¿Os acordais de aquella chansonette un poco bobalicona de nuestra adolescencia? ¿De la Hermana Sonrisa? Claro. Lo que probablemente no conozcais es la triste historia de aquella monjita.Vereis, todo empezó en un convento belga de religiosas Dominicas en el que la hermana Luc–Gabriélle tuvo la idea de componer unas canciones que ayudasen a la enseñanza del Catecismo. Con lo que seguramente no contaba nuestra monja canora era con el éxito de sus obritas, en las que una avispada compañía discográfica intuyó pronto unas buenas posibilidades de ventas. Ya convertida en la Soeur Sourire, los éxitos, que se sucedieron durante un tiempo, proporcionaron al convento y la compañía discográfica unos notables ingresos que se dedicaron a obras benéficas, en el caso de la Orden.
Con el tiempo Luc–Gabriélle decidió que la vida monástica no era el mejor camino para ella, y se alejó de él, fundando una comunidad de religiosas laicas. No tuvo mucha fortuna con esta iniciativa y la compañía discográfica la obligó a cambiar el ya popular nombre de Soeur Sourire por el de Luc Dominique para sus nuevas creaciones. Todas estas novedades no favorecieron su carrera, de manera que las ventas decayeron. Se había pasado su cuarto de hora de fama. Pero lo peor estaba aún por llegar.
Los hados desfavorables, en forma de inspectores de hacienda, se abalanzaron sobre nuestra horoína. De los ingresos que la Orden había recaudado, no habían sido deducidos y liquidados los impuestos correspondientes. Ella no había guardado para sí ni un céntimo del capital producido por sus canciones, pero, para el fisco belga, era ella quien había cobrado de la compañía de discos. El gobierno belga emprendió un acoso furibundo de la monjita, reclamándole una suma equivalente a 200.000 euros actuales. Nadie acudió en su ayuda cuando se hizo insostenible su situación. El fisco rechazó escuchar sus razones, y ni la Orden ni las instituciones benéficas que habían utilizado esos fondos, le proporcionaron el recibo que la exonerase de la responsabilidad de haberese beneficiado de ellos.
Y nuestra pobre monjita, sobrepasada por ese aluvión de acontecimientos kafkianos, acabó suicidándose.
Y, ¿a qué viene esta triste historia, al día de hoy? Puesss… no lo sé muy bien. Tal vez porque acaba de producirse otra que, aunque todo paralelismo con ella sería un disparate, me ha hecho recordar a Soeur Sourire, y su cancioncilla. Fonéticamente. A veces las asociaciones de ideas se producen de una forma curiosa; algo similar a lo que nos sucede en nuestros sueños.
Por un lado, el ex–director gerente del FMI, Strauss–Kahn, se llama Dominique. Y por otro, el término “nique”, corresponde al modo imperativo de un verbo, de carácter vulgar y malsonante [“niquer”: fornicar], que se puso de moda hace unos años en los barrios “problemáticos” que rodean las grandes capitales francesas, a partir de la aparición de un grupo rapero que tomó como apelativo la jacarandosa expresión de “Nique ta Mére”, cuya traducción me excuso de llevar cabo.
El bueno de Dominique nunca se había distinguido hasta la fecha por cantar muy bien. Aunque “cantes”, lo que se dice “cantes”, parece ser que sí había dado los suyos, sobre todo, cuando había sentido el frú–¬frú de unas faldas en las proximidades. Nació rico. Con un padre, judío alsaciano y masón, así mismo ligeramente inclinado sobre los décolletés vertiginosos que le rodeaban en la intensa vida social, tanto en Marruecos como en Mónaco, a la que le obligaba su quehacer de asesor financiero y fiscal de grandes fortunas. De madre asímismo judía, periodista, de origen remoto ruso y próximo tunecino, tuvo una de esas juventudes que los que somos sus coetáneos calificamos de afortunadas cuando las vemos descritas por el F. Scott Fitzgerald de turno.
Tan afortunado era Dominique que, para que no le faltase de nada, se hizo de izquierdas.
Como diría mi amigo El Magnolio: “¡hay que joderse!”
Naturalmente una biografía así pasa indefectiblemente por Les Grandes Écoles. Es la base indispensable sobre la que apoyar un futuro de Cátedras, Ministerios, Asambleas Nacionales, Alcaldías, Gerencias del Fondo Monetario Internacional o candidaturas a la Presidencia del Estado Francés. Todo eso, siempre y cuando no se le ocurra a uno visitar una comisaría del Harlem neoyorquino o una celda de la prisión de Rickers Island y aunque posea una llave de seis millones de dólares para abrir la puerta y para pagarse una cadena de perro de algunos kilómetros de larga, que le permita ira a mear a alguna columna del South Manhattan. Porque resulta que, aunque parezca increible, un pobre juez de la Gran Manzana, que se pasa la vida ahorrando una parte de su sueldo, para mejorar un poco la miserable pensión que le espera después de un montón de años codeándose con lo peor de lo que hay por debajo de la miseria, ese pobre funcionario público digo, puede poner el punto final a la suntuosa biografía de uno de los “escogidos” del destino. Así. Como suena.
Parece mantira que a un mujeriego compulsivo, como este, no se le haya pasado por la imaginación que, para mear más lejos que nadie en su delirante competición consigo mismo, bastaría con contratar por Internet al chulo más caro de Nueva York, para que le propocionase a la pupila que él, como experto, considerase la más inaccesible para los simples aficionados a ese arte. El no hacerlo, aparte de poder costarle el pasar el último tramo de su prometedora existencia en el “trullo”, no puede demostrar más que este sujeto, a pesar de todos sus títulos, es un auténtico “capullo”. Una decisión así, por otra parte, le habría resultado infinitamente más barata que el demencial “numerito” que se ha montado. Pero es que aparte de ser una auténtico “pringao”, se trata de un desalmado violador al que habría que privar, de alguna forma, de aquellas funciones fisio–psicológicas hipertrofiadas que hacen de él un peligro público.
Camilo José Cela decretaría seguramente : “Una buena capa, y a otra cosa”.
En fín, seguir hablando de la vida y milagros de un tipo que, si ha podido batir algun Guiness World Record, este habrá sido sin duda el del “Mayor Payaso del siglo XXI”, no creo que merezca la pena.
Otra cosa, como siempre, son los efectos públicos y mediáticos del asunto.
Para abrir boca digamos que un 57% de franceses consideraron que esta joya de la corona es víctima de un super–complot internacional. “ Denunciar un complot es un mecanismo de defensa fácil. Se simplifica el problema dándole una forma clara y aceptable. Se obtiene de esta manera un salvavidas en un contexto de incertidumbre y angustia …/… Pero para que haya un complot hace falta un grupo organizador trabajando en secreto, un objetivo, un plan de acción y un beneficiario, y aquí no hay nada de todo esto…/… Los denunciantes del complot o de la maquinación no pueden responder claramente a la pregunta de “¿A quién favorece el crimen?” El único beneficiario de la hipótesis complotista es el mismo DSK, ya que aparece como víctima”. Quien así habla es Pierre André Taguieff, historiador y sociólogo, especialista en desmontar teorías de complots famosos, como “Los Protocolos de los Sabios de Sión”, en declaraciones hechas al semanario Le Point.
Esta inexplicable actitud exculpatoria, por parte de una gran proporción de franceses, que son reflejadas en encuestas publicadas en diversos países, está induciendo una dudosa reputación internacional al pueblo francés, próxima de la de los machos retrógrados que razonan todavía en función del derecho de pernada. Unos franceses que, por otra parte, se lamentan del acoso a la imagen externa de Francia que llevan a cabo los medios de comunicación extranjeros, no dándose cuenta de que están pegándose un tiro en el pié al no considerar que en el evidente naufragio de esa imagen externa la única vía de agua es precisamente monsieur DSK . Eva Cantarella, editorialista de renombre del “Corriere de la Sera”, titula su editorial del viernes pasado : “El hombre predador y la violación “viril” : un odioso mito que nos remite a Zeus”. En él denuncia esa dudosa cualidad, más francesa incluso que italiana, del predador macho y conquistador, en virtud de la cual la virilidad y la infidelidad serían los atributos del hombre poderoso y secretamente admirado. Como Mitterand. Como Bill Clinton. Como Chirac…como DSK.
Claro está, la prensa francesa, en especial la de izquierda, no acaba de encontrar radicalemente condenable el supuesto delito de violación atribuido a DSK. No tuvieron tanto reparo en condenar a Berlusconi del que, por más repugnante que sea su conducta, no se tienen noticias de que haya intentado nunca violar a nadie. Esa prensa francesa de izquierdas que montó todo un espectáculo reprochándole a su presidente, Sarkozy, el haber gastado algo así como 5000 euros en el Fouquet`s para celebrar su elección, ha torcido el hocico ante una justicia que ha dado a conocer lo que significa para ella la igualdad ante la ley. Considera que la sub–cultura americana exagera un poco dando más crédito a la versión de una camarera que a la de un miembro de la elite progresista europea. Respecto de los $ 6.000.000 que ofreció DSK al juez, en metálico y en fianzas, para poder ducharse fuera de la celda, los comentarios de los medios progresistas han sido solo de satisfacción y alivio. ¡La izquierda saluda al capital!
Se comenta en los cenáculos políticos franceses que podríamos pensar con escaso riesgo de equivocarnos que, de ser DSK juzgado en Francia por los mismos supuestos delitos, la pena no rebasaría la de un año de prisión en libertad vigilada y unos 3000 euros de indemnización para la camarera. Lo dicho, ¡le falta mucha finezza a la justicia americana!
Como repetiría mi amigo El Magnolio: “¡hay que joderse!”
.
lunes, 23 de mayo de 2011
sábado, 21 de mayo de 2011
La banalidad de la insignificancia.
Está visto que me estoy volviendo un llorón. Esta vez las lágrimas pedían a gritos permiso para brotar, leyendo una simple crónica literaria que daba cuenta de la aparición en España de “Historia de un estado clandestino” de Jan Karski. Y en la entrevista de Kaya Mirecka Ploss, presentadora del la obra y amiga íntima del autor durante más de treinta años, esta desvelaba algún rasgo de Karski que no hacía sino confirmar la conmoción que me causó ese hombre en el film de Claude Lanzmann, en el que este le entrevistaba extensamente hace treinta años.
Jan Karski fue un jovencísimo estudiante con vocación de diplomático y miembro de un Ejercito Secreto que se enfrentó a los nazis hasta su derrota final por falta de apoyo externo. Encargado de establecer el enlace entre el mando de de ese puñado de patriotas y el gobierno polaco en el exilio de Londres, redactó un informe demoledor sobre la situación de la población judía en la Polonia ocupada. Para ello penetró clandestinamente en el Gueto de Varsovia, así como en un campo de exterminio disfrazado de guardia ucraniano. Finalmente consiguió llegar a Londres donde sus superiores, ignorantes y aterrorizados por los detalles de la aniquilación, trataron de que su informe transcendiera hasta las más altas esferas del poder. Llegó a viajar a los USA y a entrevistarse con el Secretario del Tesoro, Henry Morgenthau, judío él mismo, estrecho colaborador del Roosewelt y único hombre que podría influir decisivamente sobre el presidente para tomar alguna medida reltiva a aquel dramático asunto. Pero aquel prohombre, miembro del poderoso lobby judío que rodeaba al político más poderoso del mundo, se vió tan abrumado por el informe presentado, en palabras de Karski, que le confesó que, si bien no ponía en absoluto en duda su palabra, simplemente “no podía” creer lo que le estaba relatando. Y no se hizo nada.
Después de la guerra se trasladó a vivir a los USA. Su esposa, Pola Nirenska, judía que había perdido a toda su familia en un campo de exterminio, acabó sucumbiendo a la depresión y se suicidó. Tras rescatar del régimen comunista a su hermano, lo trajo cerca de él, pero también fue aniquilado por la tristeza y murió pronto. Jan Karski se dedicó el resto de su vida a dar clases en la Universidad de Georgetown. Murió en el año 2000.
Hasta aquí se trata solo del refresco de una triste historia, ya conocida por mí tiempo atrás. Pero, dos páginas antes de esta crónica, en el mismo diario, se publicaba otra en la que se daba cuenta de una nueva defecación oral antisemita, por parte de un conocido director de cine danés, en una rueda de prensa en el marco del Festival de Cine de Cannes.
No tengo la intención de regurgitar aquí la bazofia que semejante personaje inmundo distribuyó entre los oidos, algunos posiblemente divertidos, de los asistentes a la citada conferencia.
Los que habeis tenido la paciencia y amabilidad de leer algunas de la ocurrencias que publico aquí, tal vez recordareis los casos de Nacho Vigalondo, un “don nadie” artista del cine y del conocido artista de la moda John Galliano. Pues bien, ante el barato y multitudinario éxito que proporciona declararse partidario, simpatizante, comprensivo o tolerante con la ideología, las atrocidades, o los protagonistas de la realidad histórica nazi, ya ha aparecido otro artista con el mismo programa público. La moda se extiende.
Aunque parezca mentira me veo obligado a declarar, para evitar debates vacíos de contenido, que lo que me preocupa de esta serie de hechos no es ni remotamente que sus protagonistas puedan o no profesar la fé nazionalsozialista. Me interesa muchísimo más la tasa de mortandad de la grulla común, en los años de primavera precoz. De hecho, estos protagonistas no gozan, desde luego, del privilegio de ocupar una micra cuadrada de mi cerebro.
¡Na! La cuestión está en otro sitio. Y ella sí me preocupa. Y mucho.
Empecé esta reflexión hablando de Jan Karski. Cuando se ve y se oye hablar a un hombre como este, católico practicante y seguramente conservador en sus convicciones políticas, su discurso resulta más conmovedor incluso que el testimonio mismo de una víctima superviviente. Bueno, tal vez no sea posible compararlos. Pero su relato sobrecogedor, sereno y desolado a un tiempo, pone al alcance de quien le escucha, probablemente el más preciso instrumento con el que medir una tragedia que parece incomensurable.
¿Cómo un hecho que, por más sabido y reiterado que haya sido, siempre deja sin aliento a cualquier persona biennacida que se le acerque, puede ser manoseado obscenamente por unos seres a los que apenas me arriesgaría a calificar de humanos?
¿Cómo?... Al parecer es bastante sencilla la explicación. “¡No te irás a creer que hablaban en serio! ¿Pero bueno, cómo puedes pensar que X sea un fascista?” “Es pura provocación, hombre…Solo es eso… una provocación…” “ Estaba borracho, y decía cualquier cosa…” “Puro afán de notoriedad” Etc. etc.
Cuando Hanna Arendt acuñó la expresión “la banalidad del mal”, expresión que por otra parte, a fuerza de ser empleada en cualquier contexto, apenas conserva nada de su primitivo significado, trataba de sacar al concepto del mal de esa especie de cápsula protectora que era su pretendida excepcionalidad. El mal es una substancia que forma parte integral de la existencia y en consecuencia puede manifestarse en toda circunstancia. Solo la conciencia de su presencia permanente y la advertencia sobre su proximidad con cualquiera de nuestras acciones nos permiten vivir pasablemente de acuerdo con nuestros principios. No hay nada de mágico ni de ajeno a nuestra voluntad en el mal. Nada de extraordinario.
Pero una cosa es la banalidad y otra muy distinta es la insignificancia. Lo insignificante carece de significado, de contenido. La banalidad no. Estos seres insignificantes creen, dentro su alegre analfabetismo, que cuanto más conmovedor parezca un hecho a la mayoría de la gente más efecto provocador producirá su pretendida amoralidad de pacotilla. No estando ellos interesados lo más mínimo por ese hecho, más allá de su carácter aglutinador, “sensacional”, y en consecuencia ignorando cualquier rasgo significativo del mismo, lo manejan con la misma soltura con la que bromearían sobre cualquier hecho divulgado por los medios de comunicación. Solo están atentos a los scoops. Su vida es un titular.
En realidad no creo que sean conscientes de la gravedad de sus gestos. Bueno, para ser sincero, creo que estos desgraciados no son conscientes de nada, fuera de la obsesiva inquietud que les provoca el reflejo de sí mismos, devuelto por el espejo de su sala de baño.
Una vez llevada a cabo su azaña, se asombran un momento ante la resonancia adquirida por la “gracia”, y a continuación se despachan con una torpe disculpa inverosimil, que añade el dato que faltaba para detectar con total exactitud el nivel de insignificancia en el que simplemente existen. Esa frivolidad con la que encaran seguramente todos los aspectos de esa existencia, no tendría mayor transcendencia, sino fuera porque han conseguido escalar determinados estratos de popularidad en los que sus gestos adquieren la transcendencia propia de un liderazgo, aunque su eco se dirija casi exclusivamente hacia el universo uniforme de los miembros de la masa.
Lo malo es que cada uno de los miembros, idéntico e itercambiable, de ese magma insignificante sigue teniendo la capacidad letal demostrada paradigmáticamente en la Shoah. Su fuerza devastadora solo necesita de las consignas adecuadas, para llevar a cabo su labor aniquiladora. Y lo hará con la misma banal actitud con la que va cada mañana a la oficina. O le ríe el chiste al artista de turno.
La Shoah es, ante todo, la referencia definitiva que nos baliza unos límites alucinantes. Tanto por su aterradora banalidad, como por su estremecedora proximidad. Si permitimos que las palabras vayan perdiendo su poder significante, y su uso se rebaje hasta el nivel de la cháchara de un miserable charlatán de feria (aunque sea la de Cannes), estaremos apagando esas balizas indispensables que nos señalan el borde del abismo.
Solo dependerá de nosotros. Por eso, aunque parece que los responsables del Festival han reaccionado bien y oportunamente, se echa de menos un manifiesto firmado por aquellos que están más próximos profesionalmente a ese ejemplar de babosa cinematográfica, estableciendo sin ningún genero de ambigüedad los límites que definen el territorio de la dignidad y de la decencia.
Jan Karski fue un jovencísimo estudiante con vocación de diplomático y miembro de un Ejercito Secreto que se enfrentó a los nazis hasta su derrota final por falta de apoyo externo. Encargado de establecer el enlace entre el mando de de ese puñado de patriotas y el gobierno polaco en el exilio de Londres, redactó un informe demoledor sobre la situación de la población judía en la Polonia ocupada. Para ello penetró clandestinamente en el Gueto de Varsovia, así como en un campo de exterminio disfrazado de guardia ucraniano. Finalmente consiguió llegar a Londres donde sus superiores, ignorantes y aterrorizados por los detalles de la aniquilación, trataron de que su informe transcendiera hasta las más altas esferas del poder. Llegó a viajar a los USA y a entrevistarse con el Secretario del Tesoro, Henry Morgenthau, judío él mismo, estrecho colaborador del Roosewelt y único hombre que podría influir decisivamente sobre el presidente para tomar alguna medida reltiva a aquel dramático asunto. Pero aquel prohombre, miembro del poderoso lobby judío que rodeaba al político más poderoso del mundo, se vió tan abrumado por el informe presentado, en palabras de Karski, que le confesó que, si bien no ponía en absoluto en duda su palabra, simplemente “no podía” creer lo que le estaba relatando. Y no se hizo nada.
Después de la guerra se trasladó a vivir a los USA. Su esposa, Pola Nirenska, judía que había perdido a toda su familia en un campo de exterminio, acabó sucumbiendo a la depresión y se suicidó. Tras rescatar del régimen comunista a su hermano, lo trajo cerca de él, pero también fue aniquilado por la tristeza y murió pronto. Jan Karski se dedicó el resto de su vida a dar clases en la Universidad de Georgetown. Murió en el año 2000.
Hasta aquí se trata solo del refresco de una triste historia, ya conocida por mí tiempo atrás. Pero, dos páginas antes de esta crónica, en el mismo diario, se publicaba otra en la que se daba cuenta de una nueva defecación oral antisemita, por parte de un conocido director de cine danés, en una rueda de prensa en el marco del Festival de Cine de Cannes.
No tengo la intención de regurgitar aquí la bazofia que semejante personaje inmundo distribuyó entre los oidos, algunos posiblemente divertidos, de los asistentes a la citada conferencia.
Los que habeis tenido la paciencia y amabilidad de leer algunas de la ocurrencias que publico aquí, tal vez recordareis los casos de Nacho Vigalondo, un “don nadie” artista del cine y del conocido artista de la moda John Galliano. Pues bien, ante el barato y multitudinario éxito que proporciona declararse partidario, simpatizante, comprensivo o tolerante con la ideología, las atrocidades, o los protagonistas de la realidad histórica nazi, ya ha aparecido otro artista con el mismo programa público. La moda se extiende.
Aunque parezca mentira me veo obligado a declarar, para evitar debates vacíos de contenido, que lo que me preocupa de esta serie de hechos no es ni remotamente que sus protagonistas puedan o no profesar la fé nazionalsozialista. Me interesa muchísimo más la tasa de mortandad de la grulla común, en los años de primavera precoz. De hecho, estos protagonistas no gozan, desde luego, del privilegio de ocupar una micra cuadrada de mi cerebro.
¡Na! La cuestión está en otro sitio. Y ella sí me preocupa. Y mucho.
Empecé esta reflexión hablando de Jan Karski. Cuando se ve y se oye hablar a un hombre como este, católico practicante y seguramente conservador en sus convicciones políticas, su discurso resulta más conmovedor incluso que el testimonio mismo de una víctima superviviente. Bueno, tal vez no sea posible compararlos. Pero su relato sobrecogedor, sereno y desolado a un tiempo, pone al alcance de quien le escucha, probablemente el más preciso instrumento con el que medir una tragedia que parece incomensurable.
¿Cómo un hecho que, por más sabido y reiterado que haya sido, siempre deja sin aliento a cualquier persona biennacida que se le acerque, puede ser manoseado obscenamente por unos seres a los que apenas me arriesgaría a calificar de humanos?
¿Cómo?... Al parecer es bastante sencilla la explicación. “¡No te irás a creer que hablaban en serio! ¿Pero bueno, cómo puedes pensar que X sea un fascista?” “Es pura provocación, hombre…Solo es eso… una provocación…” “ Estaba borracho, y decía cualquier cosa…” “Puro afán de notoriedad” Etc. etc.
Cuando Hanna Arendt acuñó la expresión “la banalidad del mal”, expresión que por otra parte, a fuerza de ser empleada en cualquier contexto, apenas conserva nada de su primitivo significado, trataba de sacar al concepto del mal de esa especie de cápsula protectora que era su pretendida excepcionalidad. El mal es una substancia que forma parte integral de la existencia y en consecuencia puede manifestarse en toda circunstancia. Solo la conciencia de su presencia permanente y la advertencia sobre su proximidad con cualquiera de nuestras acciones nos permiten vivir pasablemente de acuerdo con nuestros principios. No hay nada de mágico ni de ajeno a nuestra voluntad en el mal. Nada de extraordinario.
Pero una cosa es la banalidad y otra muy distinta es la insignificancia. Lo insignificante carece de significado, de contenido. La banalidad no. Estos seres insignificantes creen, dentro su alegre analfabetismo, que cuanto más conmovedor parezca un hecho a la mayoría de la gente más efecto provocador producirá su pretendida amoralidad de pacotilla. No estando ellos interesados lo más mínimo por ese hecho, más allá de su carácter aglutinador, “sensacional”, y en consecuencia ignorando cualquier rasgo significativo del mismo, lo manejan con la misma soltura con la que bromearían sobre cualquier hecho divulgado por los medios de comunicación. Solo están atentos a los scoops. Su vida es un titular.
En realidad no creo que sean conscientes de la gravedad de sus gestos. Bueno, para ser sincero, creo que estos desgraciados no son conscientes de nada, fuera de la obsesiva inquietud que les provoca el reflejo de sí mismos, devuelto por el espejo de su sala de baño.
Una vez llevada a cabo su azaña, se asombran un momento ante la resonancia adquirida por la “gracia”, y a continuación se despachan con una torpe disculpa inverosimil, que añade el dato que faltaba para detectar con total exactitud el nivel de insignificancia en el que simplemente existen. Esa frivolidad con la que encaran seguramente todos los aspectos de esa existencia, no tendría mayor transcendencia, sino fuera porque han conseguido escalar determinados estratos de popularidad en los que sus gestos adquieren la transcendencia propia de un liderazgo, aunque su eco se dirija casi exclusivamente hacia el universo uniforme de los miembros de la masa.
Lo malo es que cada uno de los miembros, idéntico e itercambiable, de ese magma insignificante sigue teniendo la capacidad letal demostrada paradigmáticamente en la Shoah. Su fuerza devastadora solo necesita de las consignas adecuadas, para llevar a cabo su labor aniquiladora. Y lo hará con la misma banal actitud con la que va cada mañana a la oficina. O le ríe el chiste al artista de turno.
La Shoah es, ante todo, la referencia definitiva que nos baliza unos límites alucinantes. Tanto por su aterradora banalidad, como por su estremecedora proximidad. Si permitimos que las palabras vayan perdiendo su poder significante, y su uso se rebaje hasta el nivel de la cháchara de un miserable charlatán de feria (aunque sea la de Cannes), estaremos apagando esas balizas indispensables que nos señalan el borde del abismo.
Solo dependerá de nosotros. Por eso, aunque parece que los responsables del Festival han reaccionado bien y oportunamente, se echa de menos un manifiesto firmado por aquellos que están más próximos profesionalmente a ese ejemplar de babosa cinematográfica, estableciendo sin ningún genero de ambigüedad los límites que definen el territorio de la dignidad y de la decencia.
viernes, 13 de mayo de 2011
(y 2) Bin Laden. A propósito de la verdad.
Como era de esperar, la red se ha atiborrado de interpretaciones, imprecaciones, indignaciones, y estupideces a montones, con el titular común de BIN LADEN. Dejando a un lado el ochenta por ciento de las manifestaciones, por no poseer el mínimo nivel de dignidad cultural exigible, queda un veinte por ciento que se debate entre la perplejidad y la desconfianza ante los datos publicados por los medios. Me he estado preguntando por los procesos mentales de estas personas de buena fé y las causas de su aparente desamparo, ante un hecho que, como poco, debería hacerles propender al optimismo. Creo yo…
La mala noticia es que una porción de estos buenos ciudadanos andan a la búsqueda de algo que, si siempre parece quimérico, en ocasiónes como la presente redobla la dificultad de ser hallada: la verdad. De entre los artículos que he encontrado referidos a este tema ha habido un par de ellos que me han inspirado un posible análisis de la naturaleza de la verdad en un caso como este, y es el siguiente:
Aviso: si hay en la sala algún ingenuo (o algo peor) que espere enterarse de la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad en el asunto de la muerte de Oussama Bin Laden, que vaya encargando una butaca y un cucurucho de copos de maíz para entretenerse, porque tiene para rato.
« in wartime, truth is so precious that she should always be attended by a bodyguard of lies”“En tiempos de guerra, la verdad es tan preciosa que es preciso rodearla siempre de una escolta (bodyguard) de mentiras”. Lo dijo alguien que tuvo que convencer con mucho esfuerzo a todos sus amigos de que acabar con los nazis era la prioridad absoluta de aquel momento: Churchill. Y a la colosal mentira que urdió para ocultar hasta el último día el mayor secreto de la Segunda Guerra Mundial, la Invasión de Normandía, le puso precisamente el nombre de “Operación Bodyguard”.
Reconozcámoslo o no, todos (o al menos yo) nos aproximamos a asuntos de esta índole en base a la incorrecta y simplificadora retórica de buenos y malos. Sólo para entendernos, claro. Y, en esa retórica, es evidente que los malos siempre mienten. Porque, como es bien sabido, los malos detestan la verdad. Ahora bien, algo viene sin embargo a complicar las cosas, y es que los buenos mienten también. Para despistar a los malos, como es natural. Je, je…
Alguien bienintencionado se preguntarà ¿pero bueno, qué broma es esta?
Nada de bromas socio. Desde que nuestro primer autor de novelas de Salgari, o sea el tío Homero, nos explicó como los astutos Aqueos se hacieron recibir por unos Troyanos dentro de un caballo de madera, y estos encantados con su juguete, los homenajearon con con una suntuosa verbena (la última), quedó establecido que cualquier engaño, falacia o emboscada constituyen un medio tan honorable como cualquier otro de joder al malo (con perdón).
Y si nó que se lo pregunten al bosquimano de la peli (El mundo está loco) cuando descubrió que el chimpacé metía la mano en el hueco del arbol donde nuestro amigo le había dejado “generosamente” un montón de sal, y trataba inultilmente de sacarla con un puñado, sin fijarse que con la mano llena no llegaría nunca a extraerla por la estrecha rendija del tronco. Bueno, en realidad lo que había descubierto el simpático bosquimano era que el chimpacé era un chimpacé precisamente porque no había conseguido llegar a ser humano, e inventar la rueda de radios para la bicicleta.
Ante Ciliga, un troskista croata (y gran descubrimiento tardío de Jorge Semprún), que fué uno de los primeros comunistas que denunciaron las dudosas ventajas de su rojo paraíso, proponía un aforismo muy esclarecedor respecto del tema de las mentiras tácticas. Y mira tú si no lo sabría él, antiguo y entusiasta propagandista del leninismo que fué durante años. Decía así: “ …en el reino de la falacia desconcertante, todos caminamos desorientados. Lo cual no es en sí mismo un gran problema, siempre que estemos al tanto de ello, claro está”.
Anton tenía razón. Y yo añadiría que, acuciados por nuestro miedo a la muerte, al pecado, al fracaso o al error (que es todo lo mismo), cada catecúmeno arrimará su perplejidad al ascua ideológica o religiosa que más caliente, en busca de argumentaciones homologadas. De todos es conocido el prestigio del que gozan las ideologías y otras religiones como refugios. Refugios perfectos en estos casos, ya que la Fé no entiende de verdades ni mentiras. Ella es la Verdad. Y punto.
Yo, a lo único a lo que puedo arrimarme es a los hechos esenciales ya que, desafortunadamente para mí, no gozo de ese privilegio que es la credulidad y me conformo con un mísero (pero confortable) escepticismo. En este caso preciso los hechos conocidos, en mí opinión, son los siguientes:
–Una peligrosa alimaña conocida por Oussama Bin Laden recorre ansioso los cuatro rincones de su Paraíso a la busca de una recompensa sangrientamente conseguida (o sea como su dios manda), y consistente en 72 niñas de edad tierna, vígenes, por supuesto, ahora y para siempre.
–Una unidad especial del Ejército de los USA, ha contribuido decisivamente en poner al mencionado sujeto en la senda de su búsqueda.
–El presidente de los USA, Mr. Obama, ha dirigido personalmente la operación, asumiendo esa responsabilidad públicamente ante el mundo entero.
–El rufián musulmán había sido localizado en pleno Pakistán, en una localidad de guarnición militar, y a escasos 300 mtrs. de una Academia Militar
–Los especialistas del Ejército de los USA han llevado a cabo la operación mediante los medios y protocolos própios de una intervención en territorio hostil.
–Los devotos del Consejo de Seguridad de la ONU, han podido escuchar la inmediata legitimación de la operación por parte de este organismo, así como la expresión de su satisfacción por la desaparición definitiva de la perla yemení.
–Los militares yankees se desembarazaron, a continuación, de los despojos del interfecto, en alta mar.
Pues bien amiguitos, estos son para mí los hechos desnudos. Todo lo demás es pura especulación o pura intoxicación. Dependerá del lado en el que se encuentre la antena emisora. Y ambas purezas se sostendrán en pié mientras esperamos el estreno de la superproducción de Hollywood en la que se aclararán definitivamente los detalles verídicos, de lo que en realidad sucedió una noche de Mayo de 2011. En una remota ciudad de Pakistán.
Hasta entonces, como diría el malogrado Gral. Custer: “…no hay más terrorista bueno que el terrorista muerto”.
Amén.
La mala noticia es que una porción de estos buenos ciudadanos andan a la búsqueda de algo que, si siempre parece quimérico, en ocasiónes como la presente redobla la dificultad de ser hallada: la verdad. De entre los artículos que he encontrado referidos a este tema ha habido un par de ellos que me han inspirado un posible análisis de la naturaleza de la verdad en un caso como este, y es el siguiente:
Aviso: si hay en la sala algún ingenuo (o algo peor) que espere enterarse de la verdad, sólo la verdad y nada más que la verdad en el asunto de la muerte de Oussama Bin Laden, que vaya encargando una butaca y un cucurucho de copos de maíz para entretenerse, porque tiene para rato.
« in wartime, truth is so precious that she should always be attended by a bodyguard of lies”“En tiempos de guerra, la verdad es tan preciosa que es preciso rodearla siempre de una escolta (bodyguard) de mentiras”. Lo dijo alguien que tuvo que convencer con mucho esfuerzo a todos sus amigos de que acabar con los nazis era la prioridad absoluta de aquel momento: Churchill. Y a la colosal mentira que urdió para ocultar hasta el último día el mayor secreto de la Segunda Guerra Mundial, la Invasión de Normandía, le puso precisamente el nombre de “Operación Bodyguard”.
Reconozcámoslo o no, todos (o al menos yo) nos aproximamos a asuntos de esta índole en base a la incorrecta y simplificadora retórica de buenos y malos. Sólo para entendernos, claro. Y, en esa retórica, es evidente que los malos siempre mienten. Porque, como es bien sabido, los malos detestan la verdad. Ahora bien, algo viene sin embargo a complicar las cosas, y es que los buenos mienten también. Para despistar a los malos, como es natural. Je, je…
Alguien bienintencionado se preguntarà ¿pero bueno, qué broma es esta?
Nada de bromas socio. Desde que nuestro primer autor de novelas de Salgari, o sea el tío Homero, nos explicó como los astutos Aqueos se hacieron recibir por unos Troyanos dentro de un caballo de madera, y estos encantados con su juguete, los homenajearon con con una suntuosa verbena (la última), quedó establecido que cualquier engaño, falacia o emboscada constituyen un medio tan honorable como cualquier otro de joder al malo (con perdón).
Y si nó que se lo pregunten al bosquimano de la peli (El mundo está loco) cuando descubrió que el chimpacé metía la mano en el hueco del arbol donde nuestro amigo le había dejado “generosamente” un montón de sal, y trataba inultilmente de sacarla con un puñado, sin fijarse que con la mano llena no llegaría nunca a extraerla por la estrecha rendija del tronco. Bueno, en realidad lo que había descubierto el simpático bosquimano era que el chimpacé era un chimpacé precisamente porque no había conseguido llegar a ser humano, e inventar la rueda de radios para la bicicleta.
Ante Ciliga, un troskista croata (y gran descubrimiento tardío de Jorge Semprún), que fué uno de los primeros comunistas que denunciaron las dudosas ventajas de su rojo paraíso, proponía un aforismo muy esclarecedor respecto del tema de las mentiras tácticas. Y mira tú si no lo sabría él, antiguo y entusiasta propagandista del leninismo que fué durante años. Decía así: “ …en el reino de la falacia desconcertante, todos caminamos desorientados. Lo cual no es en sí mismo un gran problema, siempre que estemos al tanto de ello, claro está”.
Anton tenía razón. Y yo añadiría que, acuciados por nuestro miedo a la muerte, al pecado, al fracaso o al error (que es todo lo mismo), cada catecúmeno arrimará su perplejidad al ascua ideológica o religiosa que más caliente, en busca de argumentaciones homologadas. De todos es conocido el prestigio del que gozan las ideologías y otras religiones como refugios. Refugios perfectos en estos casos, ya que la Fé no entiende de verdades ni mentiras. Ella es la Verdad. Y punto.
Yo, a lo único a lo que puedo arrimarme es a los hechos esenciales ya que, desafortunadamente para mí, no gozo de ese privilegio que es la credulidad y me conformo con un mísero (pero confortable) escepticismo. En este caso preciso los hechos conocidos, en mí opinión, son los siguientes:
–Una peligrosa alimaña conocida por Oussama Bin Laden recorre ansioso los cuatro rincones de su Paraíso a la busca de una recompensa sangrientamente conseguida (o sea como su dios manda), y consistente en 72 niñas de edad tierna, vígenes, por supuesto, ahora y para siempre.
–Una unidad especial del Ejército de los USA, ha contribuido decisivamente en poner al mencionado sujeto en la senda de su búsqueda.
–El presidente de los USA, Mr. Obama, ha dirigido personalmente la operación, asumiendo esa responsabilidad públicamente ante el mundo entero.
–El rufián musulmán había sido localizado en pleno Pakistán, en una localidad de guarnición militar, y a escasos 300 mtrs. de una Academia Militar
–Los especialistas del Ejército de los USA han llevado a cabo la operación mediante los medios y protocolos própios de una intervención en territorio hostil.
–Los devotos del Consejo de Seguridad de la ONU, han podido escuchar la inmediata legitimación de la operación por parte de este organismo, así como la expresión de su satisfacción por la desaparición definitiva de la perla yemení.
–Los militares yankees se desembarazaron, a continuación, de los despojos del interfecto, en alta mar.
Pues bien amiguitos, estos son para mí los hechos desnudos. Todo lo demás es pura especulación o pura intoxicación. Dependerá del lado en el que se encuentre la antena emisora. Y ambas purezas se sostendrán en pié mientras esperamos el estreno de la superproducción de Hollywood en la que se aclararán definitivamente los detalles verídicos, de lo que en realidad sucedió una noche de Mayo de 2011. En una remota ciudad de Pakistán.
Hasta entonces, como diría el malogrado Gral. Custer: “…no hay más terrorista bueno que el terrorista muerto”.
Amén.
lunes, 9 de mayo de 2011
Un terrorista muerto aterroriza algo menos. Creo yo.
Cuando han ocurrido hechos como el de la “neutralización”–eufemismo militar– de Ben Laden (BL) a lo largo de estos tiempos de omnipresencia mediática, el expectador–oyente–lector ha dispuesto de una alternativa, en todos los casos, respecto de hacia dónde dirigir su atención. O bien se concentraba en la noticia oficial y en sus datos más significativos o, por el contrario, prestaba atención a los centenares de revelaciones paralelas, de “fuentes próximas y fuera de toda duda”, y análisis de “especialistas”, aclarando toda la compleja trama de oscuros pero, al parecer, evidentes (¡) intereses que la rodean. Cosas que, en un prodigio de oportunidad y rapidez, suelen eclosionar como setas en otoño a las pocas horas del suceso.
Este fenómeno es universal. De hecho, esas “informaciones paralelas” poseen tanto más crédito, cuanto más alejado y oscuro sea su supuesto “origen”. Pero en nuestro querido país, y a fín de no contradecir las esencias que siempre nos han definido, estos fenómenos adquieren unos niveles tales de éxito popular que para su elaboración solemos prescindir incluso de las “fuentes”. Y una vez más, aportamos a esa Humanidad, que ha solido menospreciarnos históricamente, las razones verdaderas, el auténticio desarrollo de los hechos y las consecuencias indudables que el acontecimiento provocará. Y todo ello sin precisar de otra virtud que no sea la de nuestra perspicaz e infalible intuición.
El el caso de BL, mientras en los diversos foros y medios internacionales se debate sobre las peculiaridades del derecho de injerencia; la violación de fronteras; la ejecución sin juicio previo; la legitimidad de una guerra no declarada, la posible complicidad con el terrorista de un estado aliado o la conveniencia de presentar o no públicamente las pruebas tangibles del hecho, en España hemos dado con el intrígulis del asunto sin perder el tiempo con todas esas estériles “filosofías”.
Si se tiene el humor necesario para surfear unos instantes sobre las innumerables webs del litoral “progre”, uno se tropieza de inmediato con una serie de afirmaciones, todas ellas categóricamente indiscutibles, que explican “la noticia” desde todos los ángulos posibles; legales, históricos, morales, políticos, etc.
Pongamos un ejemplo. Ninguno de vosotros se habrá dado cuenta, pero a quien realmente mataron los yankis fué a Benazir Bhutto, “por chivarse que Ben Laden llevaba varios años muerto”. Aparte de que “…quizas hallan ejecutada a Bin Laden unque no lo creo pero el otro responsables del 11S lo tiene los americanos muy cerca y es el expresidente Bush que sabia todo y que apoyo para que se cometiera el atentado, hay muchos videos de camaras infrarrojas que muestran como las torres fueron demolidas por los mismos americanos y no por los aviones, todos pueden accedera estas imagenes en YOUTUBE miren y comprueben. Bush esta feliz con la supuesta muerte de Bin Laden y cree que ya se libro de toda culpa, pero algun dia se sabra la verdad”(he preferido respetar la florida ortografía del autor). Y la esclarecida analista de portada se pregunta: “¿Es esto la instauración del asesinato extrajudicial? Matar en vez de juzgar en los tribunales, sin probar la culpabilidad, YA forma parte de los 'valores' de Occidente” .
No merece la pena insistir con más ejemplos. Los redactores y lectores de un medio de éxito editorial innegable como el Diario Público nos describen sobradamente el ambiente reinante en el territorio de las tribus progresistas.
En cuanto a mí opinión, hay varias cosas que me inspira la noticia. Empecemos por declarar, para disipar cualquier duda, que me parece una excelente noticia que el mundo, incluido el incivilizado, se haya visto librado de un peligroso ejemplar de esa especie tan desdichadamente abundante que constituyen los partidarios de las masacres artesanales.
Luego, con relación a la manera en la que ha sido apartado de sus potenciales víctimas, o sea del resto del mundo, por más que me esfuerzo no encuentro rastro de duda. Desde que soy una persona adulta (no hace tanto de esto) albergo la convicción de que nada es más justo que el aplicar escrupulosamente a los delincuentes su própio código de conducta. ¿Que les gustan los campos de concentratación? Uno entero para ellos solos. ¿Que les gusta arrebatar vidas ajenas? Pues nada, se le arrebata la suya. Esas cosas las entienden ellos mejor que nadie. Alfonso Rojo, que los ha visto de cerca durante años, opinaba en el ABC que lamentaba que le hubiesen pegado tres tiros en el pecho y la cabeza… antes de volarle las pelotas. Comprendereis que es una última jugada muy sucia que un nota de estos nos haga perder el tiempo buscando un encaje legal perfecto para su castigo, no para que él se sienta mejor, sino para que el acto de la justicia no nos caiga como una losa sobre nuestra conciencia.
Por otro lado deberíamos analizar con detenimiento el comportamiento de estas perlas, para adquirir la certeza de que se acomoda a aquel que define al ser humano. No vaya a ser que estemos aplicando un código de derechos erróneo. La mayoría de las actitudes comprobadas en muchos de estas joyas, no serían suscritas ni por una pantera de Java. Y, que yo sepa, a las pobres panteras no suelen aplicárseles códigos como la Declaración Universal de Derechos Humanos. De modo que más nos valdría recordar que un ser humano es precisamente humano porque se comporta de una determinada manera, y dentro de unos límites (incluso delictivos). Fuera de esas pautas no existen ni los seres humanos, ni sus códigos.
A no ser que volvieramos a plantearnos su definición.
No me cabe duda que a algunas posiciones ideológicas, que se encuentran hace años a la búsqueda de un hombre nuevo, apoyarían esa iniciativa. Son los mismos que desarrollan interminables discursos cuando ocurren cosas como esta. No para reflexionar sobre la catadura del muerto, o conmoverse con la tragedia de las víctimas, no, no. Hablan incansablemente sobre nuestra inexcusable responsabilidad en la aparición y existencia de esa plaga, y en nuestra implacable e inmoral crueldad a la hora de resolver el problema.
Otro aspecto interesante es la postura del presidente Obama. Debió analizar hasta la extenuación el papel de Gary Cooper en “Solo Ante el Peligro”, para descubrir la sutiles diferencias que distinguían a ese personaje de los interpretados por su colega el rudo derechista John Wayne, y poder encontrar así un paradigma salvador. ¡Tenía planteado el más mediático de los problemas de su mandato! ¡Se veía obligado a asumir el remate de la faena iniciada y casi resuelta por su innombrable predecesor!
Pero, teniendo en cuenta el lamentable estado de las encuestas a un año y medio de la reeleción un éxito popular como este podría representar un pelotazo sólo comparable al del cierre feliz de una negociación política con la ETA, para un deshauciado Partido Socialista Obrero Español, aunque se consiga a costa de entregar el país a una banda de forajidos.
Y, claro, mandó disparar.
De todas maneras, habrá que estar atentos a los próximos acontecimientos en los EEUU. La pérdida de liderazgo mundial, por momentos aparentemente provocada por ellos mismos (caso de Libia), da la sensación que responde más bien un nuevo y evidente cambio en los equilibrios globales. Pero no me parece que los yankis se vayan a resignar. Puede haber de todo en ese pueblo; pero nunca se ha detectado ni una migaja de determinismo hasta la fecha.
¿Esta bomba mediática puede encerrar más carga simbólica de la que aparenta? ¿Corresponde a una señal de afirmación de un poder que algunos podrían haber empezado a poner en duda? ¿Esas dudas fueron alimentadas por una política exterior del gabinete Obama que, de tanto tratar de distanciarse de su antecesor, estaba empezando a ser percibida con síntomas de debilidad? ¿Es esta noticia un síntoma de revalorización de la, hasta hoy, denigrada estrategia emprendida por el Departamento de Estado, bajo el mandato de George W. Bush? Desde luego podrán apreciarse algunas lagunas en el perfil político de Obama, pero su inteligente capacidad para detectar y aprovechar cualquier oportunidad que se presente está fuera de toda duda.
Y esta vez la ha cogido al vuelo.
Por otra parte, y por primera vez en mucho tiempo, tengo la sensación de que la operación llevada a cabo en esta ocasión, lo ha sido con un excepcional sentido de la oportunidad y la eficacia. Respecto del momento escogido, las previsibles respuestas malhumoradas por parte de los “amigos” del golfo pérsico, no parece que constituyan actualmente una preocupación prioritaria para ellos, dadas las agitadas circunstancias políticas que concurren actualmente en la mayoría de sus territorios.
Lo cierto es que el seísmo geopolítico que està teniendo lugar desde Paquistán hasta Marruecos, aunque sufre de esa patología consistente en perder tensión mediática, aunque la fiebre no haya remitido, simplemente porque se prolonga en el tiempo más allá del presente inmediato, ese seísmo digo, está adquiriendo en mi cabeza un transcendencia inesperada. No sé muy bien porqué. Por más que trato de estar informado, y que acudo a fuentes bastante fiables en cantidad y calidad, sigo sin aislar y entender el núcleo de la cuestión. Pero, a pesar de ello, cada día aumenta en mí la intuición de que estamos viviendo uno de esos momentos que, a veces, han acelerado el ritmo de la historia. Al final de estos cortos e itensos períodos, nuestra realidad siempre ha presentado cambios significativos con relación a las situaciones precedentes. Situaciones, por cierto, que parecían inamovibles muy poco tiempo antes.
Bueno, por lo pronto, Osama Ben Laden ha salido por última vez del silencio mediático en el que se había refugiado desde hace un tiempo, y, aunque su esquela no aprezca en el ABC, parece bastante probable que se encuentre en este momento ocupando su tiempo en la afanosa búsqueda de las 72 huries que se ha ganado a pulso.
¡Un monstruo!
(Por cierto, el dibujo de más arriba es obra de Hillary Clinton. ¡Como lo oís!)
Este fenómeno es universal. De hecho, esas “informaciones paralelas” poseen tanto más crédito, cuanto más alejado y oscuro sea su supuesto “origen”. Pero en nuestro querido país, y a fín de no contradecir las esencias que siempre nos han definido, estos fenómenos adquieren unos niveles tales de éxito popular que para su elaboración solemos prescindir incluso de las “fuentes”. Y una vez más, aportamos a esa Humanidad, que ha solido menospreciarnos históricamente, las razones verdaderas, el auténticio desarrollo de los hechos y las consecuencias indudables que el acontecimiento provocará. Y todo ello sin precisar de otra virtud que no sea la de nuestra perspicaz e infalible intuición.
El el caso de BL, mientras en los diversos foros y medios internacionales se debate sobre las peculiaridades del derecho de injerencia; la violación de fronteras; la ejecución sin juicio previo; la legitimidad de una guerra no declarada, la posible complicidad con el terrorista de un estado aliado o la conveniencia de presentar o no públicamente las pruebas tangibles del hecho, en España hemos dado con el intrígulis del asunto sin perder el tiempo con todas esas estériles “filosofías”.
Si se tiene el humor necesario para surfear unos instantes sobre las innumerables webs del litoral “progre”, uno se tropieza de inmediato con una serie de afirmaciones, todas ellas categóricamente indiscutibles, que explican “la noticia” desde todos los ángulos posibles; legales, históricos, morales, políticos, etc.
Pongamos un ejemplo. Ninguno de vosotros se habrá dado cuenta, pero a quien realmente mataron los yankis fué a Benazir Bhutto, “por chivarse que Ben Laden llevaba varios años muerto”. Aparte de que “…quizas hallan ejecutada a Bin Laden unque no lo creo pero el otro responsables del 11S lo tiene los americanos muy cerca y es el expresidente Bush que sabia todo y que apoyo para que se cometiera el atentado, hay muchos videos de camaras infrarrojas que muestran como las torres fueron demolidas por los mismos americanos y no por los aviones, todos pueden accedera estas imagenes en YOUTUBE miren y comprueben. Bush esta feliz con la supuesta muerte de Bin Laden y cree que ya se libro de toda culpa, pero algun dia se sabra la verdad”(he preferido respetar la florida ortografía del autor). Y la esclarecida analista de portada se pregunta: “¿Es esto la instauración del asesinato extrajudicial? Matar en vez de juzgar en los tribunales, sin probar la culpabilidad, YA forma parte de los 'valores' de Occidente” .
No merece la pena insistir con más ejemplos. Los redactores y lectores de un medio de éxito editorial innegable como el Diario Público nos describen sobradamente el ambiente reinante en el territorio de las tribus progresistas.
En cuanto a mí opinión, hay varias cosas que me inspira la noticia. Empecemos por declarar, para disipar cualquier duda, que me parece una excelente noticia que el mundo, incluido el incivilizado, se haya visto librado de un peligroso ejemplar de esa especie tan desdichadamente abundante que constituyen los partidarios de las masacres artesanales.
Luego, con relación a la manera en la que ha sido apartado de sus potenciales víctimas, o sea del resto del mundo, por más que me esfuerzo no encuentro rastro de duda. Desde que soy una persona adulta (no hace tanto de esto) albergo la convicción de que nada es más justo que el aplicar escrupulosamente a los delincuentes su própio código de conducta. ¿Que les gustan los campos de concentratación? Uno entero para ellos solos. ¿Que les gusta arrebatar vidas ajenas? Pues nada, se le arrebata la suya. Esas cosas las entienden ellos mejor que nadie. Alfonso Rojo, que los ha visto de cerca durante años, opinaba en el ABC que lamentaba que le hubiesen pegado tres tiros en el pecho y la cabeza… antes de volarle las pelotas. Comprendereis que es una última jugada muy sucia que un nota de estos nos haga perder el tiempo buscando un encaje legal perfecto para su castigo, no para que él se sienta mejor, sino para que el acto de la justicia no nos caiga como una losa sobre nuestra conciencia.
Por otro lado deberíamos analizar con detenimiento el comportamiento de estas perlas, para adquirir la certeza de que se acomoda a aquel que define al ser humano. No vaya a ser que estemos aplicando un código de derechos erróneo. La mayoría de las actitudes comprobadas en muchos de estas joyas, no serían suscritas ni por una pantera de Java. Y, que yo sepa, a las pobres panteras no suelen aplicárseles códigos como la Declaración Universal de Derechos Humanos. De modo que más nos valdría recordar que un ser humano es precisamente humano porque se comporta de una determinada manera, y dentro de unos límites (incluso delictivos). Fuera de esas pautas no existen ni los seres humanos, ni sus códigos.
A no ser que volvieramos a plantearnos su definición.
No me cabe duda que a algunas posiciones ideológicas, que se encuentran hace años a la búsqueda de un hombre nuevo, apoyarían esa iniciativa. Son los mismos que desarrollan interminables discursos cuando ocurren cosas como esta. No para reflexionar sobre la catadura del muerto, o conmoverse con la tragedia de las víctimas, no, no. Hablan incansablemente sobre nuestra inexcusable responsabilidad en la aparición y existencia de esa plaga, y en nuestra implacable e inmoral crueldad a la hora de resolver el problema.
Otro aspecto interesante es la postura del presidente Obama. Debió analizar hasta la extenuación el papel de Gary Cooper en “Solo Ante el Peligro”, para descubrir la sutiles diferencias que distinguían a ese personaje de los interpretados por su colega el rudo derechista John Wayne, y poder encontrar así un paradigma salvador. ¡Tenía planteado el más mediático de los problemas de su mandato! ¡Se veía obligado a asumir el remate de la faena iniciada y casi resuelta por su innombrable predecesor!
Pero, teniendo en cuenta el lamentable estado de las encuestas a un año y medio de la reeleción un éxito popular como este podría representar un pelotazo sólo comparable al del cierre feliz de una negociación política con la ETA, para un deshauciado Partido Socialista Obrero Español, aunque se consiga a costa de entregar el país a una banda de forajidos.
Y, claro, mandó disparar.
De todas maneras, habrá que estar atentos a los próximos acontecimientos en los EEUU. La pérdida de liderazgo mundial, por momentos aparentemente provocada por ellos mismos (caso de Libia), da la sensación que responde más bien un nuevo y evidente cambio en los equilibrios globales. Pero no me parece que los yankis se vayan a resignar. Puede haber de todo en ese pueblo; pero nunca se ha detectado ni una migaja de determinismo hasta la fecha.
¿Esta bomba mediática puede encerrar más carga simbólica de la que aparenta? ¿Corresponde a una señal de afirmación de un poder que algunos podrían haber empezado a poner en duda? ¿Esas dudas fueron alimentadas por una política exterior del gabinete Obama que, de tanto tratar de distanciarse de su antecesor, estaba empezando a ser percibida con síntomas de debilidad? ¿Es esta noticia un síntoma de revalorización de la, hasta hoy, denigrada estrategia emprendida por el Departamento de Estado, bajo el mandato de George W. Bush? Desde luego podrán apreciarse algunas lagunas en el perfil político de Obama, pero su inteligente capacidad para detectar y aprovechar cualquier oportunidad que se presente está fuera de toda duda.
Y esta vez la ha cogido al vuelo.
Por otra parte, y por primera vez en mucho tiempo, tengo la sensación de que la operación llevada a cabo en esta ocasión, lo ha sido con un excepcional sentido de la oportunidad y la eficacia. Respecto del momento escogido, las previsibles respuestas malhumoradas por parte de los “amigos” del golfo pérsico, no parece que constituyan actualmente una preocupación prioritaria para ellos, dadas las agitadas circunstancias políticas que concurren actualmente en la mayoría de sus territorios.
Lo cierto es que el seísmo geopolítico que està teniendo lugar desde Paquistán hasta Marruecos, aunque sufre de esa patología consistente en perder tensión mediática, aunque la fiebre no haya remitido, simplemente porque se prolonga en el tiempo más allá del presente inmediato, ese seísmo digo, está adquiriendo en mi cabeza un transcendencia inesperada. No sé muy bien porqué. Por más que trato de estar informado, y que acudo a fuentes bastante fiables en cantidad y calidad, sigo sin aislar y entender el núcleo de la cuestión. Pero, a pesar de ello, cada día aumenta en mí la intuición de que estamos viviendo uno de esos momentos que, a veces, han acelerado el ritmo de la historia. Al final de estos cortos e itensos períodos, nuestra realidad siempre ha presentado cambios significativos con relación a las situaciones precedentes. Situaciones, por cierto, que parecían inamovibles muy poco tiempo antes.
Bueno, por lo pronto, Osama Ben Laden ha salido por última vez del silencio mediático en el que se había refugiado desde hace un tiempo, y, aunque su esquela no aprezca en el ABC, parece bastante probable que se encuentre en este momento ocupando su tiempo en la afanosa búsqueda de las 72 huries que se ha ganado a pulso.
¡Un monstruo!
(Por cierto, el dibujo de más arriba es obra de Hillary Clinton. ¡Como lo oís!)
jueves, 21 de abril de 2011
Ateos : 4 – Demás: 0
En el breve plazo de un resfriado han llegado hasta mi apeadero un aluvión de referencias a lo que no sé si calificar como una “furiosa ofensiva librepensadora”, dada su cantidad. Su cantidad sí, porque lo cierto es que de densidad andan todas ellas más bien escasas. Y en cuanto a su identificación librepensadora responde a un cierto exceso léxico, ya que, además de que la libertad no parece figurar entre sus más urgentes prioridades, lo de pensar parece constituir, así mismo, un pasatiempo marginal para sus autores. En el mejor de los casos.
He llevado a cabo una selección que sintetiza el fenómeno, tratando de subrayar el carácter ecuménico (nunca mejor dicho) de la tendencia. Y no vayais a ofenderme ahora coligiendo que puedo estar sugiriendo la idea de un complot u otra maquinación de las fuerzas del mal. No, no. Nada de eso. Esto es como todo. Una moda. Una de esas manifestaciones propias de la masa.
Acordaos de lo ya os he comentado de la masa. La masa “no piensa”. Los componentes de la masa ingresan en ella justamente para desactivar la cabeza. La masa solo “siente”. Para, así, no equivocarse nunca. No se tienen noticias de sentimientos “erroneos”. Y esos sentimientos, las emociones, se manifiestan mediante “ritos colectivos”: las modas. Que son aglutinantes–identificadores del conjunto, que sirven para reconocerse. Los colegas. Los que antes se llamaban camaradas. Es el territorio del logotipo, que es un slogan visual. Del brazalete, o la pañoleta palestina. O el tatoo. O la anilla de becerro en la nariz… es el espacio del uniforme, que no viste al cuerpo. Que abriga, sobre todo, al espíritu aterido de soledad. La masa es el refugio de quienes no soportan estar solos. De quienes no “se” soportan, a secas.
Pero la masa es de naturaleza dinámica. Va en bicicleta. Si se para se cae. Y para estar en “movimiento” necesita una dirección (¡movimiento!¡qué maravilla! nunca me acostumbraré a la mágia de las palabras… ¿os dice algo “la movilización de las masas”?) Una dirección presupone, además, aunque solo sea de ofico, un propósito o una misión. Y una misión, para que sea motivante, necesita, a su vez, unos ciertos requisitos.
Por ejemplo, un enemigo para lincharlo. Alguien o algo que suponga un obstáculo en la inexorable marcha hacia donde sea que se haya señalado el rumbo. En el caso que nos ocupa: hacia la imposición urbe et orbe del ateismo; de la supuesta condición de “librepensador”. Una de las prácticas más comunes de estas sectas manipuladoras consiste en el secuestro y apropiación de denominaciones como “librepensador". Los detentadores del copyrigth de este término estoy convencido de que se hubiesen apuntado a la secta del Ku–Klux–Klan, antes de tolerar el insensato final que el destino tenía reservado para su invento. Los promotores de estos circos cuentan para llevarlos a cabo con pleno éxito, con el proverbial analfabetismo imperante entre su público, y con el suyo propio, que les permite convencerse, incluso, de que son los inventores de la vaina.
El actual sunami ateo de nuestra pecera religiosa, trata todos los días de asaltar nuevas posiciones mal o nada defendidas, con el éxito que suelen tener entre nosotros cualquier manifestación con ínfulas de ironía, o pretendido humor fino como la lija del 4, que se cebe con alguna víctima. Indefensa a poder ser…¡porque es mucho más gracioso, a dónde vas a parar! y ya, si se trata de la Religión y sus fieles, ¡ni te digo! puede llegar a ser el descojone total…
Y aquí llegamos a la cuestión. Lo que os voy a contar a continuación debe ser leído teniendo en cuenta que yo soy agnóstico y de que las procesiones de Semana Santa suelen cogerme siempre, como por casualidad, haciendo Wind Surfing, con lo que mi cultura e interés por las mismas podemos considerarlos muy marginales. Que Dios me perdone.
He recibido estos días un mail de un viejo amigo, que suele hacerme comentarios progres, aunque tratándo de situarse siempre “au dessus de la mêlée”, conocedor de mis escasas simpatías por mís antiguos cómplices de la planicie encefalográfica. Y dice así:
“El profesor de la UMA, José María Hinojosa, está preparando una tesis doctoral que va a revolucionar el mundo de la Ciencia, permitiendo a los costaleros de la Semana Santa Malagueña entrar en los anales del conocimiento científico. Para llegar a conclusiones necesariamente contrastadas, ya en 2009 y 2010, a algunos costaleros elegidos les fueron instalados pulsómetros y GPS para conocer las pulsaciones a lo largo de sus trayectorias, así como la ubicación exacta debajo del trono respecto al callejero de la ciudad. Este año como novedad, para medir su resistencia, el profesor Hinojosa y su compañero Aurelio Díaz realizarán análisis de orina y de ácido láctico en varios puntos del recorrido. Lo que no han manifestado a la redacción del diario “Qué”, es como lo van a llevar a cabo, si sobre la marcha caminando junto a los costaleros debajo del trono, provistos de embudos, tubos y envases herméticos, o en las paradas. Tampoco han indicado de que forma y de dónde extraerán el ácido láctico a los sufridos porteadores, alguno de los cuales van a ciegas -como se refleja en una fotografía-, con un pañuelo negro cubriéndoles los ojos. “Un hombre de trono, sufre lo mismo que un ciclista”, ha afirmado Hinojosa a partir de las conclusiones de su estudio. Aunque no ha explicitado si ese ciclista, estaba subiendo al Tourmalet o realizando una contrareloj. Según otro estudio realizado por el Hospital Quirón de Málaga, centro especializado en estos trances, un costalero medio necesita al menos 5 días para recuperarse.”
Deduzco del texto que es una información redactada y publicada por esa especie de papel de envolver pescado, distribuído gratuitamente entre la planta baja de la masa, y que se denomina nada menos que “Qué”. El suculento ingenio que destila en su sutil ironía no apunta con tiro tenso contra los “pasos” de la procesíon, no; sino que, cuidadoso con los potenciales lectores creyentes que podría perder, dispara por elevación presentando a unos doctores, sobre cuyos experimentos, de ser ciertos, me guardo la opinión, como figuras ridículas dentro un “totum” delirante e histriónico: las procesiones. Ellas constituyen el verdadero objetivo de la sarcástica agresión. Y a mí amigo, esta ocurrencia le parece digna de ser remitida a sus amistades. Vale. Pero yo que lo conozco, sé que posee el suficiente talento como para no reirse ni de esto ni de los bodrios de Santiago Segura. Así que enviarlo… no sé… es como una ceremonia de refresco de viejas convicciones de antiguo combatiente, algo así como “hey mate! I’m still right here ah! Patético.
Pero, como diría mi viejo amigo Alfredo “Chocolate” Armenteros, ¡Sigue el bochinche, cumpay!
Alma López “artista” californiana de origen chicano, y vecina de Santa Mónica, feminista y progresista como suelen ser todos los protegidos de la burguesía bohèmia e influyente de la Costa Oeste, y financiada por toda esa retahila de organismos estatales que aún no han consiguido arruinar del todo al gran estado del Pacífico, ha llevado a cabo la “blasfémia artística” del momento. Ha colgado en el Oakland Museum, hasta el 29 de Mayo, un collage artistico titulado “Our Lady”, al que la prensa ha calificado con prudencia como “controvertido”. La controversia, al parecer, viene de largo, ya que en el 2001 la obra fué obligada ha ser retirada de un museo de Santa Fé (NuevoMéxico) por las autoridades católicas. Se trata de una versión sicalíptica de la Virgen de Guadalupe. (foto)
Y, como el arte y la maldad no descansan, en Avignon unos superfieles, neologísmo que acabo de inventarme para designar a cierta especie de fieles católicos que suelen traspasar los límites sensatos de la indignación, y tomar medidas ejecutivas más propias de otras épocas, felizmente superadas, se han liado la manta a la cabeza, o al lugar donde deberían tenerla, y han destruido una “obra de arte” titulada “Pisse Christ”, de un artista americano llamado Andrés Serrano.
¡Mira tú que no podía llamarse John Smith, el nota! ¡Pues no! Andrés Serrano. Y digo yo, ¿será significativo que traíga aquí dos ejemplos de algo que no me hace maldita la gracia, y que tengan que ser protagonizados por dos “artistas americanos” con apellidos típicos de honrados mueblistas o fotograbadores de la Mancha?
Bueno, la cuestión es que en el caso de Avignon, concurren otros detalles que justifican, a mi juício, su presencia en este rincón de maledicencia. Veamos; para empezar describiré la “obra”. Se trata de un pequeño crucifijo de aspecto banal, introducido en una especie de vaso de sidra, que se rellenó a continuación con la orina del autor de la creación (con minúscula). Se realizó una foto de la obra, y ese soporte fotográfico constituyó la obra terminada.(foto) Llegados a este punto se escogió la Galerie Lambert de la Cité des Papes como escenario digno de su exhibición, y se gestionó con éxito la financiación de dicha exposición por la LVMH, holding propiedad de M. Bernard Arnault.
El tal M. Arnault, dueño de las suntuosas burbujas de Moët Chandon, los calzos Guzzi, las chalinas Hermés, los bolsos Louis Wuitton y las mochilas Loewe, este Lorenzo de Médicis del siglo XXI digo, tuvo la ocurrencia de denunciar el escándalo de una supuesta censura religiosa, instigada por el arzobispo de Avignon, Mgr. Cattenoz, que pretendía nada menos que perpetrar el “sacrilegio” de la retirada de una “obra mayor del arte contemporáneo”; o sea el citado ”Pisse Christ”. Y todo esto, promovido por alguien cuya divisa comercial le presenta como el: “Embajador del arte de vivir occidental, en aquello que tiene de más refinado”. Sin comentarios.
Naturalmente no podríamos cerrar este refrito sin mencionar el intento de celebrar la cabalgata del “Dia del Orgullo Ateo”, que en forma de parodia de una procesión de Semana Santa, se desarrollaría simultaneamente a las demás procesiones el Jueves y Viernes Santos por el centro de Madrid. Ha faltado un pelo para que consiguieran la autorización de la Delegación del Gobierno, o sea del Ministerio del Interior, para llevarla a cabo. Tan seguros estaban de que la juerga se iba a armar, que empezaron a calentar el ambiente, días antes de que estallase el asunto en la prensa, exhibiendo programas del recorrido en los que, en la parada fundamental del viacrucis, se rendiría sentido homenaje a aquellos “heroes” que llevaron a cabo la “hazaña” de quemar la primera iglesia, en Mayo de 1931. Falla mayor con la que celebraron la proclamación de la Segunda República. La “estación” del viacrucis se realizaría ante la misma iglesia reconstruida. No aclaraban si se pretendía terminar la faena de sus gloriosos antecesores, con una nueva y definitiva pira.
Pero, por si no fuera suficiente esta declaración como prueba irrefutable del ánimo ofensivo y militante de la estrafalaria convocatoria, uno de sus responsables no tuvo el menor inconveniente en declarar abiertamente a un periodista que el propósito de la mascarada era el de agredir e inflingir todo el daño posible a los fieles de la Iglesia Católica.
Bueno amiguitos, tal vez porque la época es propicia, me ha tocado de nuevo ejercer de “oxímoron” moral. Y por lo tanto de descreído defensor de creyentes, para denunciar estos comportamientos a los que a veces tengo la tentación de considerar “paradógicamente necesarios”. Sí, sí… Como suena. Males menores. Válvulas de depresión. Lo digo, porque toda la violencia y el odio que veo encerrados tras estos gestos grotescos, que, en realidad, ocultan en su siempre desmesurada caricatura la gravedad de una enfermedad mental colectiva, me da mucho miedo. Y acabo por pensar que, aunque me repugne decirlo, si tengo que escoger entre lo malo y lo peor…,casi prefiero morir, a perder la vida.
¿O era al revés?
He llevado a cabo una selección que sintetiza el fenómeno, tratando de subrayar el carácter ecuménico (nunca mejor dicho) de la tendencia. Y no vayais a ofenderme ahora coligiendo que puedo estar sugiriendo la idea de un complot u otra maquinación de las fuerzas del mal. No, no. Nada de eso. Esto es como todo. Una moda. Una de esas manifestaciones propias de la masa.
Acordaos de lo ya os he comentado de la masa. La masa “no piensa”. Los componentes de la masa ingresan en ella justamente para desactivar la cabeza. La masa solo “siente”. Para, así, no equivocarse nunca. No se tienen noticias de sentimientos “erroneos”. Y esos sentimientos, las emociones, se manifiestan mediante “ritos colectivos”: las modas. Que son aglutinantes–identificadores del conjunto, que sirven para reconocerse. Los colegas. Los que antes se llamaban camaradas. Es el territorio del logotipo, que es un slogan visual. Del brazalete, o la pañoleta palestina. O el tatoo. O la anilla de becerro en la nariz… es el espacio del uniforme, que no viste al cuerpo. Que abriga, sobre todo, al espíritu aterido de soledad. La masa es el refugio de quienes no soportan estar solos. De quienes no “se” soportan, a secas.
Pero la masa es de naturaleza dinámica. Va en bicicleta. Si se para se cae. Y para estar en “movimiento” necesita una dirección (¡movimiento!¡qué maravilla! nunca me acostumbraré a la mágia de las palabras… ¿os dice algo “la movilización de las masas”?) Una dirección presupone, además, aunque solo sea de ofico, un propósito o una misión. Y una misión, para que sea motivante, necesita, a su vez, unos ciertos requisitos.
Por ejemplo, un enemigo para lincharlo. Alguien o algo que suponga un obstáculo en la inexorable marcha hacia donde sea que se haya señalado el rumbo. En el caso que nos ocupa: hacia la imposición urbe et orbe del ateismo; de la supuesta condición de “librepensador”. Una de las prácticas más comunes de estas sectas manipuladoras consiste en el secuestro y apropiación de denominaciones como “librepensador". Los detentadores del copyrigth de este término estoy convencido de que se hubiesen apuntado a la secta del Ku–Klux–Klan, antes de tolerar el insensato final que el destino tenía reservado para su invento. Los promotores de estos circos cuentan para llevarlos a cabo con pleno éxito, con el proverbial analfabetismo imperante entre su público, y con el suyo propio, que les permite convencerse, incluso, de que son los inventores de la vaina.
El actual sunami ateo de nuestra pecera religiosa, trata todos los días de asaltar nuevas posiciones mal o nada defendidas, con el éxito que suelen tener entre nosotros cualquier manifestación con ínfulas de ironía, o pretendido humor fino como la lija del 4, que se cebe con alguna víctima. Indefensa a poder ser…¡porque es mucho más gracioso, a dónde vas a parar! y ya, si se trata de la Religión y sus fieles, ¡ni te digo! puede llegar a ser el descojone total…
Y aquí llegamos a la cuestión. Lo que os voy a contar a continuación debe ser leído teniendo en cuenta que yo soy agnóstico y de que las procesiones de Semana Santa suelen cogerme siempre, como por casualidad, haciendo Wind Surfing, con lo que mi cultura e interés por las mismas podemos considerarlos muy marginales. Que Dios me perdone.
He recibido estos días un mail de un viejo amigo, que suele hacerme comentarios progres, aunque tratándo de situarse siempre “au dessus de la mêlée”, conocedor de mis escasas simpatías por mís antiguos cómplices de la planicie encefalográfica. Y dice así:
“El profesor de la UMA, José María Hinojosa, está preparando una tesis doctoral que va a revolucionar el mundo de la Ciencia, permitiendo a los costaleros de la Semana Santa Malagueña entrar en los anales del conocimiento científico. Para llegar a conclusiones necesariamente contrastadas, ya en 2009 y 2010, a algunos costaleros elegidos les fueron instalados pulsómetros y GPS para conocer las pulsaciones a lo largo de sus trayectorias, así como la ubicación exacta debajo del trono respecto al callejero de la ciudad. Este año como novedad, para medir su resistencia, el profesor Hinojosa y su compañero Aurelio Díaz realizarán análisis de orina y de ácido láctico en varios puntos del recorrido. Lo que no han manifestado a la redacción del diario “Qué”, es como lo van a llevar a cabo, si sobre la marcha caminando junto a los costaleros debajo del trono, provistos de embudos, tubos y envases herméticos, o en las paradas. Tampoco han indicado de que forma y de dónde extraerán el ácido láctico a los sufridos porteadores, alguno de los cuales van a ciegas -como se refleja en una fotografía-, con un pañuelo negro cubriéndoles los ojos. “Un hombre de trono, sufre lo mismo que un ciclista”, ha afirmado Hinojosa a partir de las conclusiones de su estudio. Aunque no ha explicitado si ese ciclista, estaba subiendo al Tourmalet o realizando una contrareloj. Según otro estudio realizado por el Hospital Quirón de Málaga, centro especializado en estos trances, un costalero medio necesita al menos 5 días para recuperarse.”
Deduzco del texto que es una información redactada y publicada por esa especie de papel de envolver pescado, distribuído gratuitamente entre la planta baja de la masa, y que se denomina nada menos que “Qué”. El suculento ingenio que destila en su sutil ironía no apunta con tiro tenso contra los “pasos” de la procesíon, no; sino que, cuidadoso con los potenciales lectores creyentes que podría perder, dispara por elevación presentando a unos doctores, sobre cuyos experimentos, de ser ciertos, me guardo la opinión, como figuras ridículas dentro un “totum” delirante e histriónico: las procesiones. Ellas constituyen el verdadero objetivo de la sarcástica agresión. Y a mí amigo, esta ocurrencia le parece digna de ser remitida a sus amistades. Vale. Pero yo que lo conozco, sé que posee el suficiente talento como para no reirse ni de esto ni de los bodrios de Santiago Segura. Así que enviarlo… no sé… es como una ceremonia de refresco de viejas convicciones de antiguo combatiente, algo así como “hey mate! I’m still right here ah! Patético.
Pero, como diría mi viejo amigo Alfredo “Chocolate” Armenteros, ¡Sigue el bochinche, cumpay!
Alma López “artista” californiana de origen chicano, y vecina de Santa Mónica, feminista y progresista como suelen ser todos los protegidos de la burguesía bohèmia e influyente de la Costa Oeste, y financiada por toda esa retahila de organismos estatales que aún no han consiguido arruinar del todo al gran estado del Pacífico, ha llevado a cabo la “blasfémia artística” del momento. Ha colgado en el Oakland Museum, hasta el 29 de Mayo, un collage artistico titulado “Our Lady”, al que la prensa ha calificado con prudencia como “controvertido”. La controversia, al parecer, viene de largo, ya que en el 2001 la obra fué obligada ha ser retirada de un museo de Santa Fé (NuevoMéxico) por las autoridades católicas. Se trata de una versión sicalíptica de la Virgen de Guadalupe. (foto)
Y, como el arte y la maldad no descansan, en Avignon unos superfieles, neologísmo que acabo de inventarme para designar a cierta especie de fieles católicos que suelen traspasar los límites sensatos de la indignación, y tomar medidas ejecutivas más propias de otras épocas, felizmente superadas, se han liado la manta a la cabeza, o al lugar donde deberían tenerla, y han destruido una “obra de arte” titulada “Pisse Christ”, de un artista americano llamado Andrés Serrano.
¡Mira tú que no podía llamarse John Smith, el nota! ¡Pues no! Andrés Serrano. Y digo yo, ¿será significativo que traíga aquí dos ejemplos de algo que no me hace maldita la gracia, y que tengan que ser protagonizados por dos “artistas americanos” con apellidos típicos de honrados mueblistas o fotograbadores de la Mancha?
Bueno, la cuestión es que en el caso de Avignon, concurren otros detalles que justifican, a mi juício, su presencia en este rincón de maledicencia. Veamos; para empezar describiré la “obra”. Se trata de un pequeño crucifijo de aspecto banal, introducido en una especie de vaso de sidra, que se rellenó a continuación con la orina del autor de la creación (con minúscula). Se realizó una foto de la obra, y ese soporte fotográfico constituyó la obra terminada.(foto) Llegados a este punto se escogió la Galerie Lambert de la Cité des Papes como escenario digno de su exhibición, y se gestionó con éxito la financiación de dicha exposición por la LVMH, holding propiedad de M. Bernard Arnault.
El tal M. Arnault, dueño de las suntuosas burbujas de Moët Chandon, los calzos Guzzi, las chalinas Hermés, los bolsos Louis Wuitton y las mochilas Loewe, este Lorenzo de Médicis del siglo XXI digo, tuvo la ocurrencia de denunciar el escándalo de una supuesta censura religiosa, instigada por el arzobispo de Avignon, Mgr. Cattenoz, que pretendía nada menos que perpetrar el “sacrilegio” de la retirada de una “obra mayor del arte contemporáneo”; o sea el citado ”Pisse Christ”. Y todo esto, promovido por alguien cuya divisa comercial le presenta como el: “Embajador del arte de vivir occidental, en aquello que tiene de más refinado”. Sin comentarios.
Naturalmente no podríamos cerrar este refrito sin mencionar el intento de celebrar la cabalgata del “Dia del Orgullo Ateo”, que en forma de parodia de una procesión de Semana Santa, se desarrollaría simultaneamente a las demás procesiones el Jueves y Viernes Santos por el centro de Madrid. Ha faltado un pelo para que consiguieran la autorización de la Delegación del Gobierno, o sea del Ministerio del Interior, para llevarla a cabo. Tan seguros estaban de que la juerga se iba a armar, que empezaron a calentar el ambiente, días antes de que estallase el asunto en la prensa, exhibiendo programas del recorrido en los que, en la parada fundamental del viacrucis, se rendiría sentido homenaje a aquellos “heroes” que llevaron a cabo la “hazaña” de quemar la primera iglesia, en Mayo de 1931. Falla mayor con la que celebraron la proclamación de la Segunda República. La “estación” del viacrucis se realizaría ante la misma iglesia reconstruida. No aclaraban si se pretendía terminar la faena de sus gloriosos antecesores, con una nueva y definitiva pira.
Pero, por si no fuera suficiente esta declaración como prueba irrefutable del ánimo ofensivo y militante de la estrafalaria convocatoria, uno de sus responsables no tuvo el menor inconveniente en declarar abiertamente a un periodista que el propósito de la mascarada era el de agredir e inflingir todo el daño posible a los fieles de la Iglesia Católica.
Bueno amiguitos, tal vez porque la época es propicia, me ha tocado de nuevo ejercer de “oxímoron” moral. Y por lo tanto de descreído defensor de creyentes, para denunciar estos comportamientos a los que a veces tengo la tentación de considerar “paradógicamente necesarios”. Sí, sí… Como suena. Males menores. Válvulas de depresión. Lo digo, porque toda la violencia y el odio que veo encerrados tras estos gestos grotescos, que, en realidad, ocultan en su siempre desmesurada caricatura la gravedad de una enfermedad mental colectiva, me da mucho miedo. Y acabo por pensar que, aunque me repugne decirlo, si tengo que escoger entre lo malo y lo peor…,casi prefiero morir, a perder la vida.
¿O era al revés?
sábado, 9 de abril de 2011
Un estilo inconfundible : el de “El País”.
Iba a volver a comentar algunas cosas referentes a ese extraño conflicto de Libia, que cada día ofrece al lector interesado ángulos verdaderamente sorprendentes. Por ejemplo, las declaraciones de un militar profesional, que acompaña las “tropas rebeldes”, y que se asombraba ante hechos como este: “Después de alguna de las moderadas victorias de los insurgentes, la cantidad de munición que se gastaba en interminables orgías de tiros al aire, hacían imposible una progresión para la “explotación del éxito”, principio táctico elemental, ya que los combatientes tenían que esperar horas hasta restablecer su ya de por sí escasa potencia de fuego, con la llegada de alguna exigua caravana de abastecimiento de munición.” Lo dicho, una guerra muy, muy, extraña.
Pero, ante la lectura de unos reportajes sobre la actual recrudescencia de las agresiones terroristas desde la Franja de Gaza, que pueden dar lugar a otra intervención del Ejercito Israelí en la zona, no he podido evitar comentar el increíble ejercicio de manipulación que lleva a cabo el diario “El País”. Haciéndose eco del súbito incremento de los ataques palestinos, con lanzamientos de cohetes y disparos de mortero,este diario presentaba así los hechos:
“Una semana de intensos bombardeos israelís sobre Gaza, de lluvia de cohetes palestinos sobre Israel, de muertos civiles en la Franja, acompañada de un incremento de las amenazas por parte de responsables políticos y grupos armados han despertado en las últimas horas el fantasma de la Operación Plomo Fundido, la incursión israelí que dejó 1.400 palestinos muertos a su paso por la franja de Gaza durante las Navidades de 2008. La aviación israelí ha lanzado un ataque hoy contra el norte de la franja, donde asegura que ha destruido un depósito de armas perteneciente a Hamás, horas después de que dos cohetes Grad lanzados desde Gaza impactaran contra territorio israelí.”
El vulgar truco utilizado para la manipulción es tan sencillo como eficaz : consiste en establecer un “orden moral de aparición” de los protagonistas, en el momento de redactar del texto. En virtud de ese orden, el que figura en primer lugar es el “agresor” y el que viene detrás la “víctima”. La cual, claro, no tiene más remedio que defenderse de la citada agresión. ¿Adivinais quién figura siempre en primer lugar en estos relatos? ¡Bingo! Se trata de Israel.
“Intensos bombardeos ISRAELÍES/lluvia de cohetes PALESTINOS (…) RESPONSABLES POLÍTICOS/GRUPOS ARMADOS (…)la INCURSIÓN ISRAELÍ que dejó 1400 PALESTINOS muertos (…) La aviación ISRAELÍ ha lanzado un ataque (…)HORAS DESPUÉS de que dos cohetes Grad lanzados DESDE GAZA…” Incoscientemente el lector hará una valoración inmediata respecto del papel de cada contendiente en el conflicto: “El que da el primero siempre es el agresor”. Y el colmo de este cínico juego se produce cuando dice: HORAS DESPUÉS DE, al final del útimo párrafo, en lugar de empezar la frase por el principio, o sea, por la causa del ataque aereo israelí: el lanzamiento de dos cohetes desde Gaza contra Israel.
Por otra parte, en una acción aíslada, los terroristas atacaron a un autobús público, hiriendo gravemente al único pasajero, un joven estudiante, y al chofer. El pie de la foto que muestra (foto) a unos militares israelís al lado de la carcasa del autobús la describe así: “Soldados israelíes pasan junto a un autobús contra el que IMPACTÓ un PROYECTIL DE MORTERO disparado desde la Franja de Gaza hacia el sur de Israel, en la carretera entre kibbutz de Nahal Oz y kibutz Saad”.
Cualquiera puede saberlo, pero por si acaso lo explicaré yo mismo; un proyectil de mortero cae desde arriba, vertilcalmente, al haber sido disparado por un arma de tiro parabólico o tiro por elevación. La precisión de un mortero es muy escasa y suele usarse saturando blancos concentrados, ya que suele “impactar un poco al azar”, dentro de un perímetro determinado. Cualquier militar se troncharía de risa ante la pretensión de alcanzar con un disparo de mortero a un blanco en movimiento. Pero esa ESCASA PRECISIÓN, precisamente, es la que proporciona una coartada, en este caso, al agresor: “un autobús alcanzado al azar”, en lugar de afirmar de que se trató, sin asomo de duda, de una AGRESIÓN PREMEDITADA CONTRA UN OBJETIVO CIVIL, como es un autobús.
Efectivamente, el impacto que se aprecia en la foto no está en el techo del autobus, como sería de esperar en el caso de un morterazo. Está claramente en el faldón vertical trasero del vehículo. Es, sin duda alguna, el impacto producido por el disparo directo –horizontal- de un lanzagranadas antitanque –seguramente uno de origen soviético denominado RPG7, comunmente usado por todas las milicias terroristas desde hace decadas. No se necesita ser muy malpensado para imaginar que ningún miliciano malgastaría una valiosa granada de carga hueca para herir únicamente a un chofer y a un crío. Lo más probable es que creyese que el autobús estaba lleno de civiles, y en ese caso “rentabilizarla”. Pero, a la “prudente” distancia desde la que efectuó el disparo no pudo comprobarlo.
“Bombardeos desde aviones y helicópteros, disparos de artillería procedentes de blindados y el lanzamiento de cohetes artesanales fueron algunas de las armas empleadas el jueves por el EJÉRCITO ISRAELÍ y los GRUPOS ARMADOS que operan en la franja de Gaza". Nuevamente, el “orden moral” de la redacción se hace presente; primero los bombardeos, luego los cohetes; con el “adorno” esta vez del adjetivo artesanales, referido a los cohetes de los terroristas. Ese es un recurso retórico seguramente eficaz, pero absolutamente impropio ya que los artefactos utilizados por los “mártires” yihadistas son, desde hace bastante tiempo, no armas “artesanales” como antes, sino perfectamente convencionales y de mortal eficacia dentro de sus moderados alcances, por el momento. El ejemplo lo constituyen los misiles Grad y Kassan, que si no están causando todas las víctimas que los asesinos esperaban se debe a las rigurosas medidas de autoprotección adoptadas por las poblaciones amenazadas.
Pero donde realmente ha brillado la “enviada especial”, ese portento de reportera que se hace llamar Ana Carbajosa, es cuando nos suelta : "La Yihad Islámica se responsabilizó además del lanzamiento ayer de tres cohetes tipo Grad, dos de los cuales ATERRIZARON en Bersheva, la gran ciudad del sur israelí, y un tercero cerca de la ciudad portuaria de Ashdod".
¡Extraordinario! La sofisticada tecnología armamentística del pueblo palestino ha conseguido llevar a cabo el prodigio balístico de que sus cohetes Grad, en vez de impactar, alcanzar o destruir sus objetivos, ATERRICEN seráficamente a su lado, como mensajeros de la ansiada paz. En serio, me parece intolerable que, en un organo de prensa que pasa por ser uno de los grandes rotativos de occidente, se le pague un salario, por ínfimo que este sea, a quien demuestra una ignorancia y una falta de profesionalidad como la exhibida por este ejemplar.
Claro que lo que parece desprenderse de este sorprendente caso, y de otros similares, es que la prioridad básica requerida para ser corresponsal en Oriente Medio tal vez sea la de profesar una devoción sin fisuras a la llamada causa palestina. En virtud de esa fé inquebrantable y libre de cualquier duda moral, la precisión, objetividad y veracidad de lo datos, dejan de ser la función esencial de la profesión del periodista, para ser sacrificados en el altar de la “justicia histórica” de la causa. A la que ¡aleluya! no solo se asiste como testigo remunerado, sino como activo militante. Desde butaca preferente. Y así, todos los días de Dios.
Para ilustrar todo esto hoy, y sin que sirva de precedente, os adjunto una serie de dibujos aparecidos en la prensa de la que estoy hablando, o en sus primas hermanas. Son ejemplos extraídos del muestrario de esa estupidez irresponsablemente judeófobica que nos rodea. Incluso en el ámbito de una actividad profesional, la de dibujante, que goza de una independencia editorial casi total dentro de las redacciones. Quiero decir que no está apenas condicionada por la línea ideológica del medio. Sus autores, a los que todos vosotros reconocereis, han sido y aún son parte de la “crème” del oficio. De hecho no conozco ningún ejemplo que apunte en sentido inverso. Y os lo digo yo, que sé de lo que estoy hablando.
Y es que he compartido mi tiempo, mi vida, durante años, con estas “perlas orientales”. ¿Cómo habré podido?
Me he salvado de puuuuro milagro…
Pero, ante la lectura de unos reportajes sobre la actual recrudescencia de las agresiones terroristas desde la Franja de Gaza, que pueden dar lugar a otra intervención del Ejercito Israelí en la zona, no he podido evitar comentar el increíble ejercicio de manipulación que lleva a cabo el diario “El País”. Haciéndose eco del súbito incremento de los ataques palestinos, con lanzamientos de cohetes y disparos de mortero,este diario presentaba así los hechos:
“Una semana de intensos bombardeos israelís sobre Gaza, de lluvia de cohetes palestinos sobre Israel, de muertos civiles en la Franja, acompañada de un incremento de las amenazas por parte de responsables políticos y grupos armados han despertado en las últimas horas el fantasma de la Operación Plomo Fundido, la incursión israelí que dejó 1.400 palestinos muertos a su paso por la franja de Gaza durante las Navidades de 2008. La aviación israelí ha lanzado un ataque hoy contra el norte de la franja, donde asegura que ha destruido un depósito de armas perteneciente a Hamás, horas después de que dos cohetes Grad lanzados desde Gaza impactaran contra territorio israelí.”
El vulgar truco utilizado para la manipulción es tan sencillo como eficaz : consiste en establecer un “orden moral de aparición” de los protagonistas, en el momento de redactar del texto. En virtud de ese orden, el que figura en primer lugar es el “agresor” y el que viene detrás la “víctima”. La cual, claro, no tiene más remedio que defenderse de la citada agresión. ¿Adivinais quién figura siempre en primer lugar en estos relatos? ¡Bingo! Se trata de Israel.
“Intensos bombardeos ISRAELÍES/lluvia de cohetes PALESTINOS (…) RESPONSABLES POLÍTICOS/GRUPOS ARMADOS (…)la INCURSIÓN ISRAELÍ que dejó 1400 PALESTINOS muertos (…) La aviación ISRAELÍ ha lanzado un ataque (…)HORAS DESPUÉS de que dos cohetes Grad lanzados DESDE GAZA…” Incoscientemente el lector hará una valoración inmediata respecto del papel de cada contendiente en el conflicto: “El que da el primero siempre es el agresor”. Y el colmo de este cínico juego se produce cuando dice: HORAS DESPUÉS DE, al final del útimo párrafo, en lugar de empezar la frase por el principio, o sea, por la causa del ataque aereo israelí: el lanzamiento de dos cohetes desde Gaza contra Israel.
Por otra parte, en una acción aíslada, los terroristas atacaron a un autobús público, hiriendo gravemente al único pasajero, un joven estudiante, y al chofer. El pie de la foto que muestra (foto) a unos militares israelís al lado de la carcasa del autobús la describe así: “Soldados israelíes pasan junto a un autobús contra el que IMPACTÓ un PROYECTIL DE MORTERO disparado desde la Franja de Gaza hacia el sur de Israel, en la carretera entre kibbutz de Nahal Oz y kibutz Saad”.
Cualquiera puede saberlo, pero por si acaso lo explicaré yo mismo; un proyectil de mortero cae desde arriba, vertilcalmente, al haber sido disparado por un arma de tiro parabólico o tiro por elevación. La precisión de un mortero es muy escasa y suele usarse saturando blancos concentrados, ya que suele “impactar un poco al azar”, dentro de un perímetro determinado. Cualquier militar se troncharía de risa ante la pretensión de alcanzar con un disparo de mortero a un blanco en movimiento. Pero esa ESCASA PRECISIÓN, precisamente, es la que proporciona una coartada, en este caso, al agresor: “un autobús alcanzado al azar”, en lugar de afirmar de que se trató, sin asomo de duda, de una AGRESIÓN PREMEDITADA CONTRA UN OBJETIVO CIVIL, como es un autobús.
Efectivamente, el impacto que se aprecia en la foto no está en el techo del autobus, como sería de esperar en el caso de un morterazo. Está claramente en el faldón vertical trasero del vehículo. Es, sin duda alguna, el impacto producido por el disparo directo –horizontal- de un lanzagranadas antitanque –seguramente uno de origen soviético denominado RPG7, comunmente usado por todas las milicias terroristas desde hace decadas. No se necesita ser muy malpensado para imaginar que ningún miliciano malgastaría una valiosa granada de carga hueca para herir únicamente a un chofer y a un crío. Lo más probable es que creyese que el autobús estaba lleno de civiles, y en ese caso “rentabilizarla”. Pero, a la “prudente” distancia desde la que efectuó el disparo no pudo comprobarlo.
“Bombardeos desde aviones y helicópteros, disparos de artillería procedentes de blindados y el lanzamiento de cohetes artesanales fueron algunas de las armas empleadas el jueves por el EJÉRCITO ISRAELÍ y los GRUPOS ARMADOS que operan en la franja de Gaza". Nuevamente, el “orden moral” de la redacción se hace presente; primero los bombardeos, luego los cohetes; con el “adorno” esta vez del adjetivo artesanales, referido a los cohetes de los terroristas. Ese es un recurso retórico seguramente eficaz, pero absolutamente impropio ya que los artefactos utilizados por los “mártires” yihadistas son, desde hace bastante tiempo, no armas “artesanales” como antes, sino perfectamente convencionales y de mortal eficacia dentro de sus moderados alcances, por el momento. El ejemplo lo constituyen los misiles Grad y Kassan, que si no están causando todas las víctimas que los asesinos esperaban se debe a las rigurosas medidas de autoprotección adoptadas por las poblaciones amenazadas.
Pero donde realmente ha brillado la “enviada especial”, ese portento de reportera que se hace llamar Ana Carbajosa, es cuando nos suelta : "La Yihad Islámica se responsabilizó además del lanzamiento ayer de tres cohetes tipo Grad, dos de los cuales ATERRIZARON en Bersheva, la gran ciudad del sur israelí, y un tercero cerca de la ciudad portuaria de Ashdod".
¡Extraordinario! La sofisticada tecnología armamentística del pueblo palestino ha conseguido llevar a cabo el prodigio balístico de que sus cohetes Grad, en vez de impactar, alcanzar o destruir sus objetivos, ATERRICEN seráficamente a su lado, como mensajeros de la ansiada paz. En serio, me parece intolerable que, en un organo de prensa que pasa por ser uno de los grandes rotativos de occidente, se le pague un salario, por ínfimo que este sea, a quien demuestra una ignorancia y una falta de profesionalidad como la exhibida por este ejemplar.
Claro que lo que parece desprenderse de este sorprendente caso, y de otros similares, es que la prioridad básica requerida para ser corresponsal en Oriente Medio tal vez sea la de profesar una devoción sin fisuras a la llamada causa palestina. En virtud de esa fé inquebrantable y libre de cualquier duda moral, la precisión, objetividad y veracidad de lo datos, dejan de ser la función esencial de la profesión del periodista, para ser sacrificados en el altar de la “justicia histórica” de la causa. A la que ¡aleluya! no solo se asiste como testigo remunerado, sino como activo militante. Desde butaca preferente. Y así, todos los días de Dios.
Para ilustrar todo esto hoy, y sin que sirva de precedente, os adjunto una serie de dibujos aparecidos en la prensa de la que estoy hablando, o en sus primas hermanas. Son ejemplos extraídos del muestrario de esa estupidez irresponsablemente judeófobica que nos rodea. Incluso en el ámbito de una actividad profesional, la de dibujante, que goza de una independencia editorial casi total dentro de las redacciones. Quiero decir que no está apenas condicionada por la línea ideológica del medio. Sus autores, a los que todos vosotros reconocereis, han sido y aún son parte de la “crème” del oficio. De hecho no conozco ningún ejemplo que apunte en sentido inverso. Y os lo digo yo, que sé de lo que estoy hablando.
Y es que he compartido mi tiempo, mi vida, durante años, con estas “perlas orientales”. ¿Cómo habré podido?
Me he salvado de puuuuro milagro…
miércoles, 6 de abril de 2011
Una mítica realidad.
Todos sabemos que los mitos constituyen una materia de estudio ampliamente desarrollada por eminentes eruditos de la antropologia, la historia, la etnología y otras ciencias sociales, que han tratado el tema desde ángulos altamente especializados. No obsatante, siempre que he tenido en mis manos alguna obra de divulgación de esos autores, nunca me pareció que ese asunto transcendiese la obra científica para afectarme personalmente en mi vida cotidiana. Y eso era así, porque en esos ensayos no se trataba del MITO MODERNO. Es decir, de un mito que hace irrupción en la historia del hombre, en un momento realmente inesperado, contradiciendo una especie de lógica histórica. Y, sin embargo, ese mito responde esencialmente a los mismos mecanismos psico-sociológicos que el resto de los mitos “clásicos”.
Hoy en día, repuesto de mi error, no hay momento de mi reflexión cotidina que no se contamine en mayor o menor grado con los colgajos sempiternos de la alienación mítica de mis conciudadanos. Y claro, algún día había que hablar del asunto. Y analizar el que, a mi parecer, podría ser el origen y ulterior desarrollo de este evidente paso atrás de la civilización. Aunque no sea nada divertido, la verdad.
Sostiene el filósofo Ernst Cassirer que el período del Terror, y la posterior irrupción en la vida política de Napoleón, certificaron la defunción de aquella gran esperanza que el advenimiento de la Revolución Francesa había traido consigo: la realización práctica de algo que no era más que un ideal, una especie de utopía, hasta entonces. Pero, ¿qué significaron esos hechos en definitiva? Pues algo que tendría unas consecuencias históricas tan graves, que aún las estamos padeciendo hoy en día. Se trató del arranque de una ruda crítica de la filosofía política clásica que suspuso el final, y la derrota, en la larga LUCHA CONTRA EL MITO. Esta, a través de la obra de los grandes teóricos del derecho natural y del contrato social, se había prolongado a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, tras su esperanzador inicio en el Renacimiento.
Habitualmente, suele considerarse a los románticos como los iniciadores de la tendencia reaccionaria y nacionalista, radicalmente crítica con derecho natural de los Ilustrados. Pero, según el mencionado pensador, aunque algunas personalidades románticas cantaban a los héroes, como Carlyle, y por lo tanto podrían ser sospechosas de un cierto culto al mito de la patria –quintaesencia del mito del Estado–, no por eso dejaban de reconocer el papel esencial del individuo. Este mismo filósofo romántico declaraba: ”Mi reino no reside en lo que tengo sino en lo que hago”. Este reconocimiento de la responsabilidad individual contradecía esencialmente al culto del mito de la raza, en el que toda acción individual está condicionada por las circunstancias de nacimiento del sujeto. Esto supone que incluso entre los románticos había diferencias y no todos ellos fueron, como Gobineau, las comadronas del MITO DEL ESTADO. Sin embargo los mitos románticos del héroe arquetípico, junto con el de la raza, constituirán los dos ingredientes mayores de todos los MITOS POLÍTICOS MODERNOS.
La descomposición del tejido social tradicional que trajo consigo la industrialización, y la consecuente atomización de la sociedad, exigió a la gente un grado inesperado de responsabilidad individual. La falta de la cultura política indispensable para hacerse cargo de ella, sumada a unas dificultades económicas y sociales aparentemente insuperables, determinaron el ambiente social perfecto para la aparición de los “medios deseperados”; esto es, los modernos mitos y sus rituales mágicos.
Pero los NUEVOS MITOS no seguían una itinerario clásico en su desarrollo. No. A estos nuevos mitos había que “fabricarlos”, siguiendo la lógica propia de aquella modernidad. Y es entonces cuando se echa mano de un recurso que acabará definiendo al futuro a partir de entonces: la TÉCNICA. Empezando por la técnica en el uso del lenguaje. La propaganda. El descubrimiento de las extraordinarias posibilidades de manipulación que encerraba el lenguaje, puso en manos de los profetas de la reacción contra el progreso el instrumento definitivo para alcanzar sus fines.
A la función “conceptual” del lenguaje, la propia de éste a lo largo del período de la Ilustración, la sustituyó una función “mágica” del mismo, destinada a sustituir los “conceptos” por las “emociones”. No es muy dificil entender el éxito de esa innovación. Los conceptos requieren un esfuerzo intelectual, y, lo que es más grave, comprometen al sujeto con las respuestas a sus propias reflexiones. Es muy probable que entre los “innovadores” del lenguaje, abundasen aquellos que consideraban al lenguaje conceptual como algo propio de las élites. Como una reminiscencia del Ancien Régime, del absolutismo… Ya empezaba a brotar esa planta parásita conocida por “igualitarismo”. Por abajo, claro.
Por el contrario, las “emociones” llegan por sí solas. Estimuladas únicamente por los sentidos y, por si fuera poco, al no surgir del propio individuo ¡no son de su responsabilidad! Son ajenas. Además, para la utilización de esa clase de lenguaje, solo se requiere el conocimiento de la “técnica” adecuada por parte del “estimulador”. Una técnica, por otra parte, perfectamente adaptada a un interlocutor mítico también recién inventado: la MASA. El interlocutor “virtual” que vino a sustituir al individuo real. Este nuevo y siniestro “lenguaje” se ha convertido a partir de entonces, y hasta el momento, en el instrumento de manipulación política por excelencia. George Orwell lo describe de manera magistral en “1984”.
A esa estrategia de destrucción sitemática del lenguaje como forma simbólica superior, se sumó otra versión de esa técnica, consistente en la “ritualización” de los actos. La utilización fáctica de las emociones, mediante montajes escénicos como las ceremonias multitudinarias, o ritos folclóricos de vibrante comunión social, etc. Bueno, en realidad era más de lo mismo, ya que, en definitiva, de lo que se trataba era de hacer desaparecer toda forma simbólica de comunicación, que es la que define al individuo como tal. No hay más que pensar en el papel que le reservaron al arte, la ciencia o cualquier formulación ética, religiosa o no, las experiancias más terminadas de esas nuevas tendencias, como fueron los totalitarismos.
¿Y cuál es el papel actual de los mitos? En mi opinión, la increible supervivencia de los mitos modernos solo se puede intentar entender desde un análisis que se aleje de su naturaleza concreta, y tratar de observar su contexto. Valorando de esta forma cómo esos mitos han sido capaces de “alterar” la propia realidad. Es decir, que tal vez la pregunta sería: ¿siguen siendo los mitos un medio, irracional o no, de relacionarse con la realidad, o ya se han convertido ellos mismos, parcial o totalmente, en la propia REALIDAD?
Analicémoslo desde el punto de vista del receptor del “mensaje”. El mito de la MASA ha sustituído al individuo a partir del mismo momento en que se inventó, en la era de la Industralización. La masa es “la expresión industrial” del individuo. Pero, a todo esto, ¿qué es la masa? Un concepto abstracto. Es una palabra que tiene una particularidad muy interesante. Es un sustantivo SINGULAR. Aunque represente a la PLURALIDAD por antonomasia. ¿Qué nos puede sugerir esa particularidad? Pues yo creo que algo esencial.
La pretensión de manejar un conjunto HETEROGÉNEO de voluntades potenciales en cada momento es un objetivo absurdo. Convencer a todos los elementos que constituyen ese conjunto de que no poseen otra forma de existencia fuera de su condición de MIEMBROS DE ESE CONJUNTO y reunir a todas esas diversas voluntades en un único sujeto SINGULAR y desprovisto de voluntad propia, y por lo tanto MANEJABLE, eso, sí es posible. La historia nos lo ha demostrado y aún nos lo demuestra cada día.
Una vez conseguido ese objetivo, y creadas las estructuras de conexión –los medios de comunicación de MASA-, todo lo que se decide y que nos afecta personalmente no está decidido pensando en cada uno de nosotros. El poder declara que está decidido pensando en lo que le conviene al conjunto social. La masa. Un MITO. Parece evidente, entonces, que si nosotros INDIVIDUALMENTE no contamos para nada en nuestras supuestas relaciones con ese poder, es que, simplemente, NO EXISTIMOS, como tales individuos. O sea que una abstración, el mito de la masa, ha SUSTITUÍDO, a todos los efectos prácticos, a una realidad concreta que somos nosotros. En una palabra, debo revisar urgentemente lo que hasta ahora percibía como realidad. ¡Casi nada!
Bueno, si a todo este desastre le añadimos que la vida en general, y globalmente hablando, parece transformarse cada día más en una imagen virtual en la pantalla de un ordenador, vamos a tener que echarle mucha IMAGINACIÓN a la REALIDAD para que vuelva a ser REAL, tal como siempre la hemos IMAGINADO. Y el caso es que que, a veces, miro a mí alrededor y veo a algunos individuos. Normales. Como si todos los que me rodean no fuesen mandriles carnívoros. No tengo ni idea de dónde puede venirme esa alucinación. Tal vez de algún recóndito lugar de ese mecanismo insospechado que es la memoria. Como ya he dicho otras veces, la memoria, o al menos la mía, parece un perro un poco tonto y lameculos, que cuando le lanzo un simple piedra, siempre se siente obligado a traerme una bonita pelotita de colores, bastante cursi. Pero muchas veces, otros recuerdos son como frágiles e ingrávidas pompas de jabón que duran lo que duran y nunca está uno seguro de volver a verlas.
Sobre todo si aparece el alemán ese, ya sabeis… Alzheimer, y le pega una patada al cubo del agua enjabonada.
¡Que Dios no lo quiera!
Hoy en día, repuesto de mi error, no hay momento de mi reflexión cotidina que no se contamine en mayor o menor grado con los colgajos sempiternos de la alienación mítica de mis conciudadanos. Y claro, algún día había que hablar del asunto. Y analizar el que, a mi parecer, podría ser el origen y ulterior desarrollo de este evidente paso atrás de la civilización. Aunque no sea nada divertido, la verdad.
Sostiene el filósofo Ernst Cassirer que el período del Terror, y la posterior irrupción en la vida política de Napoleón, certificaron la defunción de aquella gran esperanza que el advenimiento de la Revolución Francesa había traido consigo: la realización práctica de algo que no era más que un ideal, una especie de utopía, hasta entonces. Pero, ¿qué significaron esos hechos en definitiva? Pues algo que tendría unas consecuencias históricas tan graves, que aún las estamos padeciendo hoy en día. Se trató del arranque de una ruda crítica de la filosofía política clásica que suspuso el final, y la derrota, en la larga LUCHA CONTRA EL MITO. Esta, a través de la obra de los grandes teóricos del derecho natural y del contrato social, se había prolongado a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII, tras su esperanzador inicio en el Renacimiento.
Habitualmente, suele considerarse a los románticos como los iniciadores de la tendencia reaccionaria y nacionalista, radicalmente crítica con derecho natural de los Ilustrados. Pero, según el mencionado pensador, aunque algunas personalidades románticas cantaban a los héroes, como Carlyle, y por lo tanto podrían ser sospechosas de un cierto culto al mito de la patria –quintaesencia del mito del Estado–, no por eso dejaban de reconocer el papel esencial del individuo. Este mismo filósofo romántico declaraba: ”Mi reino no reside en lo que tengo sino en lo que hago”. Este reconocimiento de la responsabilidad individual contradecía esencialmente al culto del mito de la raza, en el que toda acción individual está condicionada por las circunstancias de nacimiento del sujeto. Esto supone que incluso entre los románticos había diferencias y no todos ellos fueron, como Gobineau, las comadronas del MITO DEL ESTADO. Sin embargo los mitos románticos del héroe arquetípico, junto con el de la raza, constituirán los dos ingredientes mayores de todos los MITOS POLÍTICOS MODERNOS.
La descomposición del tejido social tradicional que trajo consigo la industrialización, y la consecuente atomización de la sociedad, exigió a la gente un grado inesperado de responsabilidad individual. La falta de la cultura política indispensable para hacerse cargo de ella, sumada a unas dificultades económicas y sociales aparentemente insuperables, determinaron el ambiente social perfecto para la aparición de los “medios deseperados”; esto es, los modernos mitos y sus rituales mágicos.
Pero los NUEVOS MITOS no seguían una itinerario clásico en su desarrollo. No. A estos nuevos mitos había que “fabricarlos”, siguiendo la lógica propia de aquella modernidad. Y es entonces cuando se echa mano de un recurso que acabará definiendo al futuro a partir de entonces: la TÉCNICA. Empezando por la técnica en el uso del lenguaje. La propaganda. El descubrimiento de las extraordinarias posibilidades de manipulación que encerraba el lenguaje, puso en manos de los profetas de la reacción contra el progreso el instrumento definitivo para alcanzar sus fines.
A la función “conceptual” del lenguaje, la propia de éste a lo largo del período de la Ilustración, la sustituyó una función “mágica” del mismo, destinada a sustituir los “conceptos” por las “emociones”. No es muy dificil entender el éxito de esa innovación. Los conceptos requieren un esfuerzo intelectual, y, lo que es más grave, comprometen al sujeto con las respuestas a sus propias reflexiones. Es muy probable que entre los “innovadores” del lenguaje, abundasen aquellos que consideraban al lenguaje conceptual como algo propio de las élites. Como una reminiscencia del Ancien Régime, del absolutismo… Ya empezaba a brotar esa planta parásita conocida por “igualitarismo”. Por abajo, claro.
Por el contrario, las “emociones” llegan por sí solas. Estimuladas únicamente por los sentidos y, por si fuera poco, al no surgir del propio individuo ¡no son de su responsabilidad! Son ajenas. Además, para la utilización de esa clase de lenguaje, solo se requiere el conocimiento de la “técnica” adecuada por parte del “estimulador”. Una técnica, por otra parte, perfectamente adaptada a un interlocutor mítico también recién inventado: la MASA. El interlocutor “virtual” que vino a sustituir al individuo real. Este nuevo y siniestro “lenguaje” se ha convertido a partir de entonces, y hasta el momento, en el instrumento de manipulación política por excelencia. George Orwell lo describe de manera magistral en “1984”.
A esa estrategia de destrucción sitemática del lenguaje como forma simbólica superior, se sumó otra versión de esa técnica, consistente en la “ritualización” de los actos. La utilización fáctica de las emociones, mediante montajes escénicos como las ceremonias multitudinarias, o ritos folclóricos de vibrante comunión social, etc. Bueno, en realidad era más de lo mismo, ya que, en definitiva, de lo que se trataba era de hacer desaparecer toda forma simbólica de comunicación, que es la que define al individuo como tal. No hay más que pensar en el papel que le reservaron al arte, la ciencia o cualquier formulación ética, religiosa o no, las experiancias más terminadas de esas nuevas tendencias, como fueron los totalitarismos.
¿Y cuál es el papel actual de los mitos? En mi opinión, la increible supervivencia de los mitos modernos solo se puede intentar entender desde un análisis que se aleje de su naturaleza concreta, y tratar de observar su contexto. Valorando de esta forma cómo esos mitos han sido capaces de “alterar” la propia realidad. Es decir, que tal vez la pregunta sería: ¿siguen siendo los mitos un medio, irracional o no, de relacionarse con la realidad, o ya se han convertido ellos mismos, parcial o totalmente, en la propia REALIDAD?
Analicémoslo desde el punto de vista del receptor del “mensaje”. El mito de la MASA ha sustituído al individuo a partir del mismo momento en que se inventó, en la era de la Industralización. La masa es “la expresión industrial” del individuo. Pero, a todo esto, ¿qué es la masa? Un concepto abstracto. Es una palabra que tiene una particularidad muy interesante. Es un sustantivo SINGULAR. Aunque represente a la PLURALIDAD por antonomasia. ¿Qué nos puede sugerir esa particularidad? Pues yo creo que algo esencial.
La pretensión de manejar un conjunto HETEROGÉNEO de voluntades potenciales en cada momento es un objetivo absurdo. Convencer a todos los elementos que constituyen ese conjunto de que no poseen otra forma de existencia fuera de su condición de MIEMBROS DE ESE CONJUNTO y reunir a todas esas diversas voluntades en un único sujeto SINGULAR y desprovisto de voluntad propia, y por lo tanto MANEJABLE, eso, sí es posible. La historia nos lo ha demostrado y aún nos lo demuestra cada día.
Una vez conseguido ese objetivo, y creadas las estructuras de conexión –los medios de comunicación de MASA-, todo lo que se decide y que nos afecta personalmente no está decidido pensando en cada uno de nosotros. El poder declara que está decidido pensando en lo que le conviene al conjunto social. La masa. Un MITO. Parece evidente, entonces, que si nosotros INDIVIDUALMENTE no contamos para nada en nuestras supuestas relaciones con ese poder, es que, simplemente, NO EXISTIMOS, como tales individuos. O sea que una abstración, el mito de la masa, ha SUSTITUÍDO, a todos los efectos prácticos, a una realidad concreta que somos nosotros. En una palabra, debo revisar urgentemente lo que hasta ahora percibía como realidad. ¡Casi nada!
Bueno, si a todo este desastre le añadimos que la vida en general, y globalmente hablando, parece transformarse cada día más en una imagen virtual en la pantalla de un ordenador, vamos a tener que echarle mucha IMAGINACIÓN a la REALIDAD para que vuelva a ser REAL, tal como siempre la hemos IMAGINADO. Y el caso es que que, a veces, miro a mí alrededor y veo a algunos individuos. Normales. Como si todos los que me rodean no fuesen mandriles carnívoros. No tengo ni idea de dónde puede venirme esa alucinación. Tal vez de algún recóndito lugar de ese mecanismo insospechado que es la memoria. Como ya he dicho otras veces, la memoria, o al menos la mía, parece un perro un poco tonto y lameculos, que cuando le lanzo un simple piedra, siempre se siente obligado a traerme una bonita pelotita de colores, bastante cursi. Pero muchas veces, otros recuerdos son como frágiles e ingrávidas pompas de jabón que duran lo que duran y nunca está uno seguro de volver a verlas.
Sobre todo si aparece el alemán ese, ya sabeis… Alzheimer, y le pega una patada al cubo del agua enjabonada.
¡Que Dios no lo quiera!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)