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jueves, 10 de enero de 2013

2013. La venganza de Pitágoras.

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Cuando alguien retó a los entusiastas miembros de la secta pitagórica, poniendo ante sus narices la relación entre dos lados de un cuadrado y su diagonal o, lo que es lo mismo, una raíz cuadrada de dos y el primer número irracional, estos quedaron estupefactos.

A su excelso truco de ilusionistas matemáticos, basado en la perfección esencial de lo par y lo impar, le acababan de descorrer el velo de la racionalidad con el que mantenían embelesado a su público, y les habían arruinado el numerito, nunca mejor dicho.

En su cosmología, el Límite, severo vigilante que imponía la cordura a la universal propensión al caos, disciplinaba de forma inflexible tanto a la Unidad como a la Diversidad, mediante determinadas y precisas medidas numéricas de proporción. 

Los números, principio y fin de su cosmología, se organizaban en torno al símbolo de la Tetraktys. Una especie de triángulo constituído por La Unidad (1),origen del todo; la Díada (2) origen de lo dual, maculino/femenino, etc; la Tríada (3) lo triples niveles, celeste, terrestre, infernal, etc; el Cuarternario (4) los elementos tierra, aire, fuego y agua.

Todo ello era la Década (10); resultado de sumar 1+2+3+4 = 10= 1+0= 1, es decir el universo completo.

La progresión de los números se determinaba a partir del Uno o La Unidad, que no era un número cuantitativo sino una esencia superior definida. De ella surgía La Díada, es decir, Dos Unos que representaban lo indefinido.(Olvidaos de la Diada Catalana por un momento)

De ambos se derivaban los números Uno y Dos. Y de la unión de ese Uno definido o limitado, y del Dos indefinido o ilimitado, aparecían el resto de los números.

Dicho así no parece gran cosa, pero aquellos prestidigitadores construyeron a partir de esos aparentemente humildes materiales nada menos que el concepto de lo idéntico como la propiedad que poseen las cosas de ser ellas mismas, simbolizado por número Uno, o la idea de lo diferente, simbolizado por el Dos.

Ese conjunto de lo idéntico y lo diferente, al mismo tiempo, constituía la totalidad de lo verdadero.

El mundo era limitado/idéntico y el universo ilimitado/diferente. El mundo ocupaba el centro del universo y este le rodeaba. Relacionándose ambos en virtud de parámetros numéricos que determinaban la armonía del conjunto.

En definitiva, lo verdadero, todo lo que existía universalmente, eran números, cuya relación era racional para aquella animada banda de optimistas que observaban a sus congéneres con una escéptica mirada de suficiencia.

La aventura pitagórica está envuelta en su misticismo y su inmoderada tendencia al secretismo, ascetismo y vegetarianismo radical. Todo lo cual hace de esta secta una especie de precursores del esoterismo y tal vez, que me perdonen los aludidos, de la masonería. Su pasión por símbolos geométricos no puede ser más análoga, así como sus referencias a la ciencia matemática como religión.

Pero, como he dicho, la aparición de la irracionalidad, como cualidad de algunos números desconocida para nuestros héroes, fue descubierta para colmo en el propio territorio de la geometría, tan querido y frecuentado por los alumnos del gran sabio de Samos.

Y toda aquella fabulosa peripecia acabó con estos sumidos en una profunda perplejidad, de la que ya no levantarían cabeza.

Con historias apasionantes como esta, uno no puede por menos que establecer ciertas curiosas analogías (probables síntomas del desconcierto que le produce la época presente) y reflexionar sobre la deriva numérica que se ha producido en el rumbo de la historia reciente, cuya derrota nos lleva directamente al reino absolutista del Dios Dígito.

Sustituyamos al los sagrados Uno y Dos pitagóricos, por los Uno y Cero de los algoritmos binarios, y nos hallaremos en pleno territorio digital.

¿Significa esto una especie de retorno al universo pitagórico? La pregunta sería una estupidez retórica si la planteásemos en términos científicos.

Pero, lo que es indiscutible es que la pretensión de aquellos sofistas de encuadrar el universo en un espacio eminentemente numérico, por oposición a cosmologías coetáneas ajenas al mismo, tiene una relación directa con esta otra oposición establecida actualmente entre un sistema de razonamiento llamado analógico, con sus premisas y conclusiones, y otro denominado digital, de naturaleza eminentemente tecnológica.

Oposición que parece abocada irremediablemente a la derrota aplastante del primero a manos del segundo.

¿Habrá retornado Pitágoras, como lo han hecho otros brujos a lo largo de la historia? ¿Estaremos sufriendo las consecuencias de su matemático cabreo?

En cualquier caso echadle un vistazo al número 2013 de ahí arriba y a su versión inversa. Por lo menos esos números, vistos así, parecen bastante estimulantes. ¿O no?

Qué queréis que os diga, tal como están las cosas… algo es algo.

Por cierto, ¡feliz eros!

2 comentarios:

  1. Mi amigo filósofo Mark Moorman, ha comentado:

    As a fellow dilettante with an interest in philosophy it was a pleasure to read your accurate account of Pythagorean numerology, its possible foreshadowing of our 0/1 digital age, and to learn that 2013 mirrors into Eros. I hope, for Spain's sake, that Eros' father Poros trumps his mother Penia in 2013.

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  2. Querido Saco: Consta que Pitágoras se formó en Egipto, donde le envió un viejísimo Tales. Allí bien pudiera ser que aprendiera el teorema de su nombre.
    No sería de extrañar, que los actuales masones siguieran con los números, y la escuadra de lados desiguales que utilizan de símbolo sea aquella que cumple la regla de 3 unidades, 4 unidades en ángulo recto que dan exactamente 5 unidades de medida al unirlos, en Egipto lo llamaban Codo de Hours o algo así.
    Buenísimo artículo, que refleja el problema que supuso los números irracionales y que costó una carnecería a los pitagóricos de Sicilia

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