupo de degolladores en Argelia (como Mohamed con al-Qaida ), en nombre de los cuales, a partir de julio de 1995, emprende una campaña de asesinatos y atentados que dejan un reguero de muertos y heridos entre mahometanos moderados (como Mohamed); viandantes de Paris; viajeros del metro; los que se libran de milagro de la bomba en el AVE francés y los alumnos de una escuela judía en Lyon(como Mohamed).
De eso hace 17 años. 17 años en los que no hemos aprendido nada.
En este momento grandes vestiduras se desgarran hablando de la oportunidad perdida de indagar en las “motivaciones” del asesino, a causa de una intervención torpe por parte de los agentes de la ley. En el affaire de Kalked se oyeron declaraciones idénticas. Entonces tampoco se tuvo la ocasión de preguntarle a aquel querubín cuáles habían sido los motivos de su sonoro enfado.
Y, claro, como consecuencia de ese enigma no se pudo tomar ninguna medida que evitase la muerte de siete inocentes más, la semana pasada, a manos de otro electrón libre del culto islámico.
¡Y no me toque usted a los fieles moderados del Islam!
La realidad nos indica tercamente que no hay más mahometano moderado que aquel que identifica y denuncia a los correligionarios susceptibles de integrarse en redes radicales, o el que solicita colectivamente la expulsión de agitadores que pongan en peligro la estabilidad de un sistema que les ha acogido, y de los cuales él posee toda la información que a nosotros nos falta.
De esos no conozco NI UNO.
A juzgar por los hechos, cualquier mahometano moderado esta infinitamente más cerca de un terrorista que de mí.
Por eso me mantengo a una distancia prudencial.
PS
Y por si todo esto no fuese lo suficientemente irritante, acabo de enterarme de que, en la localidad de Rouen, una profesora de inglés del liceo Flaubert ha solicitado un minuto de silencio a la memoria del asesino Merah, calificándolo de victima de los medios de comunicación de Sarko, que se habrían inventado la historia de la relación del terrorista con al-Qaida.
Esta clase de cosas son la verdadera causa de hechos como el presente.
¿Lo hicieron bien esos uniformes? No han pasado doce horas y ya han surgido cientos de críticas, de dudas y de sospechas, como era de esperar. La muerte del malo siempre las despierta. Los entierros de los buenos no suelen estar tan concurridos.
Naturalmente de la misma manera que cualquier equipo de futbol dispone de unos cincuenta mil entrenadores que “saben” lo que hay que hacer, mejor que el titular profesional, las fuerzas de seguridad de países como Francia o España, y algunos otros, cuentan con brigadas de estrategas de barra de bar que “saben” asimismo cual era la táctica más adecuada ante un conflicto como este.
Pero la orden de proceder al asalto es una decisión política que no está al alcance de un jefe de destacamento. La vida de Mohamed estuvo entre sus propias manos pudiendo rendirse, para empezar, y entre las del ministro del interior para concluir.
Una vez tomada la decisión de entrar en el recinto del agresor, los protocolos de actuación supongo que no deben dejar lugar a dudas sobre el procedimiento a aplicar.
Según declaran los testigos, cuando los agentes estaban ya en el interior del apartamento, de unos cincuenta metros cuadrados, fueron súbitamente agredidos por el delincuente con un violento fuego en el que vació tres cargadores de ocho cartuchos del .45 en unos segundos.
Se notaba que, al parecer, no estaba muy dispuesto a rendirse.
Claro. Porque estaba solo. Porque no tenía rehenes con los que negociar. Porque todos esos datos lo situaban en una posición insostenible y sin escapatoria posible. Aunque en mí opinión nunca pensó en una eventual huida. Porque no había previsto nada. Y menos aún encontrarse atrapado en su propia ratonera.
Y porque, al fin y al cabo, hacía unos días había decidido improvisar una apasionante carrera hacia ningún sitio, y este podía ser perfectamente el salto final al vacío. La escena culminante de la película que había decidido protagonizar.
Eso sí, debió parecerle un poco corta, según declaró a su interlocutor en las negociaciones de la noche, ya que no le dejaron la oportunidad de matar a algunos sionistas o cruzados más, como había proyectado.
¿Qué puede habérsele pasado por su caótica mollera durante las doce horas en las que se mantuvo en guardia esperando el asalto inevitable? Es probable que no tuviera tiempo para pensar en sus víctimas. Seguramente se extasiaría imaginándose las caras de sus familiares y amigotes delante de las sensacionales portadas de los periódicos y los impactantes reportajes de la televisión. ¡Una pasada!
¿Y ahora qué?
Pues veréis. Se me ocurre que no estaría nada mal empezar a pensar que, si alguien no le pone remedio a esto, no tardaremos en volver a ver esta detestable película.
Hay un montón de datos que sugieren esa desgraciada probabilidad.
El más llamativo, a mí juicio, es la suicida amnesia dominante que ha hecho aparecer este episodio como algo sorprendente e inesperado, cuando en la misma Francia se echaban las manos a la cabeza en septiembre 1995 ante la muerte, abatido por los gendarmes, de otra perla llamado Khaled Khelkal, acontecimiento que despertó la santa cólera de los eternos “indignados” delante de la “brutalidad” de las fuerzas del orden.
Buen escolar en la infancia, nuestro héroe entra pronto en contacto con la cofradía de delincuentes de su barrio, se hace experto “alucinero” y da con sus huesos en la cárcel, donde se aproxima a los activistas islamistas, radicalizándose (como Mohamed). O sea encontrando una “razón moral” que avale sus endocrinas ganas de bronca.
Luego su hermanito mayor le pone en contacto con el GIA, grupo de degolladores en Argelia (como Mohamed con al-Qaida ), en nombre de los cuales, a partir de julio de 1995, emprende una campaña de asesinatos y atentados que dejan un reguero de muertos y heridos entre mahometanos moderados (como Mohamed); viandantes de Paris; viajeros del metro; los que se libran de milagro de la bomba en el AVE francés y los alumnos de una escuela judía en Lyon(como Mohamed).
De eso hace 17 años. 17 años en los que no hemos aprendido nada.
En este momento grandes vestiduras se desgarran hablando de la oportunidad perdida de indagar en las “motivaciones” del asesino, a causa de una intervención torpe por parte de los agentes de la ley. En el affaire de Kalked se oyeron declaraciones idénticas. Entonces tampoco se tuvo la ocasión de preguntarle a aquel querubín cuáles habían sido los motivos de su sonoro enfado.
Y, claro, como consecuencia de ese enigma no se pudo tomar ninguna medida que evitase la muerte de siete inocentes más, la semana pasada, a manos de otro electrón libre del culto islámico.
¡Y no me toque usted a los fieles moderados del Islam!
La realidad nos indica tercamente que no hay más mahometano moderado que aquel que identifica y denuncia a los correligionarios susceptibles de integrarse en redes radicales, o el que solicita colectivamente la expulsión de agitadores que pongan en peligro la estabilidad de un sistema que les ha acogido, y de los cuales él posee toda la información que a nosotros nos falta.
De esos no conozco NI UNO.
A juzgar por los hechos, cualquier mahometano moderado esta infinitamente más cerca de un terrorista que de mí.
Por eso me mantengo a una distancia prudencial.
PS
Y por si todo esto no fuese lo suficientemente irritante, acabo de enterarme de que, en la localidad de Rouen, una profesora de inglés del liceo Flaubert ha solicitado un minuto de silencio a la memoria del asesino Merah, calificándolo de victima de los medios de comunicación de Sarko, que se habrían inventado la historia de la relación del terrorista con al-Qaida.
Esta clase de cosas son la verdadera causa de hechos como el presente.
martes, 20 de marzo de 2012
Algunas preguntas sobre un matón
Fue en Toulouse. Iba en una scooter y empezó a disparar.
¿Pude uno imaginarse qué le pasa por el alma a quien empuña un arma y desde el asiento de un scooter apunta fríamente a un niño de tres años y aprieta el gatillo? ¿qué piensa mientras ve como ese pequeño cuerpo sale despedido por el impacto y sin apenas alterarse, como demuestra su mortífera puntería, repite su gesto sobre otras dos criaturas de seis y diez años, antes de abatir a su maestro?
No sé si es esto lo que están pensando los numerosos periodistas que estos días han emprendido una especie de concurso de hipótesis para ver quien acierta al final en su apuesta por dibujar con mayor precisión el perfil del asesino.
¿A quién pueden importarle ahora mismo los “rasgos” o “motivos” de una bestia con aspecto humano que anda suelta realizando, o sea haciendo real, un delirio inspirado sin duda por toda una cultura de la banalización de la violencia, en la que uno de cado dos adolescentes se acuesta a diario después de tirotear, aplastar, acuchillar, incendiar, atropellar, aplastar, disolver con acido o partir por la mitad con una motosierra, a unos cuantos cientos de seres virtuales de un realismo aterrador?
Epopeya esta que le proporciona no sé cuantos cientos de puntos en el videojuego en el que va construyendo, muerto a muerto, su autoestima. Que es de lo que se trata, según parece.
¿Cómo planificó el monstruo del scooter el desarrollo de su hazaña con el sorprendente éxito obtenido hasta el momento, y que le va a proporcionar, al parecer, la oportunidad de sumar unos cuantos puntos más en su siniestro y malvado juego, si alguien no lo evita inmediatamente?
¿Habrán tenido algo que ver las prolijas y detalladas exposiciones que nos proporciona esa llamada policía científica, que llena nuestras pantallas de televisión, sobre las sofisticadas estrategias criminales a las que combate con unas no menos complejas operaciones de averiguación y búsqueda de pruebas?
No se trata de promocionar una cultura buenista y acomplejada que aparte nuestra vista del lado más oscuro de nuestra naturaleza humana. No.
Más bien deberíamos reflexionar seriamente sobre las consecuencias de una especie de saturación de violencia que, una vez más, demuestra lo difícil que es, por lo que estamos viendo, el quitar el freno de una represión estúpida provocada por décadas de prejuicios bastardos y toda clase de tartufismos, sin que el vehículo de nuestra observación de la realidad no se despeñe por el obsceno barranco de la banalización de todo.
El asesino puede ser miembro de una secta. O estar poniendo en práctica un siniestro juego. Puede que sea el miembro más decidido de una banda de extremistas neo-lo-que-sea. Puede que le hayan excluido del ejército. Puede que su mamá no le haya querido. Qué más da.
Lo que a mí me parece más relevante es el simple hecho de que se haya decidido a hacerlo. Ese instante preciso en el que pasó del delirio ideal a la barbarie real. Cuando creyó simplemente que ERA POSIBLE.
Después de interesarme, como me sigo interesando, por el misterio del mal absoluto que fueron capaces de instalar los nazis en una de las sociedades consideradas más desarrolladas y cultas de la época, una de las conclusiones a la que he llegado es que aquellos rufianes, en su radical analfabetismo, llegaron a imaginarse un mundo en el que todo ERA POSIBLE, incluso sus más delirantes proyectos.
Y lo malo es que cuando te convences de que algo imposible es posible, a pesar de las barreras morales que podrían en principio hacerlo parecer así, solo tienes que ponerte en marcha y llevarlo a cabo, demostrando que sí lo era. Después de abolir aquellas barreras, naturalmente.
Si aquello fue posible en una sociedad de ochenta millones de seres instruidos, sanos, bien alimentados y ejemplares ciudadanos ¿cómo no lo va a ser para un mocoso inmaduro, cuya única pretensión pude ser la de que su cara llena de granos puede empezar a verse en la televisión y a llenar las primeras páginas de los diarios?
Ya se encargará alguien de aprovechar esta movida en plena campaña electoral. No tardarán en aparecer esos que no pierden nunca una oportunidad. Los que son tan miserables que se conforman con guardarse la moneda en el juego de cara o cruz cuando nadie se dé cuenta. Los de siempre.
También aparecerán los antirracistas. Son esos personajes que, tal vez porque no están muy seguros de sus convicciones, no paran de berrear demasiado alto y demasiadas veces que a ellos las raza no les importan nada. El asesino mató a unos militares. Magrebíes y antillanos. Y a tres niños y un enseñante judíos. Ni blancos ni cristianos. Para ellos la cuestión estará pues zanjada en un plis-plas. La extrema derecha y arreglado.
También lo arreglaron en su día con los nazis y sus atrocidades. Eran unos monstruos de extrema derecha y arreglado. Ya.
La mala noticia es que los numerosos atentados antijudíos de los últimos años en Francia no se pueden atribuir a la extrema derecha. Fuero en su inmensa mayoría llevados a cabo por un antisemitismo new-age relacionado con el islamismo o con el conflicto arabo-israelí.
Pero, así como en el caso de la barbarie nazi la “explicación” de los hechos encontró en un primer momento únicamente una especie de descripción mecánica, porque la reconstrucción del mundo y la necesidad de olvido eran indispensables entonces, y cuando las aguas volvieron a su cauce algunos empezaron a tratar de entender lo inexplicable, también ahora, ante este tipo de tragedias, es igualmente indispensable indagar sobre las condiciones en las que se producen.
Sobre todo porque, si no acabas por tener una idea más o menos clara sobre lo que pasó, cabe la posibilidad de que vuelvan a reproducirse las condiciones adecuadas para su repetición, y te vuelva a coger desprevenido.
La pregunta pues no es ¿quién está detrás de él? La verdadera pregunta es:
¿Cuántos hay como él?
¿Pude uno imaginarse qué le pasa por el alma a quien empuña un arma y desde el asiento de un scooter apunta fríamente a un niño de tres años y aprieta el gatillo? ¿qué piensa mientras ve como ese pequeño cuerpo sale despedido por el impacto y sin apenas alterarse, como demuestra su mortífera puntería, repite su gesto sobre otras dos criaturas de seis y diez años, antes de abatir a su maestro?
No sé si es esto lo que están pensando los numerosos periodistas que estos días han emprendido una especie de concurso de hipótesis para ver quien acierta al final en su apuesta por dibujar con mayor precisión el perfil del asesino.
¿A quién pueden importarle ahora mismo los “rasgos” o “motivos” de una bestia con aspecto humano que anda suelta realizando, o sea haciendo real, un delirio inspirado sin duda por toda una cultura de la banalización de la violencia, en la que uno de cado dos adolescentes se acuesta a diario después de tirotear, aplastar, acuchillar, incendiar, atropellar, aplastar, disolver con acido o partir por la mitad con una motosierra, a unos cuantos cientos de seres virtuales de un realismo aterrador?
Epopeya esta que le proporciona no sé cuantos cientos de puntos en el videojuego en el que va construyendo, muerto a muerto, su autoestima. Que es de lo que se trata, según parece.
¿Cómo planificó el monstruo del scooter el desarrollo de su hazaña con el sorprendente éxito obtenido hasta el momento, y que le va a proporcionar, al parecer, la oportunidad de sumar unos cuantos puntos más en su siniestro y malvado juego, si alguien no lo evita inmediatamente?
¿Habrán tenido algo que ver las prolijas y detalladas exposiciones que nos proporciona esa llamada policía científica, que llena nuestras pantallas de televisión, sobre las sofisticadas estrategias criminales a las que combate con unas no menos complejas operaciones de averiguación y búsqueda de pruebas?
No se trata de promocionar una cultura buenista y acomplejada que aparte nuestra vista del lado más oscuro de nuestra naturaleza humana. No.
Más bien deberíamos reflexionar seriamente sobre las consecuencias de una especie de saturación de violencia que, una vez más, demuestra lo difícil que es, por lo que estamos viendo, el quitar el freno de una represión estúpida provocada por décadas de prejuicios bastardos y toda clase de tartufismos, sin que el vehículo de nuestra observación de la realidad no se despeñe por el obsceno barranco de la banalización de todo.
El asesino puede ser miembro de una secta. O estar poniendo en práctica un siniestro juego. Puede que sea el miembro más decidido de una banda de extremistas neo-lo-que-sea. Puede que le hayan excluido del ejército. Puede que su mamá no le haya querido. Qué más da.
Lo que a mí me parece más relevante es el simple hecho de que se haya decidido a hacerlo. Ese instante preciso en el que pasó del delirio ideal a la barbarie real. Cuando creyó simplemente que ERA POSIBLE.
Después de interesarme, como me sigo interesando, por el misterio del mal absoluto que fueron capaces de instalar los nazis en una de las sociedades consideradas más desarrolladas y cultas de la época, una de las conclusiones a la que he llegado es que aquellos rufianes, en su radical analfabetismo, llegaron a imaginarse un mundo en el que todo ERA POSIBLE, incluso sus más delirantes proyectos.
Y lo malo es que cuando te convences de que algo imposible es posible, a pesar de las barreras morales que podrían en principio hacerlo parecer así, solo tienes que ponerte en marcha y llevarlo a cabo, demostrando que sí lo era. Después de abolir aquellas barreras, naturalmente.
Si aquello fue posible en una sociedad de ochenta millones de seres instruidos, sanos, bien alimentados y ejemplares ciudadanos ¿cómo no lo va a ser para un mocoso inmaduro, cuya única pretensión pude ser la de que su cara llena de granos puede empezar a verse en la televisión y a llenar las primeras páginas de los diarios?
Ya se encargará alguien de aprovechar esta movida en plena campaña electoral. No tardarán en aparecer esos que no pierden nunca una oportunidad. Los que son tan miserables que se conforman con guardarse la moneda en el juego de cara o cruz cuando nadie se dé cuenta. Los de siempre.
También aparecerán los antirracistas. Son esos personajes que, tal vez porque no están muy seguros de sus convicciones, no paran de berrear demasiado alto y demasiadas veces que a ellos las raza no les importan nada. El asesino mató a unos militares. Magrebíes y antillanos. Y a tres niños y un enseñante judíos. Ni blancos ni cristianos. Para ellos la cuestión estará pues zanjada en un plis-plas. La extrema derecha y arreglado.
También lo arreglaron en su día con los nazis y sus atrocidades. Eran unos monstruos de extrema derecha y arreglado. Ya.
La mala noticia es que los numerosos atentados antijudíos de los últimos años en Francia no se pueden atribuir a la extrema derecha. Fuero en su inmensa mayoría llevados a cabo por un antisemitismo new-age relacionado con el islamismo o con el conflicto arabo-israelí.
Pero, así como en el caso de la barbarie nazi la “explicación” de los hechos encontró en un primer momento únicamente una especie de descripción mecánica, porque la reconstrucción del mundo y la necesidad de olvido eran indispensables entonces, y cuando las aguas volvieron a su cauce algunos empezaron a tratar de entender lo inexplicable, también ahora, ante este tipo de tragedias, es igualmente indispensable indagar sobre las condiciones en las que se producen.
Sobre todo porque, si no acabas por tener una idea más o menos clara sobre lo que pasó, cabe la posibilidad de que vuelvan a reproducirse las condiciones adecuadas para su repetición, y te vuelva a coger desprevenido.
La pregunta pues no es ¿quién está detrás de él? La verdadera pregunta es:
¿Cuántos hay como él?
lunes, 12 de marzo de 2012
Últimas noticias de El Turco.
El 17 de febrero de 2012 la Asamblea General de la ONU ha condenado solemnemente al gobierno totalitario de Siria. En la resolución, adoptada por 137 votos a favor, 12 en contra y 17 abstenciones, los estados miembros denuncian firmemente “la violación generalizada y sistemática de los derechos humanos y de las libertades fundamentales por parte de sus responsables”. “Exhorta al gobierno sirio a poner fin …bla, bla, bla.”
¿Quienes fueron los hermanos solidarios que apoyaron sin fisuras a aquel firme guardián de las auténticas esencias democráticas, maltratado y calumniado por la perfidia imperialista?
¡Bingo!¡Ha acertado el caballero!
La verdad es que no era difícil. La respuesta correcta era: Bielorusia. Bolivia. Cuba. China. Ecuador. Irán. Nicaragua. Corea del Norte. Rusia. Siria. Venezuela y Zimbabwe.
¡El Club de la Libertad Vigilada (CLV) en pleno!
¿Y qué ha pasado entretanto en nuestra organización internacional preferida, la UNESCO?
Agarraos. Según informa UNWatch, a pesar de una propuesta de resolución liderada por los USA para expulsar a Siria, la UNESCO descartó la medida por una votación de 35-8, permitiendo a ese paradigma de tolerancia que es el estado totalitario de Bashar al-Assad, permanecer como miembro del panel de Derechos Humanos de la inefable institución.
Por otra parte, según el diario Liberation, Rusia habría proporcionado tanto a Siria como a Irán grandes cantidades de armas ligeras aunque, tras una intervención de Israel y de los EEUU, habría rechazado la petición, hecha por parte de sus traviesos amiguitos, de dotarles de misiles antiaéreos de la última generación, así como de aviones de combate MiG- 31. Responsables de la defensa israelí han declarado al Jerusalem Post que el gobierno judío habría decidido entregar aviones no tripulados (Drones) a Rusia a condición de que esta no transfiriera tecnología a los mencionados países musulmanes.
A mí esta especie de falsa calma, o mejor dicho, de lenta marcha hacia el desastre en Oriente Medio no deja que suscitarme un montón de preguntas.
Nada de lo que está sucediendo, digamos desde la inmolación del vendedor ambulante tunecino, parece tener lógica. Los ejemplos que tantas veces en su día tampoco parecieron tenerla y acabaron alcanzando un extraño desenlace, muy distante de las voluntaristas expectativas que nos habíamos creado, son numerosos. Esos ejemplos siempre empezaron llamándose “Primavera de Algo”. Acordaros de Praga.
Estas cosas, a base de repetirse, acaban convenciéndonos de que poseen alguna especie de coherencia en el interior de su absurdo. Pero esta vez, en los actuales prolegómenos del estallido que parece inevitable, no acabo de intuir la causa o la finalidad a las que obedecen.
En principio siempre sospeché que el más dinámico de entre los múltiples planteamientos musulmanes era el que representa el delirio chiita. En principio, cuando tuvo lugar su triunfo en el Irán del Shah, no reparamos en su notable dimensión “moderna”, cegados por la inesperada brillantez de su victoria, y sumidos, como estábamos, en la suicida soberbia cultural en la que solemos balancearnos con nuestra somnolienta ignorancia.
Esa secta representa la opción minoritaria del conjunto musulmán y, tal vez por eso, una de las más radicales. Su debilidad numérica les ha llevado a menudo a plantear su lucha en un terreno casi suicida. Pero, cuidado, esa circunstancia no los reduce simplemente a un grupo de “fous de Dieu”. Han estudiado muy bien las condiciones de nuestra civilización a fin de descubrir nuestros ángulos muertos. Eso explica su extraordinaria audacia en el caso de la toma de poder en el Irán del Shah Phalevi, y el reto subsiguiente que representó para Occidente, cogido una vez más con el paso cambiado.
Con el tiempo, han ido apareciendo rasgos en su enconada trayectoria hacia la hegemonía sectaria, frente al resto de sus competidores, que valorados en perspectiva aportan algunos aspectos ciertamente inesperados; sobre todo con relación al tradicional inmovilismo al que los Saudíes, como poder islámico más frecuentado por nosotros, nos habían acostumbrado.
Seguramente su pretensión de convertir su país en una potencia capaz de plantear el chantaje del terror nuclear al resto de sus competidores y a Occidente, no sea más que otra de las variantes de su congénita condición de "Blade Runners". De su obsesiva huida hacia adelante. Pero otros sujetos históricos que profesaban el vértigo de la escapada hacia ninguna parte nos han mostrado ya el apocalipsis nihilista que anidaba en sus perturbadas molleras, y sus aterradoras consecuencias.
Pero, para complicar más aun este rompecabezas, hay otros acontecimientos simultáneos que están teniendo lugar en el área. ¿Relacionados?
Son los acontecimientos recientes del litoral sur del Mediterráneo. Extraños en su gestación, turbios en su desarrollo, y poco claros en sus respectivos desenlaces –desde luego bien alejados de ciertas alegres expectativas primaverales que nuestro arrogante eurocentrismo se apuró en airear- la idea de un posible plan a largo plazo, pausado y oriental, en las antípodas del sentido occidental del tiempo y en consecuencia incomprensible, es una de las escasas hipótesis en las que lo que está ocurriendo actualmente encuentra una cierta coherencia.
Menospreciamos a menudo la existencia de otra realidad islámica, con sus raíces bien enterradas en grupos notablemente desarrollados intelectualmente, como los Hermanos Musulmanes, que silenciosa y prudentemente han ido estableciendo las primeras balizas de una estrategia moderna desde los lejanos años ’30 del pasado siglo,
El rasgo esencial de Al-Ijwan o Al-Ikhwan, literalmente Los Hermanos, es su casi endocrina vocación anti-occidental. Así lo demostraron desde su presentación en sociedad prestándole su colaboración al nacionalista primer ministro egipcio Ismail Sadqi en su enfrentamiento con los partidarios de la occidentalización del país en la década de 1930.
Pero es su dimensión política la que dota a esta organización de su peculiar estilo. Abandonando aspectos seculares de su cultura, que los colocaban en situación de inferioridad, la mayoría de sus responsables han estudiado en instituciones docentes de las sociedades occidentales. Desde el principio de su existencia política han ido ideando estrategias de lucha sofisticadas y evolutivas que han situado en una nueva dimensión la consecución del objetivo común de todo musulmán: la instalación del estado teocrático, con la Sharia como núcleo inspirador de las leyes que regulan la vida y el estado.
Por eso, tal vez el germen de la originalidad de La Hermandad estuvo constituido desde el principio por la condición de intelectuales de sus impulsores, para quienes el estudio y la madurez mental eran la base de su lucha. Su evolución desde momentos de gran radicalidad hasta la etapa más política, inaugurada en tiempos de Nasser, no les ahorró las dificultades ni la represión de los sucesivos gobiernos.
Tuvieron desde el principio un gran interés por la difusión de sus ideas y son notables sus éxitos en la organización de escuelas y centros sociales de ayuda a los más desfavorecidos, aspectos que favorecieron notablemente su labor de proselitismo. Consecuentes con su afán antioccidental, sus relaciones con organizaciones antiisraelíes datan de la primera guerra de Palestina en 1947. Ulteriormente se hicieron notorios sus permanentes vínculos con organizaciones como Hamas, Hezbolah etc. ¿Conexión chií?
Sin embargo, su rasgo más interesante en este momento en el que aparentan haber adoptado una posición decididamente respetuosa con los normas democráticas, es el indudable papel que han desempeñado Los Hermanos en los recientes conflictos de Túnez, Libia y en su propio país de origen, Egipto.
No está nada claro cual será el desarrollo de su jugada en ese tablero. Y la clave está en el ritmo, en mí opinión. Tengo la impresión de que saben que nuestro ritmo histórico es el flanco vulnerable de nuestro dispositivo. Creo que confían en que las situaciones en las que intervenimos se desestabilizan con el paso del tiempo, y que nuestra capacidad de adoptar un compás más lento es cada día menor. Un día tendremos que dejar Irak. Otro no podremos continuar en Afganistán. Ellos tienen el tiempo de su lado.
Supongo que las potencias occidentales, dejando al margen los complejos compromisos geoeconómicos contraídos y su difícil modificación a corto plazo, conocen perfectamente la controversia que plantea la pretensión hegemónica del chiismo, frente a la secular influencia en la región de los fundamentalistas wahabistas o salafistas, como prefieren ser llamados, pero que no deja de ser una secta del sunnismo, cuya autoridad reside en la familia feudal que reina en Arabia Saudita.
El primer acto de esa tragedia ya se está viviendo en Siria. Allí no se está dirimiendo ningún proyecto de "primavera". Allí tres cuartas partes de la población, que son de profesión sunníi se van a comer a la otra cuarta parte, que es la que ejerce el poder desde los tiempos del papá del niño del pescuezo, en cuanto se hagan con la manija.
Explotar ese conflicto, por parte de los países occidentales, parecería a primera vista algo así como jugar la partida con un comodín. Sin embargo, en esa región del mundo las cosas raramente son como aparentan. Sobre todo si tenemos en cuenta que en este globalizado rincón del universo, conviven algunos estados en situación de evolución volcánica, como puede ser la Rusia post-comunista de ese espécimen difícilmente clasificable que es el ex-továrishch Putin. Este extravagante sujeto, en sus pesadillas, trata de encontrar a alguien que se disfrace de Roosewelt para repetirle el truco del almendruco de Yalta, inspirado por el espectro de Stalin que le tiene poseído.
Y, claro, cuando despierta el único avispero en el que se le ocurre meter baza es en Oriente Medio, y al lado de los malos. Como es natural. Su papel estelar en el conflicto que enfrentó a los bondadosos miembros del ejercito regular ruso contra los seráficos querubines de la resistencia islamista de Chechenia no le permite otra alternativa que ponerse frente a aquellos que financiaron a los traviesos chechenos antes de que hiciera salchichas con ellos.
Y por si todo este merdier no ofreciese un suficientemente prometedor futuro de alegres y vistosas fiestas patronales en homenaje al pastorcillo sanguinario y pederasta Abu l-Qasim Muhammad ibn ‘Abd Allāh al-Hashimi al-Qurashi, alias Mahoma, aparece esa especie de repelente niño Vicente de Siria tratando de quitarse la mancha sanguinolenta de su bigotito de alférez provisional, desempeñando con esmero su papel de palanganero de ese otro personaje con pinta aparcacoches que ha perdido la gorrilla y se toma por Jerjes I en su Persia natal. O sea el Mahmud Ahmadineyad.
Y, finalmente, a este rosario de perlas poco cultivadas se le ofrece con voluntad bilivariana el que faltaba. El primate venezolano al que los recauchutados cubanos parecen permitirle un último eructo antiimperialista y patriótico.
Conclusión; cuando creía que podría poner un mínimo orden en este cuadro, viene Putin y se pone a mear en el hormiguero. En fin, las cosas parecen estar más o menos así.
Claro que puede que ocurra una de esas cosas que de pronto colocan las fichas de otra manera. Por ejemplo una patada en la mesa. La patada de alguien que está verdaderamente cabreado con tanto capullo rompepelotas.
Por ejemplo Israel.
P.S.
Ya había dado por terminada esta reflexión, cuando me ha llegado un enlace:http://www.liveleak.com/view?i=54c_1330621949 en el que, en lo que parece una grabación hecha con un teléfono, se ve a un numeroso grupo de jóvenes, casi adolescentes, armados con fusiles de asalto, que se entretienen con entusiasmo en la destrucción de las lápidas de un cementerio de guerra de los aliados, de los muchos que existen el Libia. Estos lugares fueron cuidados y respetados durante más de sesenta años hasta la llegada de la primavera arabe a ese país.
Me pregunto que pensarán hacer los países miembros de la OTAN que prestaron ayuda a esta banda de bárbaros en su pretendida lucha por la libertad, teniendo en cuenta que esa organización militar es la heredera directa de las fuerzas aliadas en el seno de las cuales lucharon y murieron por defender los principìos de la civilización contra la barbarie esos héroes cuyo reposo bien merecido ha sido profanado por estos alumnos aventajados de la cultura islámica.
¿No aprenderemos nunca?
¿Quienes fueron los hermanos solidarios que apoyaron sin fisuras a aquel firme guardián de las auténticas esencias democráticas, maltratado y calumniado por la perfidia imperialista?
¡Bingo!¡Ha acertado el caballero!
La verdad es que no era difícil. La respuesta correcta era: Bielorusia. Bolivia. Cuba. China. Ecuador. Irán. Nicaragua. Corea del Norte. Rusia. Siria. Venezuela y Zimbabwe.
¡El Club de la Libertad Vigilada (CLV) en pleno!
¿Y qué ha pasado entretanto en nuestra organización internacional preferida, la UNESCO?
Agarraos. Según informa UNWatch, a pesar de una propuesta de resolución liderada por los USA para expulsar a Siria, la UNESCO descartó la medida por una votación de 35-8, permitiendo a ese paradigma de tolerancia que es el estado totalitario de Bashar al-Assad, permanecer como miembro del panel de Derechos Humanos de la inefable institución.
Por otra parte, según el diario Liberation, Rusia habría proporcionado tanto a Siria como a Irán grandes cantidades de armas ligeras aunque, tras una intervención de Israel y de los EEUU, habría rechazado la petición, hecha por parte de sus traviesos amiguitos, de dotarles de misiles antiaéreos de la última generación, así como de aviones de combate MiG- 31. Responsables de la defensa israelí han declarado al Jerusalem Post que el gobierno judío habría decidido entregar aviones no tripulados (Drones) a Rusia a condición de que esta no transfiriera tecnología a los mencionados países musulmanes.
A mí esta especie de falsa calma, o mejor dicho, de lenta marcha hacia el desastre en Oriente Medio no deja que suscitarme un montón de preguntas.
Nada de lo que está sucediendo, digamos desde la inmolación del vendedor ambulante tunecino, parece tener lógica. Los ejemplos que tantas veces en su día tampoco parecieron tenerla y acabaron alcanzando un extraño desenlace, muy distante de las voluntaristas expectativas que nos habíamos creado, son numerosos. Esos ejemplos siempre empezaron llamándose “Primavera de Algo”. Acordaros de Praga.
Estas cosas, a base de repetirse, acaban convenciéndonos de que poseen alguna especie de coherencia en el interior de su absurdo. Pero esta vez, en los actuales prolegómenos del estallido que parece inevitable, no acabo de intuir la causa o la finalidad a las que obedecen.
En principio siempre sospeché que el más dinámico de entre los múltiples planteamientos musulmanes era el que representa el delirio chiita. En principio, cuando tuvo lugar su triunfo en el Irán del Shah, no reparamos en su notable dimensión “moderna”, cegados por la inesperada brillantez de su victoria, y sumidos, como estábamos, en la suicida soberbia cultural en la que solemos balancearnos con nuestra somnolienta ignorancia.
Esa secta representa la opción minoritaria del conjunto musulmán y, tal vez por eso, una de las más radicales. Su debilidad numérica les ha llevado a menudo a plantear su lucha en un terreno casi suicida. Pero, cuidado, esa circunstancia no los reduce simplemente a un grupo de “fous de Dieu”. Han estudiado muy bien las condiciones de nuestra civilización a fin de descubrir nuestros ángulos muertos. Eso explica su extraordinaria audacia en el caso de la toma de poder en el Irán del Shah Phalevi, y el reto subsiguiente que representó para Occidente, cogido una vez más con el paso cambiado.
Con el tiempo, han ido apareciendo rasgos en su enconada trayectoria hacia la hegemonía sectaria, frente al resto de sus competidores, que valorados en perspectiva aportan algunos aspectos ciertamente inesperados; sobre todo con relación al tradicional inmovilismo al que los Saudíes, como poder islámico más frecuentado por nosotros, nos habían acostumbrado.
Seguramente su pretensión de convertir su país en una potencia capaz de plantear el chantaje del terror nuclear al resto de sus competidores y a Occidente, no sea más que otra de las variantes de su congénita condición de "Blade Runners". De su obsesiva huida hacia adelante. Pero otros sujetos históricos que profesaban el vértigo de la escapada hacia ninguna parte nos han mostrado ya el apocalipsis nihilista que anidaba en sus perturbadas molleras, y sus aterradoras consecuencias.
Pero, para complicar más aun este rompecabezas, hay otros acontecimientos simultáneos que están teniendo lugar en el área. ¿Relacionados?
Son los acontecimientos recientes del litoral sur del Mediterráneo. Extraños en su gestación, turbios en su desarrollo, y poco claros en sus respectivos desenlaces –desde luego bien alejados de ciertas alegres expectativas primaverales que nuestro arrogante eurocentrismo se apuró en airear- la idea de un posible plan a largo plazo, pausado y oriental, en las antípodas del sentido occidental del tiempo y en consecuencia incomprensible, es una de las escasas hipótesis en las que lo que está ocurriendo actualmente encuentra una cierta coherencia.
Menospreciamos a menudo la existencia de otra realidad islámica, con sus raíces bien enterradas en grupos notablemente desarrollados intelectualmente, como los Hermanos Musulmanes, que silenciosa y prudentemente han ido estableciendo las primeras balizas de una estrategia moderna desde los lejanos años ’30 del pasado siglo,
El rasgo esencial de Al-Ijwan o Al-Ikhwan, literalmente Los Hermanos, es su casi endocrina vocación anti-occidental. Así lo demostraron desde su presentación en sociedad prestándole su colaboración al nacionalista primer ministro egipcio Ismail Sadqi en su enfrentamiento con los partidarios de la occidentalización del país en la década de 1930.
Pero es su dimensión política la que dota a esta organización de su peculiar estilo. Abandonando aspectos seculares de su cultura, que los colocaban en situación de inferioridad, la mayoría de sus responsables han estudiado en instituciones docentes de las sociedades occidentales. Desde el principio de su existencia política han ido ideando estrategias de lucha sofisticadas y evolutivas que han situado en una nueva dimensión la consecución del objetivo común de todo musulmán: la instalación del estado teocrático, con la Sharia como núcleo inspirador de las leyes que regulan la vida y el estado.
Por eso, tal vez el germen de la originalidad de La Hermandad estuvo constituido desde el principio por la condición de intelectuales de sus impulsores, para quienes el estudio y la madurez mental eran la base de su lucha. Su evolución desde momentos de gran radicalidad hasta la etapa más política, inaugurada en tiempos de Nasser, no les ahorró las dificultades ni la represión de los sucesivos gobiernos.
Tuvieron desde el principio un gran interés por la difusión de sus ideas y son notables sus éxitos en la organización de escuelas y centros sociales de ayuda a los más desfavorecidos, aspectos que favorecieron notablemente su labor de proselitismo. Consecuentes con su afán antioccidental, sus relaciones con organizaciones antiisraelíes datan de la primera guerra de Palestina en 1947. Ulteriormente se hicieron notorios sus permanentes vínculos con organizaciones como Hamas, Hezbolah etc. ¿Conexión chií?
Sin embargo, su rasgo más interesante en este momento en el que aparentan haber adoptado una posición decididamente respetuosa con los normas democráticas, es el indudable papel que han desempeñado Los Hermanos en los recientes conflictos de Túnez, Libia y en su propio país de origen, Egipto.
No está nada claro cual será el desarrollo de su jugada en ese tablero. Y la clave está en el ritmo, en mí opinión. Tengo la impresión de que saben que nuestro ritmo histórico es el flanco vulnerable de nuestro dispositivo. Creo que confían en que las situaciones en las que intervenimos se desestabilizan con el paso del tiempo, y que nuestra capacidad de adoptar un compás más lento es cada día menor. Un día tendremos que dejar Irak. Otro no podremos continuar en Afganistán. Ellos tienen el tiempo de su lado.
Supongo que las potencias occidentales, dejando al margen los complejos compromisos geoeconómicos contraídos y su difícil modificación a corto plazo, conocen perfectamente la controversia que plantea la pretensión hegemónica del chiismo, frente a la secular influencia en la región de los fundamentalistas wahabistas o salafistas, como prefieren ser llamados, pero que no deja de ser una secta del sunnismo, cuya autoridad reside en la familia feudal que reina en Arabia Saudita.
El primer acto de esa tragedia ya se está viviendo en Siria. Allí no se está dirimiendo ningún proyecto de "primavera". Allí tres cuartas partes de la población, que son de profesión sunníi se van a comer a la otra cuarta parte, que es la que ejerce el poder desde los tiempos del papá del niño del pescuezo, en cuanto se hagan con la manija.
Explotar ese conflicto, por parte de los países occidentales, parecería a primera vista algo así como jugar la partida con un comodín. Sin embargo, en esa región del mundo las cosas raramente son como aparentan. Sobre todo si tenemos en cuenta que en este globalizado rincón del universo, conviven algunos estados en situación de evolución volcánica, como puede ser la Rusia post-comunista de ese espécimen difícilmente clasificable que es el ex-továrishch Putin. Este extravagante sujeto, en sus pesadillas, trata de encontrar a alguien que se disfrace de Roosewelt para repetirle el truco del almendruco de Yalta, inspirado por el espectro de Stalin que le tiene poseído.
Y, claro, cuando despierta el único avispero en el que se le ocurre meter baza es en Oriente Medio, y al lado de los malos. Como es natural. Su papel estelar en el conflicto que enfrentó a los bondadosos miembros del ejercito regular ruso contra los seráficos querubines de la resistencia islamista de Chechenia no le permite otra alternativa que ponerse frente a aquellos que financiaron a los traviesos chechenos antes de que hiciera salchichas con ellos.
Y por si todo este merdier no ofreciese un suficientemente prometedor futuro de alegres y vistosas fiestas patronales en homenaje al pastorcillo sanguinario y pederasta Abu l-Qasim Muhammad ibn ‘Abd Allāh al-Hashimi al-Qurashi, alias Mahoma, aparece esa especie de repelente niño Vicente de Siria tratando de quitarse la mancha sanguinolenta de su bigotito de alférez provisional, desempeñando con esmero su papel de palanganero de ese otro personaje con pinta aparcacoches que ha perdido la gorrilla y se toma por Jerjes I en su Persia natal. O sea el Mahmud Ahmadineyad.
Y, finalmente, a este rosario de perlas poco cultivadas se le ofrece con voluntad bilivariana el que faltaba. El primate venezolano al que los recauchutados cubanos parecen permitirle un último eructo antiimperialista y patriótico.
Conclusión; cuando creía que podría poner un mínimo orden en este cuadro, viene Putin y se pone a mear en el hormiguero. En fin, las cosas parecen estar más o menos así.
Claro que puede que ocurra una de esas cosas que de pronto colocan las fichas de otra manera. Por ejemplo una patada en la mesa. La patada de alguien que está verdaderamente cabreado con tanto capullo rompepelotas.
Por ejemplo Israel.
P.S.
Ya había dado por terminada esta reflexión, cuando me ha llegado un enlace:http://www.liveleak.com/view?i=54c_1330621949 en el que, en lo que parece una grabación hecha con un teléfono, se ve a un numeroso grupo de jóvenes, casi adolescentes, armados con fusiles de asalto, que se entretienen con entusiasmo en la destrucción de las lápidas de un cementerio de guerra de los aliados, de los muchos que existen el Libia. Estos lugares fueron cuidados y respetados durante más de sesenta años hasta la llegada de la primavera arabe a ese país.
Me pregunto que pensarán hacer los países miembros de la OTAN que prestaron ayuda a esta banda de bárbaros en su pretendida lucha por la libertad, teniendo en cuenta que esa organización militar es la heredera directa de las fuerzas aliadas en el seno de las cuales lucharon y murieron por defender los principìos de la civilización contra la barbarie esos héroes cuyo reposo bien merecido ha sido profanado por estos alumnos aventajados de la cultura islámica.
¿No aprenderemos nunca?
domingo, 26 de febrero de 2012
¡Sigue el bochinche cumpay…!
Pues sí. Ahí los tenemos de nuevo. Tras ocho años de matrimonios extravagantes; igualdades y simetrías verticales; memorias y olvidos seleccionados y otro sinfín de variados entretenimientos que no les permitieron encontrar tiempo para gobernar el país real.
Ya están donde solían estar cuando las cosas iban bien en España, y antes de que un fatídico día un gobierno, aturdido por la tragedia, preguntase por lo que estaba pasando a las personas equivocadas.
Es decir, a aquellas que estaban esperando que se les preguntase para dar la respuesta falsa, y permitir que los miembros de ese gobierno quedasen como unos mentirosos obtusos y obcecados y que el coro de cojos manteca preparado al efecto montase un estruendoso concierto para que, al día siguiente, perdieran las elecciones. Como así fue.
Ya están de nuevo en su terreno natal. En la calle. Y montando la tabarra.
Es como una película mil veces vista y mil veces reestrenada. Ya tenemos a ese líder de las primeras cuarenta y ocho horas. Una cara nueva y joven que ya ha tenido su cuarto de hora de fama. Una especie de tenista serbio visto por la lente invertida de unos prismáticos, con la canónica PIP (prenda de identificación política) palestina enrollada en el pescuezo.
A esta perla, que se declara castrista, facción llamazarista y, a sus 20/23 años según las fuentes, parece que le cuesta acabar los altos estudios especializados de FP, ya que sus ocupaciones de pirómano urbano: “¡Hay que quemar la calle a sangre y fuego![sic]” no le dejan tiempo para nada.
Eso sí, a veces se superan a sí mismos. El numerito de recibirlo como invitado especial en el parlamento autonómico, con atronador aplauso incluido por parte de la caverna izquierdista, es difícil de superar. Nunca dejará de sorprendernos la capacidad creativa que manifiestan en cuanto pierden unas elecciones. ¡Que despilfarro de talento para la comunicación!
Pero la verdad es que, para los que ya afeitamos canas, todo esto ya son más o menos previsible.
Históricamente hablando, el PSOE, convencido de su exclusiva e intransferible condición de depositario único de las esencias democráticas, ha desarrollado un potente instinto de cruzada contra cualquiera que les usurpe las elecciones, naturalmente sin legitimidad moral para ello. Los efectos de ese reflejo han tenido unas consecuencias variopintas a lo largo del pasado siglo, y, según parece, aún lo conservan en su patética agonía actual.
La proclamación de la II Republica, regalo envenenado que dejó el abuelo de nuestro actual monarca con su precipitada salida de España, no fue percibido por aquellos marxistas del PSOE como la llegada de un sistema más democrático y “moderno” de gobierno, como sería sensato pensar. No señor. En el fervoroso afán revolucionario de aquellos tigres de papel, no cabía otra interpretación que la de verse a sí mismos como unos abnegados héroes, cuya esforzada lucha había aplastado por fin a la odiada tiranía de los Borbones.
Su recompensa duro dos años. Entre 1931 y 1933.
¿Qué decir de la inesperada, injusta e intolerable derrota en las elecciones de Noviembre de 1933?
A pesar de haber aguantado en un gobierno con los republicanos de Azaña durante dos años, la votación femenina, derecho conseguido por primera vez en la historia del país a pesar de la feroz oposición por parte de los “progresistas”, y la participación de una España agraria que se había mantenido políticamente bastante al margen hasta entonces, estuvieron entre las razones principales de la debacle socialista: 250 diputados de derechas; 119 de centro y 95 de izquierdas.
¿Cuál fue la reacción instintiva inmediata de esos depositarios de la buena nueva democrática? Organizar una huelga general revolucionaria. O sea un golpe de estado contra el orden republicano.
Resultado: más de mil muertos y, solo en Asturias y entre otros “heroicos objetivos” revolucionarios, destrucción de la biblioteca de la universidad con pérdida de 10.000 volúmenes, entre los que se encontraban varios incunables formando parte de los fondos acumulados desde su fundación en 1605.
Ya se sabe. La izquierda es “la cultura”.
En fin, aquello acabó como acabó. Y el PSOE no le quedo más remedio que recoger parte de desastre que había provocado. No consiguieron recuperar su “legítimo” poder, hasta 1936, en el Frente Popular, pero ahí ¡ay amigo! ya les habían surgido competidores en la sagrada tarea de crear un mundo nuevo y luminoso.
Con una brillante y permanente actuación en la calle, ilustrada con la jubilosa quema de iglesias y conventos, prepararon las condiciones para una pira monumental. Y los militares africanos, que se aburrían mucho sin moros que liquidar y ascensos que conseguir, lo intentaron una vez más.
A los socialistas el intento les vino muy bien. Había que armarla de nuevo.
Y así fue; entre todos los pirómanos de todos los colores, trabajando codo con codo, “iluminaron” el país durante tres años. A unos 400.000 se les fundieron los plomos definitivamente. Al resto les salió un molesto grano en el trasero. Es decir Franco.
Cuando se produjo la llamada Transición, con las elecciones posteriores a la instauración constitucional en 1978, el PSOE no la reconoció como tal. Para ellos la “verdadera” transición, es decir el final de la dictadura franquista, no se produciría hasta la ocupación del poder por las fuerzas del “progreso”. O sea por ellos mismos. Y eso ocurrió en 1982, tras haberse dedicado con entusiasmo, en esos años previos, a desestabilizar al partido de Adolfo Suarez haciéndole el juego sin pudor a los extremistas de derechas y militares franquistas que trataban de obtener la cabeza del presidente. Hasta que, claro, después de conseguir convertir al pais en un manicomio en régimen de autogestión –frase inconmesurable de Blas Piñar– los militares golpistas, que habían vivido muy tranquilos hasta la fecha, lo intentaron, una vez más.
Y a los socialistas ese intento les vino muy bien. Había que armarla otra vez.
Y esta vez lo consiguieron. Pero desde 1982 hasta 1996, acumularon tanto poder que se produjo lo inevitable en un partido de esas características; el efecto “plétora”. La Plétora es un síndrome producido por un exceso de glóbulos… ¿de qué color? ¡rojos… a ver! ¿de qué color van a ser sino?
En 1996 la derrota no provocó ese instinto asesino de otras veces. Estaban haciendo una digestión tan pesada con todo lo que se habían zampado en aquellos catorce años, que parecían eternos, que esa digestión acabó degenerando en indigestión y esta en peritonitis. Es decir en Zapatero.
El partido no había evolucionado mucho. Hay que comprender que cuando ya se posee un análisis “científico” de la realidad es muy difícil mejorar el invento. Con el clan de los sevillanos lo que sí mejoró mucho fue el nivel socio-profesional de su entorno inmediato ¡ese sí que cambió con relación al principio!
Se multiplicó exponencialmente. Yo diría que casi alcanzó el prodigio sociológico de crear una clase social nueva, con signos externos de identidad muy específicos y nunca vistos hasta aquel momento. Los posmodernos. Todavía hoy se pueden encontrar rastros remotos de aquellos singulares seres en esos homínidos que se empeñan en ilustrarte sobre el fondo de frambuesa en el retrogusto de algo que para ti era un buen vino, y te hunden tu degustación.
Pero en las peleas de callejón oscuro donde los rufianes manejan las navajas con una rara habilidad para poner en evidencia casi forense las asaduras del angelito que tienen delante, siempre hay un listillo que se agazapa escondido detrás de una tapa de cubo de la basura, pensando que si espera con paciencia a que todos estén despanzurrados, puede tener una oportunidad que ni en sueños podría haber imaginado.
Y así ocurrió. Y cuando los que le rodeaban se preguntaban unos a otros quién coño era aquel tipo con cara de yo-no-fui, va el menda y les cuenta una historia de un abuelo, que no era más que la historia de siempre, pero que dentro de los coches blindados con chofer-guardachepas, habían sido olvidada totalmente.
Y con ese truco fue tirando. Poco a poco, porque los que ocupaban los sillones del poder lo estaban haciendo bien y no tenían la más mínima pinta de dejarlos en un plazo prudencial. Pero… cuando eres un alumno aplicado en el estudio de aquel pasado polvoriento, acabas encontrando el olvidado manual de prácticas-para-la-toma-del-poder. Entonces Él sufrió una especie de éxtasis y se dijo entusiasmado ¡Coño! ¿pero cómo no se me había ocurrido antes?
¡La calle! Así. Como suena. L-A C-A-L-L-E.
Dicho y hecho. Claro, en 2002 no se puede montar una como la de Octubre del 34. Pero en un mundo virtual como el actual, a lo mejor, con “incendiar las calles a sangre y fuego[sic]” te lo puedes montar. Pues a ello. Sitúate en el fondo de la pista y a repartir raquetazos a cualquier bola que ande volando por ahí. Si no es un Prestige, es el lino. Y si no la guerra de Irak. Todo. La caja acústica creada es capaz de amplificar un timo de la estampita hasta la sonoridad de la quiebra de Wall Street. Para eso están el país y El País.
Luego… luego ocurrió que doscientos inocentes atrapados dentro de la ratonera explosiva de unos trenes les pusieron en la bandeja, esa bandeja siempre exenta de escrúpulos morales del Partido Socialista, la suculenta oportunidad de asestar una cobarde puñalada de puntillero, cuando el contrincante, y toda la gente decente de este país, tenían la cabeza baja por la tragedia.
Y a los socialistas, una vez más, esa tragedia les vino muy bien.
¿A que habéis pillado el truco de la continuidad en el método, verdad? Esta chupado.
De los siguientes ochos años nos queda todavía suficiente tiña de la que ese raposo nos ha infectado como para comentarlo. Ahora, esa sombra silenciosa, de cuya improbable existencia nunca se está seguro del todo, se desliza sigilosa por el pasillo de algún instituto de enseñanza media, mientras sueña con que alguien le sopla cómo dar conferencias a 40.000 € la pieza, cuando se es analfabeto.
En el destartalado autobús socialista ha ocupado el puesto del conductor un aprendiz de mecánico, que se fijaba mucho en como lo hacían antes aquellos listos andaluces mientras él barría la trastienda. Pero él tiene una gran pericia adquirida en esa penumbra del cuarto de las escobas. Él está diplomado en difíciles disciplinas de orden pragmático.
Él es perito en calles.
Y así estamos queridos cofrades. Casi donde estábamos hace años. Este país es eterno. ¡Con la de veces que estuvimos seguros de que podríamos contribuir a que fuera… solo como los otros…! Como diría mi amigo Alfredo “Chocolate” Armenteros “ ¡Sigue el bochinche cumpay…!
Nos vamos a divertir. Seguro.
Ya están donde solían estar cuando las cosas iban bien en España, y antes de que un fatídico día un gobierno, aturdido por la tragedia, preguntase por lo que estaba pasando a las personas equivocadas.
Es decir, a aquellas que estaban esperando que se les preguntase para dar la respuesta falsa, y permitir que los miembros de ese gobierno quedasen como unos mentirosos obtusos y obcecados y que el coro de cojos manteca preparado al efecto montase un estruendoso concierto para que, al día siguiente, perdieran las elecciones. Como así fue.
Ya están de nuevo en su terreno natal. En la calle. Y montando la tabarra.
Es como una película mil veces vista y mil veces reestrenada. Ya tenemos a ese líder de las primeras cuarenta y ocho horas. Una cara nueva y joven que ya ha tenido su cuarto de hora de fama. Una especie de tenista serbio visto por la lente invertida de unos prismáticos, con la canónica PIP (prenda de identificación política) palestina enrollada en el pescuezo.
A esta perla, que se declara castrista, facción llamazarista y, a sus 20/23 años según las fuentes, parece que le cuesta acabar los altos estudios especializados de FP, ya que sus ocupaciones de pirómano urbano: “¡Hay que quemar la calle a sangre y fuego![sic]” no le dejan tiempo para nada.
Eso sí, a veces se superan a sí mismos. El numerito de recibirlo como invitado especial en el parlamento autonómico, con atronador aplauso incluido por parte de la caverna izquierdista, es difícil de superar. Nunca dejará de sorprendernos la capacidad creativa que manifiestan en cuanto pierden unas elecciones. ¡Que despilfarro de talento para la comunicación!
Pero la verdad es que, para los que ya afeitamos canas, todo esto ya son más o menos previsible.
Históricamente hablando, el PSOE, convencido de su exclusiva e intransferible condición de depositario único de las esencias democráticas, ha desarrollado un potente instinto de cruzada contra cualquiera que les usurpe las elecciones, naturalmente sin legitimidad moral para ello. Los efectos de ese reflejo han tenido unas consecuencias variopintas a lo largo del pasado siglo, y, según parece, aún lo conservan en su patética agonía actual.
La proclamación de la II Republica, regalo envenenado que dejó el abuelo de nuestro actual monarca con su precipitada salida de España, no fue percibido por aquellos marxistas del PSOE como la llegada de un sistema más democrático y “moderno” de gobierno, como sería sensato pensar. No señor. En el fervoroso afán revolucionario de aquellos tigres de papel, no cabía otra interpretación que la de verse a sí mismos como unos abnegados héroes, cuya esforzada lucha había aplastado por fin a la odiada tiranía de los Borbones.
Su recompensa duro dos años. Entre 1931 y 1933.
¿Qué decir de la inesperada, injusta e intolerable derrota en las elecciones de Noviembre de 1933?
A pesar de haber aguantado en un gobierno con los republicanos de Azaña durante dos años, la votación femenina, derecho conseguido por primera vez en la historia del país a pesar de la feroz oposición por parte de los “progresistas”, y la participación de una España agraria que se había mantenido políticamente bastante al margen hasta entonces, estuvieron entre las razones principales de la debacle socialista: 250 diputados de derechas; 119 de centro y 95 de izquierdas.
¿Cuál fue la reacción instintiva inmediata de esos depositarios de la buena nueva democrática? Organizar una huelga general revolucionaria. O sea un golpe de estado contra el orden republicano.
Resultado: más de mil muertos y, solo en Asturias y entre otros “heroicos objetivos” revolucionarios, destrucción de la biblioteca de la universidad con pérdida de 10.000 volúmenes, entre los que se encontraban varios incunables formando parte de los fondos acumulados desde su fundación en 1605.
Ya se sabe. La izquierda es “la cultura”.
En fin, aquello acabó como acabó. Y el PSOE no le quedo más remedio que recoger parte de desastre que había provocado. No consiguieron recuperar su “legítimo” poder, hasta 1936, en el Frente Popular, pero ahí ¡ay amigo! ya les habían surgido competidores en la sagrada tarea de crear un mundo nuevo y luminoso.
Con una brillante y permanente actuación en la calle, ilustrada con la jubilosa quema de iglesias y conventos, prepararon las condiciones para una pira monumental. Y los militares africanos, que se aburrían mucho sin moros que liquidar y ascensos que conseguir, lo intentaron una vez más.
A los socialistas el intento les vino muy bien. Había que armarla de nuevo.
Y así fue; entre todos los pirómanos de todos los colores, trabajando codo con codo, “iluminaron” el país durante tres años. A unos 400.000 se les fundieron los plomos definitivamente. Al resto les salió un molesto grano en el trasero. Es decir Franco.
Cuando se produjo la llamada Transición, con las elecciones posteriores a la instauración constitucional en 1978, el PSOE no la reconoció como tal. Para ellos la “verdadera” transición, es decir el final de la dictadura franquista, no se produciría hasta la ocupación del poder por las fuerzas del “progreso”. O sea por ellos mismos. Y eso ocurrió en 1982, tras haberse dedicado con entusiasmo, en esos años previos, a desestabilizar al partido de Adolfo Suarez haciéndole el juego sin pudor a los extremistas de derechas y militares franquistas que trataban de obtener la cabeza del presidente. Hasta que, claro, después de conseguir convertir al pais en un manicomio en régimen de autogestión –frase inconmesurable de Blas Piñar– los militares golpistas, que habían vivido muy tranquilos hasta la fecha, lo intentaron, una vez más.
Y a los socialistas ese intento les vino muy bien. Había que armarla otra vez.
Y esta vez lo consiguieron. Pero desde 1982 hasta 1996, acumularon tanto poder que se produjo lo inevitable en un partido de esas características; el efecto “plétora”. La Plétora es un síndrome producido por un exceso de glóbulos… ¿de qué color? ¡rojos… a ver! ¿de qué color van a ser sino?
En 1996 la derrota no provocó ese instinto asesino de otras veces. Estaban haciendo una digestión tan pesada con todo lo que se habían zampado en aquellos catorce años, que parecían eternos, que esa digestión acabó degenerando en indigestión y esta en peritonitis. Es decir en Zapatero.
El partido no había evolucionado mucho. Hay que comprender que cuando ya se posee un análisis “científico” de la realidad es muy difícil mejorar el invento. Con el clan de los sevillanos lo que sí mejoró mucho fue el nivel socio-profesional de su entorno inmediato ¡ese sí que cambió con relación al principio!
Se multiplicó exponencialmente. Yo diría que casi alcanzó el prodigio sociológico de crear una clase social nueva, con signos externos de identidad muy específicos y nunca vistos hasta aquel momento. Los posmodernos. Todavía hoy se pueden encontrar rastros remotos de aquellos singulares seres en esos homínidos que se empeñan en ilustrarte sobre el fondo de frambuesa en el retrogusto de algo que para ti era un buen vino, y te hunden tu degustación.
Pero en las peleas de callejón oscuro donde los rufianes manejan las navajas con una rara habilidad para poner en evidencia casi forense las asaduras del angelito que tienen delante, siempre hay un listillo que se agazapa escondido detrás de una tapa de cubo de la basura, pensando que si espera con paciencia a que todos estén despanzurrados, puede tener una oportunidad que ni en sueños podría haber imaginado.
Y así ocurrió. Y cuando los que le rodeaban se preguntaban unos a otros quién coño era aquel tipo con cara de yo-no-fui, va el menda y les cuenta una historia de un abuelo, que no era más que la historia de siempre, pero que dentro de los coches blindados con chofer-guardachepas, habían sido olvidada totalmente.
Y con ese truco fue tirando. Poco a poco, porque los que ocupaban los sillones del poder lo estaban haciendo bien y no tenían la más mínima pinta de dejarlos en un plazo prudencial. Pero… cuando eres un alumno aplicado en el estudio de aquel pasado polvoriento, acabas encontrando el olvidado manual de prácticas-para-la-toma-del-poder. Entonces Él sufrió una especie de éxtasis y se dijo entusiasmado ¡Coño! ¿pero cómo no se me había ocurrido antes?
¡La calle! Así. Como suena. L-A C-A-L-L-E.
Dicho y hecho. Claro, en 2002 no se puede montar una como la de Octubre del 34. Pero en un mundo virtual como el actual, a lo mejor, con “incendiar las calles a sangre y fuego[sic]” te lo puedes montar. Pues a ello. Sitúate en el fondo de la pista y a repartir raquetazos a cualquier bola que ande volando por ahí. Si no es un Prestige, es el lino. Y si no la guerra de Irak. Todo. La caja acústica creada es capaz de amplificar un timo de la estampita hasta la sonoridad de la quiebra de Wall Street. Para eso están el país y El País.
Luego… luego ocurrió que doscientos inocentes atrapados dentro de la ratonera explosiva de unos trenes les pusieron en la bandeja, esa bandeja siempre exenta de escrúpulos morales del Partido Socialista, la suculenta oportunidad de asestar una cobarde puñalada de puntillero, cuando el contrincante, y toda la gente decente de este país, tenían la cabeza baja por la tragedia.
Y a los socialistas, una vez más, esa tragedia les vino muy bien.
¿A que habéis pillado el truco de la continuidad en el método, verdad? Esta chupado.
De los siguientes ochos años nos queda todavía suficiente tiña de la que ese raposo nos ha infectado como para comentarlo. Ahora, esa sombra silenciosa, de cuya improbable existencia nunca se está seguro del todo, se desliza sigilosa por el pasillo de algún instituto de enseñanza media, mientras sueña con que alguien le sopla cómo dar conferencias a 40.000 € la pieza, cuando se es analfabeto.
En el destartalado autobús socialista ha ocupado el puesto del conductor un aprendiz de mecánico, que se fijaba mucho en como lo hacían antes aquellos listos andaluces mientras él barría la trastienda. Pero él tiene una gran pericia adquirida en esa penumbra del cuarto de las escobas. Él está diplomado en difíciles disciplinas de orden pragmático.
Él es perito en calles.
Y así estamos queridos cofrades. Casi donde estábamos hace años. Este país es eterno. ¡Con la de veces que estuvimos seguros de que podríamos contribuir a que fuera… solo como los otros…! Como diría mi amigo Alfredo “Chocolate” Armenteros “ ¡Sigue el bochinche cumpay…!
Nos vamos a divertir. Seguro.
domingo, 12 de febrero de 2012
Necrológica
PREMISA.
El fallecido artista, llorado y enaltecido hasta la nausea, Antonio Tapies, no poseía más mérito que el de ser uno de lo mayores fraudes del arte actual.
(Declaración de Saco. Ciudadano no entendido en arte moderno que no se calla ni muerto)
PRIMERO.
-Cuando oye decir que sus obras son un timo o una estafa, ¿qué piensa?
-Eso lo dice gente no entendida en arte moderno. No les doy importancia. El que no entienda de arte que calle.
(Declaraciones de Antonio Tapies al Diario “La Vanguardia” 3 de Marzo de 1998)
DESPUÉS.
Arte Moderno.
- Tras haber abandonado: la perspectiva (Cézanne), el espacio euclidiano (Cubismo), la figura (Abstracción) e incluso la pintura (Duchamp), no quedaba sino abandonar la modernidad. Toda la historia del arte moderno podría ser leída bajo este ángulo; una serie continuada de abandonos, como si todas las reglas reconocidas con anterioridad no hubiesen sido más que adornos, elementos superpuestos a la “pura” pintura autónoma de la que se hacía indispensable, por fin, encontrar la esencia.
- “Pureza significaría “autodefinición”, y la empresa autocrítica en arte se convierte en una empresa de autodefinición apasionada. “(C. Greenberg). Este autor, que se pretendía kantiano, establece una lógica cuyo argumento cardinal y suicida conduce directamente a esa parodia–refugio de la nulidad artística que conocemos hoy por performance o instalación y, en definitiva, al certificado de defunción del arte. Por otra parte, “la muerte del arte” es una de las diversas definiciones de la posmodernidad.
- Ya había habido otros abandonos; la retorica pictórica (Lessing) o el claro-oscuro (Manet); los temas mitológicos; históricos o religiosas; el dibujo clásico a partir de los años ochenta del siglo XIX. Todo parece obligarnos a pensar que también en la pintura existe una especie de entropía. La información parece cada vez más descartable en el arte. La posmodernidad ejerce la pasión del olvido. Sin embargo la cultura es un imperativo informativo: la memoria registra lo abandonado. Aunque solo sea porque es más económico en términos de energía que reconstruirlo de nuevo.
- Nuestro héroe protagonizó y personificó en nuestro país, pero también fuera de él, una de las etapas más significativas, tal vez la penúltima, de ese descenso al abismo de la nada con gaseosa al que parece ser que la supuesta entropía del arte lo esta conduciendo.
CONCLUSIÓN.
Bueno, pues así están las cosas en el asunto este del arte. Menos mal que siempre nos quedarán pobres pintores que pintan; como L.Freud, Antonio López, Eduardo Arroyo, etc, por citar algunos de los que me nutren el espíritu, además de los museos. Que mira tú por dónde no creo que fueran creados como remedio terapéutico para esta patología nuestra, que en la época en que eso se puso de moda (crear museos de pintura) no podían imaginarse ni por asomo. El odio al arte, dentro del odio general a todo lo que somos.
Fernando Botero, que es un pintor y escultor que concita odios sarracenos en ciertas capillas que se creen élites de la cultura porque se tutean con banqueros, ministros, marquesas y sarasas de diverso pelaje, declaró en una entrevista publicada por el País Semanal que Tapies era un deleznable dibujante que un día se despertó siendo Tapies. El rey de la arpillera.
Al parecer hemos entrado en un período en el que están desapareciendo en trágica sucesión aquellos personajes que fueron objeto de atención en los dichosos años del desperece nacional.
Ya he contado aquí como me encontré casualmente en medio de ese colectivo por razones profesionales.
Antonio Tapies era uno de ellos. Estuve en su estudio de Barcelona en el año 1982. No me causó muy buena impresión. Bien es verdad que nunca me había interesado su pintura, o lo que sea eso que él hacía. Pero humanamente me pareció una persona muy pretenciosa. Y bastante maledicente, además. Y claro la imagen que se había construido de sí mismo, mezcla de progre/taoísta/místico, para engañar a los que estaban pidiendo a gritos que los engañara, me sonó como el estruendo que una caja de galletas de hojalata produce cayendo por una escalera. Poco fino, hasta como farsante.
La verdad es que me apena mucho que uno de los artistas españoles que sí pasará a la historia, como es el mencionado Antonio López, se haya sentido obligado a declarar al difunto uno de los puntales de la pintura actual. Anécdota que me reafirma en que ciertas cosas nunca las entenderé y que además maldita la gana que tengo de hacerlo.
Así que ya está. Esta era la necrológica del día. Había que hacerlo y yo ya he cumplido.
Aunque…la verdad sea dicha, como pintamonas jubilado conozco pasatiempos más divertidos.
El fallecido artista, llorado y enaltecido hasta la nausea, Antonio Tapies, no poseía más mérito que el de ser uno de lo mayores fraudes del arte actual.
(Declaración de Saco. Ciudadano no entendido en arte moderno que no se calla ni muerto)
PRIMERO.
-Cuando oye decir que sus obras son un timo o una estafa, ¿qué piensa?
-Eso lo dice gente no entendida en arte moderno. No les doy importancia. El que no entienda de arte que calle.
(Declaraciones de Antonio Tapies al Diario “La Vanguardia” 3 de Marzo de 1998)
DESPUÉS.
Arte Moderno.
- Tras haber abandonado: la perspectiva (Cézanne), el espacio euclidiano (Cubismo), la figura (Abstracción) e incluso la pintura (Duchamp), no quedaba sino abandonar la modernidad. Toda la historia del arte moderno podría ser leída bajo este ángulo; una serie continuada de abandonos, como si todas las reglas reconocidas con anterioridad no hubiesen sido más que adornos, elementos superpuestos a la “pura” pintura autónoma de la que se hacía indispensable, por fin, encontrar la esencia.
- “Pureza significaría “autodefinición”, y la empresa autocrítica en arte se convierte en una empresa de autodefinición apasionada. “(C. Greenberg). Este autor, que se pretendía kantiano, establece una lógica cuyo argumento cardinal y suicida conduce directamente a esa parodia–refugio de la nulidad artística que conocemos hoy por performance o instalación y, en definitiva, al certificado de defunción del arte. Por otra parte, “la muerte del arte” es una de las diversas definiciones de la posmodernidad.
- Ya había habido otros abandonos; la retorica pictórica (Lessing) o el claro-oscuro (Manet); los temas mitológicos; históricos o religiosas; el dibujo clásico a partir de los años ochenta del siglo XIX. Todo parece obligarnos a pensar que también en la pintura existe una especie de entropía. La información parece cada vez más descartable en el arte. La posmodernidad ejerce la pasión del olvido. Sin embargo la cultura es un imperativo informativo: la memoria registra lo abandonado. Aunque solo sea porque es más económico en términos de energía que reconstruirlo de nuevo.
- Nuestro héroe protagonizó y personificó en nuestro país, pero también fuera de él, una de las etapas más significativas, tal vez la penúltima, de ese descenso al abismo de la nada con gaseosa al que parece ser que la supuesta entropía del arte lo esta conduciendo.
CONCLUSIÓN.
Bueno, pues así están las cosas en el asunto este del arte. Menos mal que siempre nos quedarán pobres pintores que pintan; como L.Freud, Antonio López, Eduardo Arroyo, etc, por citar algunos de los que me nutren el espíritu, además de los museos. Que mira tú por dónde no creo que fueran creados como remedio terapéutico para esta patología nuestra, que en la época en que eso se puso de moda (crear museos de pintura) no podían imaginarse ni por asomo. El odio al arte, dentro del odio general a todo lo que somos.
Fernando Botero, que es un pintor y escultor que concita odios sarracenos en ciertas capillas que se creen élites de la cultura porque se tutean con banqueros, ministros, marquesas y sarasas de diverso pelaje, declaró en una entrevista publicada por el País Semanal que Tapies era un deleznable dibujante que un día se despertó siendo Tapies. El rey de la arpillera.
Al parecer hemos entrado en un período en el que están desapareciendo en trágica sucesión aquellos personajes que fueron objeto de atención en los dichosos años del desperece nacional.
Ya he contado aquí como me encontré casualmente en medio de ese colectivo por razones profesionales.
Antonio Tapies era uno de ellos. Estuve en su estudio de Barcelona en el año 1982. No me causó muy buena impresión. Bien es verdad que nunca me había interesado su pintura, o lo que sea eso que él hacía. Pero humanamente me pareció una persona muy pretenciosa. Y bastante maledicente, además. Y claro la imagen que se había construido de sí mismo, mezcla de progre/taoísta/místico, para engañar a los que estaban pidiendo a gritos que los engañara, me sonó como el estruendo que una caja de galletas de hojalata produce cayendo por una escalera. Poco fino, hasta como farsante.
La verdad es que me apena mucho que uno de los artistas españoles que sí pasará a la historia, como es el mencionado Antonio López, se haya sentido obligado a declarar al difunto uno de los puntales de la pintura actual. Anécdota que me reafirma en que ciertas cosas nunca las entenderé y que además maldita la gana que tengo de hacerlo.
Así que ya está. Esta era la necrológica del día. Había que hacerlo y yo ya he cumplido.
Aunque…la verdad sea dicha, como pintamonas jubilado conozco pasatiempos más divertidos.
viernes, 10 de febrero de 2012
MarineSS
El NewYorkPost publica hoy en su portada la noticia de un hecho intolerable relativo al Cuerpo de Marines de los USA. (foto) Se trata de los miembros de una unidad de batidores francotiradores, en Afghanistan, que han adoptado, al parecer, la insignia que identificaba a las tristemente famosas SS nazis como logotipo de su unidad.
Es una más. Después de los vergonzosos episodios de los que tuvimos noticias durante la intervención en Irak (Abu-Graib), no hace mucho hemos vuelto a tener ocasión de ver a un grupo de miembros de ese cuerpo militar americano profanando los cadáveres de unos terroristas talibanes; hecho incalificable si lo cometiese cualquier adulto, pero inadmisible en unos profesionales que tienen encomendada la defensa de unos principios de civilización, frente a la barbarie.
La Military Religious Freedom Foundation de Washington, institución que vela por el respeto a la libertad de creencias religiosas en las instituciones militares, se ha declarado ultrajada y ofendida por la mencionada imagen y exige una total investigación del hecho.
Mike Weinstein, de la Fundación, ha declarado que se ha visto bloqueado por las llamadas de antiguos marines ofendidos por esa foto, incluido un antiguo superviviente de Auschwitz. Weinstein ha pedido el seguimiento de este hecho y su total investigación, ya que lo considera un absoluto ultraje. La Fundación enviará inmediatamente una carta a la cúpula del Cuerpo de Marines y al Secretario de Defensa, Leon Panetta.
El portavoz del acantonamiento de Camp Pendleton en California, Sgt. Mark Oliva declaró que esa foto se había hecho llegar hasta el inspector del 1ª Fuerza Expedicionaria, en Noviembre y que este oficial no encontró en el hecho ninguna intención de identificarse con una organización racista por parte de los marines. Oliva dijo que la investigación había concluido que las runas SS trataban de identificar como acrónimo a los Scouts Snipers pero no como nazis, aunque no obstante calificaba el hecho como inaceptable.
¿Qué está ocurriendo con ciertos militares estos últimos tiempos?¿Están fallado los métodos de entrenamiento y formación de los aspirantes o reclutas?¿Se descuida la formación moral en la que están basados todos los actuales manuales y protocolos de actuación en combate?¿Es la consecuencia de la profesionalización de los cuerpos militares?
Creo que como siempre las respuesta a esas preguntas son varias y diversas.Me detendré en un par aspectos que me parecen más relevantes
En primer lugar, cuando se está interesado por la historia y el desarrollo de los conflictos armados del siglo XX, y se penetra en la pequeña historia que discurre debajo de las grandes descripciones y análisis de los hechos más notables, uno descubre el verdadero horror y los incesantes padecimientos que sufren los participantes directos de la masacre, civiles y militares.
En cualquier unidad militar participa un espectro sociológico idéntico al que compone la sociedad civil de la que procede. En él, los porcentajes habituales de individuos inmaduros se encuentran en una situación de stress tal, que ya sería crítica para cualquier persona más o menos construida. En esas condiciones participan muy a menudo en episodios de una sordidez y una barbarie, que únicamente se revelará mucho más tarde, indirectamente, a través de esos comportamientos patológicos que se registran frecuentemente tras la finalización del conflicto, y en los que se ven envueltos veteranos del mismo.
El segundo conflicto mundial adquirió tales proporciones de catástrofe telúrica, que ha dado lugar a la mayor cantidad de estudios, ensayos e investigaciones sobre el comportamiento en una situación de guerra, que ningún otro con anterioridad. De esas reflexiones se han extraído infinidad de conclusiones, tanto en el terreno de la técnica militar como en el terreno de la psicología y la sociología del combatiente
A partir de esa atroz experiencia los estados civilizados se han dotado de recursos, en los aspectos más delicados de la moralidad de la acción armada, que les han permitido plantear los conflictos que han ido surgiendo con unas normas que, al menos sobre el papel, asombrarían a los profesionales de la milicia de hace apenas setenta años.
Si a esto añadimos el hecho, que no por habitual es menos asombroso, de que los conflictos se presencian en la retaguardia en tiempo real, con las consecuencias de todo orden que provoca ese hecho, las condiciones para la reducción de los excesos de violencia están planteadas. No obstante, los incidentes siguen ocurriendo, como vemos.
Tal vez se debería analizar la cuestión desde el ángulo siempre problemático de las comparaciones históricas. Si pensamos que el Tte. Carey, jefe de la compañía del Cuerpo de Caballería que llevó a cabo el asalto de la aldea de Mi Lay, en el Viet-Nam en marzo de 1968, produciendo una matanza de civiles en torno a las 400 víctimas, fue, junto con sus suboficiales subordinados, posteriormente juzgado, degradado, expulsado y encarcelado, y lo comparamos con la “caza y aniquilación” a la que se dedicó con entusiasmo la Whermatch durante los cinco años de conflicto, sin distinción de civiles, prisioneros, partisanos y rehenes, por no hablar de la Shoah, la cuestión no soporta una mínima aproximación.
Naturalmente los números, incluso las proporciones, no pueden servir de coartada para cualquier actitud de degradación humana. Pero tampoco debemos encerrarnos en una actitud de auto-flagelación que distorsione la realidad. El hecho incontrovertible es que se ha avanzado de manera innegable en ese propósito que constituye un trágico oxímoron y que es la humanización de la violencia.
En la anécdota de la foto que motiva esta reflexión hay, sin embargo, aspectos más inquietantes. En el momento actual, los que llevamos años sumidos en una misión utópica como es la de pretender entender como la Shoah fue posible, nos rozamos dentro de nuestra indagación con multitud de colectivos diversos que, por una u otra razón, investigan, estudian o se interesan por territorios históricos vecinos del nuestro.
Y en esa vecindad he observado, a veces, que personas de escasa preparación e información, más allá de aspectos anecdóticos o folclóricos y que manosean datos moralmente delicados, suelen ser seducidos por aquellos rasgos aparentes, por aquel lenguaje que fue en su día diseñado con ese preciso fin de seducción por la “forma”.
Y, ahí reside el problema. ¿Qué pueden saber esos jóvenes especialista en la aniquilación selectiva que posan en la dichosa foto con ese aire entre “foto del curso del 81/82” o “safari en el Serengueti, 2012”, sobre el origen, la evolución y los consecutivos propósitos de algo que empezó siendo un puñado de rufianes guardaespaldas del Führer y acabó constituyendo un estado dentro del estado con su economía propia y su propio ejercito?
¿Sabrán estos muchachos que sus homónimos del Orden Negro, ante cuya bandera recoloreada posan con aire heroico, liquidaron fríamente a unos prisioneros yanquis en el cruce de Malmedy(Bélgica) en diciembre de 1944, y que tal vez podrían ser sus abuelos? ¿O será que simplemente se han atiborrado de leyendas sobre las hazañas militares de las WaffenSS, entre las que naturalmente nunca mencionan las hogueras que encendieron en Ouradour sur Glane, o Lídice, con sus habitantes dentro?
Es mucho más grave de lo que parece la ignorancia, o lo que es peor la mistificación, que se percibe por todos lados, sobre la realidad histórica de mitos como el de las SS. La capacidad de seducción que tienen esas mistificaciones, unida a la ligereza moral sembrada por los aprendices de brujo que son los relativistas morales, están dejando bolsas inmensas de analfabetismo político e incuria moral, en los que cualquier aventurero antisemita puede hacer su agosto.
Nadie menos sospechoso de antiamericanismo que el que esto escribe. He sido y sigo siendo crucificado con rara saña por mis queridos adversarios políticos, en base a mi admiración indeclinable por la realidad que construyeron Franklin, Jefferson, Adams, Madison y compañía. Nadie admira y respeta más que yo a los miles de jovenes americanos de veinte año que quedaron definitivamente en esos inmensos cementerios de Normandía que le rompen a uno el corazón. Nadie valorarará más que yo la generosidad y le entrga del Cuerpo de Marines, cerrando el último capítulo de la segunda guerra mundial en el Pacífico, para defender la vigorosa realidad de su país y a todos nosotros. Pero precisamente porque esa realidad encierra una cualidad admirable e indispensable en cualquier proyecto humano, como es la capacidad de autocrítica, por eso, digo, esta clase de sucesos deben ser aireados y sometidos al escrutinio de las personas decentes.
De eso depende seguramente que podamos seguir haciéndolo en un futuro.
De eso y de estar atentos a los tontos útiles y a sus protectores.
Es una más. Después de los vergonzosos episodios de los que tuvimos noticias durante la intervención en Irak (Abu-Graib), no hace mucho hemos vuelto a tener ocasión de ver a un grupo de miembros de ese cuerpo militar americano profanando los cadáveres de unos terroristas talibanes; hecho incalificable si lo cometiese cualquier adulto, pero inadmisible en unos profesionales que tienen encomendada la defensa de unos principios de civilización, frente a la barbarie.
La Military Religious Freedom Foundation de Washington, institución que vela por el respeto a la libertad de creencias religiosas en las instituciones militares, se ha declarado ultrajada y ofendida por la mencionada imagen y exige una total investigación del hecho.
Mike Weinstein, de la Fundación, ha declarado que se ha visto bloqueado por las llamadas de antiguos marines ofendidos por esa foto, incluido un antiguo superviviente de Auschwitz. Weinstein ha pedido el seguimiento de este hecho y su total investigación, ya que lo considera un absoluto ultraje. La Fundación enviará inmediatamente una carta a la cúpula del Cuerpo de Marines y al Secretario de Defensa, Leon Panetta.
El portavoz del acantonamiento de Camp Pendleton en California, Sgt. Mark Oliva declaró que esa foto se había hecho llegar hasta el inspector del 1ª Fuerza Expedicionaria, en Noviembre y que este oficial no encontró en el hecho ninguna intención de identificarse con una organización racista por parte de los marines. Oliva dijo que la investigación había concluido que las runas SS trataban de identificar como acrónimo a los Scouts Snipers pero no como nazis, aunque no obstante calificaba el hecho como inaceptable.
¿Qué está ocurriendo con ciertos militares estos últimos tiempos?¿Están fallado los métodos de entrenamiento y formación de los aspirantes o reclutas?¿Se descuida la formación moral en la que están basados todos los actuales manuales y protocolos de actuación en combate?¿Es la consecuencia de la profesionalización de los cuerpos militares?
Creo que como siempre las respuesta a esas preguntas son varias y diversas.Me detendré en un par aspectos que me parecen más relevantes
En primer lugar, cuando se está interesado por la historia y el desarrollo de los conflictos armados del siglo XX, y se penetra en la pequeña historia que discurre debajo de las grandes descripciones y análisis de los hechos más notables, uno descubre el verdadero horror y los incesantes padecimientos que sufren los participantes directos de la masacre, civiles y militares.
En cualquier unidad militar participa un espectro sociológico idéntico al que compone la sociedad civil de la que procede. En él, los porcentajes habituales de individuos inmaduros se encuentran en una situación de stress tal, que ya sería crítica para cualquier persona más o menos construida. En esas condiciones participan muy a menudo en episodios de una sordidez y una barbarie, que únicamente se revelará mucho más tarde, indirectamente, a través de esos comportamientos patológicos que se registran frecuentemente tras la finalización del conflicto, y en los que se ven envueltos veteranos del mismo.
El segundo conflicto mundial adquirió tales proporciones de catástrofe telúrica, que ha dado lugar a la mayor cantidad de estudios, ensayos e investigaciones sobre el comportamiento en una situación de guerra, que ningún otro con anterioridad. De esas reflexiones se han extraído infinidad de conclusiones, tanto en el terreno de la técnica militar como en el terreno de la psicología y la sociología del combatiente
A partir de esa atroz experiencia los estados civilizados se han dotado de recursos, en los aspectos más delicados de la moralidad de la acción armada, que les han permitido plantear los conflictos que han ido surgiendo con unas normas que, al menos sobre el papel, asombrarían a los profesionales de la milicia de hace apenas setenta años.
Si a esto añadimos el hecho, que no por habitual es menos asombroso, de que los conflictos se presencian en la retaguardia en tiempo real, con las consecuencias de todo orden que provoca ese hecho, las condiciones para la reducción de los excesos de violencia están planteadas. No obstante, los incidentes siguen ocurriendo, como vemos.
Tal vez se debería analizar la cuestión desde el ángulo siempre problemático de las comparaciones históricas. Si pensamos que el Tte. Carey, jefe de la compañía del Cuerpo de Caballería que llevó a cabo el asalto de la aldea de Mi Lay, en el Viet-Nam en marzo de 1968, produciendo una matanza de civiles en torno a las 400 víctimas, fue, junto con sus suboficiales subordinados, posteriormente juzgado, degradado, expulsado y encarcelado, y lo comparamos con la “caza y aniquilación” a la que se dedicó con entusiasmo la Whermatch durante los cinco años de conflicto, sin distinción de civiles, prisioneros, partisanos y rehenes, por no hablar de la Shoah, la cuestión no soporta una mínima aproximación.
Naturalmente los números, incluso las proporciones, no pueden servir de coartada para cualquier actitud de degradación humana. Pero tampoco debemos encerrarnos en una actitud de auto-flagelación que distorsione la realidad. El hecho incontrovertible es que se ha avanzado de manera innegable en ese propósito que constituye un trágico oxímoron y que es la humanización de la violencia.
En la anécdota de la foto que motiva esta reflexión hay, sin embargo, aspectos más inquietantes. En el momento actual, los que llevamos años sumidos en una misión utópica como es la de pretender entender como la Shoah fue posible, nos rozamos dentro de nuestra indagación con multitud de colectivos diversos que, por una u otra razón, investigan, estudian o se interesan por territorios históricos vecinos del nuestro.
Y en esa vecindad he observado, a veces, que personas de escasa preparación e información, más allá de aspectos anecdóticos o folclóricos y que manosean datos moralmente delicados, suelen ser seducidos por aquellos rasgos aparentes, por aquel lenguaje que fue en su día diseñado con ese preciso fin de seducción por la “forma”.
Y, ahí reside el problema. ¿Qué pueden saber esos jóvenes especialista en la aniquilación selectiva que posan en la dichosa foto con ese aire entre “foto del curso del 81/82” o “safari en el Serengueti, 2012”, sobre el origen, la evolución y los consecutivos propósitos de algo que empezó siendo un puñado de rufianes guardaespaldas del Führer y acabó constituyendo un estado dentro del estado con su economía propia y su propio ejercito?
¿Sabrán estos muchachos que sus homónimos del Orden Negro, ante cuya bandera recoloreada posan con aire heroico, liquidaron fríamente a unos prisioneros yanquis en el cruce de Malmedy(Bélgica) en diciembre de 1944, y que tal vez podrían ser sus abuelos? ¿O será que simplemente se han atiborrado de leyendas sobre las hazañas militares de las WaffenSS, entre las que naturalmente nunca mencionan las hogueras que encendieron en Ouradour sur Glane, o Lídice, con sus habitantes dentro?
Es mucho más grave de lo que parece la ignorancia, o lo que es peor la mistificación, que se percibe por todos lados, sobre la realidad histórica de mitos como el de las SS. La capacidad de seducción que tienen esas mistificaciones, unida a la ligereza moral sembrada por los aprendices de brujo que son los relativistas morales, están dejando bolsas inmensas de analfabetismo político e incuria moral, en los que cualquier aventurero antisemita puede hacer su agosto.
Nadie menos sospechoso de antiamericanismo que el que esto escribe. He sido y sigo siendo crucificado con rara saña por mis queridos adversarios políticos, en base a mi admiración indeclinable por la realidad que construyeron Franklin, Jefferson, Adams, Madison y compañía. Nadie admira y respeta más que yo a los miles de jovenes americanos de veinte año que quedaron definitivamente en esos inmensos cementerios de Normandía que le rompen a uno el corazón. Nadie valorarará más que yo la generosidad y le entrga del Cuerpo de Marines, cerrando el último capítulo de la segunda guerra mundial en el Pacífico, para defender la vigorosa realidad de su país y a todos nosotros. Pero precisamente porque esa realidad encierra una cualidad admirable e indispensable en cualquier proyecto humano, como es la capacidad de autocrítica, por eso, digo, esta clase de sucesos deben ser aireados y sometidos al escrutinio de las personas decentes.
De eso depende seguramente que podamos seguir haciéndolo en un futuro.
De eso y de estar atentos a los tontos útiles y a sus protectores.
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